15 Julio 2002 Seguir en 
WASHINGTON.- El presidente estadounidense, George W. Bush, y el vice Dick Cheney aparecen cada vez más envueltos en la ola de corrupción financiera que azota al país. El diario "The Washington Post" consignó ayer, por un lado, que en sus tiempos de empresario, Bush supo 16 días antes de vender sus acciones de Harken Energy Corporation que la empresa petrolera de la que era directivo atravesaba dificultades financieras. Hasta ahora, el mandatario explicó que había vendido sus acciones únicamente para reembolsar sus préstamos.
Un responsable de la Casa Blanca precisó que Bush creía que la compañía iba a registrar una pérdida de unos U$S9 millones durante el segundo trimestre de 1990. En realidad, la compañía perdió U$S23 millones en ese período, lo que provocó un derrumbe estrepitoso de sus acciones. El mandatario insiste en que fue sorprendido por la magnitud de las pérdidas de Harken, pero lo cierto es que compró las acciones a bajo precio y con la venta obtuvo pingües ganancias.
Negocios con la guerra
Mientras, la prensa reveló que Halliburton, la empresa de servicios petroleros de la que Cheney era consejero delegado y que ahora se halla bajo investigación por fraude, hizo gran negocio con la guerra antiterrorista declarada por Washington tras los atentados del 11 de setiembre. Halliburton construyó las celdas de Guantánamo para alojar a prisioneros talibanes y ganó jugosos contratos para la atención de las tropas estadounidenses en el exterior.
Larry Thompson, el vicefiscal general elegido por Bush para dirigir el flamante grupo de trabajo especial contra los crímenes financieros en EE.UU., se ha convertido en otro problema para la Casa Blanca. Thompson formó parte de una compañía de tarjetas de crédito que debió pagar U$S400 millones para sofocar una demanda por fraude a consumidor. (AFP)
Un responsable de la Casa Blanca precisó que Bush creía que la compañía iba a registrar una pérdida de unos U$S9 millones durante el segundo trimestre de 1990. En realidad, la compañía perdió U$S23 millones en ese período, lo que provocó un derrumbe estrepitoso de sus acciones. El mandatario insiste en que fue sorprendido por la magnitud de las pérdidas de Harken, pero lo cierto es que compró las acciones a bajo precio y con la venta obtuvo pingües ganancias.
Negocios con la guerra
Mientras, la prensa reveló que Halliburton, la empresa de servicios petroleros de la que Cheney era consejero delegado y que ahora se halla bajo investigación por fraude, hizo gran negocio con la guerra antiterrorista declarada por Washington tras los atentados del 11 de setiembre. Halliburton construyó las celdas de Guantánamo para alojar a prisioneros talibanes y ganó jugosos contratos para la atención de las tropas estadounidenses en el exterior.
Larry Thompson, el vicefiscal general elegido por Bush para dirigir el flamante grupo de trabajo especial contra los crímenes financieros en EE.UU., se ha convertido en otro problema para la Casa Blanca. Thompson formó parte de una compañía de tarjetas de crédito que debió pagar U$S400 millones para sofocar una demanda por fraude a consumidor. (AFP)







