Hay un cuento. Es de un rey al que unos sastres pillos le ofrecieron un traje mágico: sólo podrían verlo los virtuosos y los inteligentes. Claro, le entregaron nada. Pero el gobernante y su corte decían que sí podían ver las lujosas telas. Y el hombre andaba por ahí, tal como vino al mundo. Hasta que un día, un niño, que como tal no podía ser acusado de estar corrompido, lo dijo: "el rey está desnudo". Y hubo que admitirlo.
Tucumán parece en estos días el escenario de ese relato. Julio Miranda se convirtió en un mandatario débil. Quedó despojado del poder que lo vestía. Pero ni a él ni a su entorno les conviene reconocerlo.
Todos necesitan que el gobernador llame a elecciones para la convención constituyente. Y que se reforme la Carta Magna. Y que se habilite la reelección. Si no, la otra historia que empezará a contarse por aquí será la de la colcha corta. Porque son muchos los que reclaman seguir a la sombrita del poder, pero los cargos no serán suficientes. Y porque hay mucho que tapar, pero la manta no va a alcanzar para todos.
Pesadilla riojana
Miranda perdió el control de los estatales, que salieron a la calle y le pararon la provincia. Y ya no maneja el movimiento obrero: por su injerencia, la CGT local se partió en tres. Pese a su extracción sindicalista, el mes pasado mandó a reprimir y a detener a obreros de la construcción que cortaban puentes de acceso a la capital.
Hoy, ni siquiera puede sujetar a su gabinete, sumido en una escandalosa interna, pública y notoria.
Al bloque oficialista ya tampoco lo maneja. Los gremialistas que jugaban al fútbol con el "compañero Julio" cuando se aplicaba el ajuste -lo recordó Gumersindo Parajón- y los legisladores neo-rebeldes quieren ahora liquidar los tickets. Y descongelar el escalafón. Ya complicaron al Gobierno sepultando la operatoria paralela.
Los vapuleados parlamentarios hacen temblar a esta endeble gestión también fuera del recinto. La visita al procesado Carlos Menem fue más que dejar descolocado al gobernador, aliado del débil Eduardo Duhalde.
Dispuestos a la lucha
Con su acercamiento al ex presidente, los principales punteros del Gobierno le dijeron a Miranda que están dispuestos a enfrentarlo.
Según los miembros de la Cámara, el mirandismo es hoy sólo un montón de cucos. El ex secretario general de la Gobernación, José Cúneo Vergés, no le ganó a nadie, apuntan.
Al diputado Alberto Herrera, la diputada Olijela Rivas lo "revolcó" electoralmente por el Este cuando quiso, apuntan. Y el ex ministro de Gobierno Antonio Guerrero, que no está en mejores condiciones que los nombrados, se cree el dueño del patrimonio del PJ y pretende darle órdenes a todo el mundo.
Los legisladores le advirtieron a Miranda que poseen dominios territoriales reales. Y si siguen haciendo planes sin incluirlos, le van a pelear la gobernación con la fórmula José Alperovich-Roque Alvarez. Es más, cuando estaban en La Rioja, Rivas telefoneó y se ofreció a abrir la puerta de Menem. Le dijeron que no. Pero la convidaron a dialogar a la vuelta. La profesora, ahora, visitará al riojano con delegados comunales.
De líder a negociador
El jefe del PE perdió el control del PJ. Desde donde, además, Osvaldo Cirnigliaro saldrá a enfrentarlo.
Pero, peor aún, el Gobierno perdió hasta el manejo de la reforma constitucional, que cobró su propia dinámica. Hasta aquí, Miranda había mantenido su cuota de poder creando la expectativa de habilitar la reelección. Ahora, le exigen que juegue ese naipe. Para que cada quien tenga su oportunidad en las urnas.Seis parlamentarios y funcionarios consultados coinciden en que, para recuperar espacio, el gobernador no tiene otro camino sino convocar la constituyente. Así, cerraría filas en pos de esos comicios, reconocen. Los primeros encolumnados serían los procesados por la Justicia, que necesitan de los fueros tanto como del aire.
Si no es así, habrá riña. Los legisladores, dicen, no tendrán nada que perder. Si los derrotan en la interna, igual serán convocados en la general. Pero si ganan, discutirán hasta la candidatura del hoy mandatario.
Todo puede cambiar en la Argentina. Pero Tucumán no es como Santa Cruz, San Luis o Santiago del Estero.
De modo que el futuro inmediato de Miranda, a lo sumo, podría cambiar desmejorando: la Justicia, por ejemplo, podría impugnar la reforma. El poder se escapa como arena entre las manos.
El gobernador, antes que un líder de conducción incuestionable, luce como un negociador, que deberá ceder una cosa a cambio de otra.
Ante un peronismo que ya habría decidido que su destino próximo no estará atado al de los mirandistas.







