El agro y los exportadores toman créditos bancarios

En general, el endeudamiento no supera plazos de 90 días, según los banqueros. El sector servicios sigue postergado.

12 Junio 2005
Más allá de la conducta del Estado provincial respecto de su stock de deuda, las limitaciones de un alto endeudamiento también alcanzan al sector privado tucumano. Los bancos vuelcan los créditos, en gran medida, a las empresas agroindustriales y exportadoras, que son las que presentan mayor capacidad de pago. En menor medida, los préstamos se orientan al sector comercial, con alguna incidencia de tomadores de créditos personales y para la ampliación de viviendas. Fuentes bancarias consultadas por LA GACETA aseguraron que el grueso de las colocaciones de fondos se realiza a plazos de entre 60 y 90 días.
"Hay demanda de créditos, pero esta demanda no es de calidad. La calidad se mide por el ahorro, que es escaso. Además, los bancos no tienen fondeo suficiente como para expandir el crédito a largo plazo", comentó el economista experto en finanzas Eduardo Robinson.
Según los operadores de la City tucumana, las grandes empresas motoras de la economía de la provincia -fundamentalmente citrícolas y azucareras- mantienen cierto nivel de endeudamiento, pero hay coincidencia en que muchas reestructuraron sus pasivos con los bancos luego de la devaluación de inicios de 2002. Las que exportan son las mejor posicionadas en los bancos, dicen en las entidades. Las empresas agropecuarias siguen sosteniendo un ritmo de crecimiento que les permite comprar maquinarias. Esto lleva a que, en muchos de los casos, las compañías se acerquen a los bancos para solicitar apoyo financiero.
"Las inversiones son realizadas más que nada por las firmas que se benefician con el modelo argentino de mantener un dólar a $ 3. No hay voluntad oficial de que baje el dólar, lo que anima a las empresas exportadoras a invertir y a endeudarse, porque son las únicas que presentan proyectos, lo que no ocurre con las firmas que dependen sólo del mercado local", dijo Robinson.
El sector servicios es el que sigue postergado en esta etapa de la economía argentina. Según los banqueros, desde estas actividades se solicitan mayormente créditos personales. Un área en que se percibe reactivación es en el comercio, que responde rápidamente a la frecuencia con que el Estado abone los sueldos a la administración pública. Los referentes consultados señalaron que el buen momento de la actividad comercial de la provincia tiene que ver precisamente con el pago en tiempo y forma que se realiza de los salarios de la administración pública. Las fuentes de la City comentaron que los comerciantes recurren a financiaciones de bajos montos y a plazos no mayores a los 90 días. Este movimiento económico también se ve favorecido por el auge de sectores como la construcción, según los responsables de los bancos. "Un gran inconveniente que tienen muchas empresas e individuos es que no reúnen las condiciones que se exigen para acceder a financiamiento bancario. Por ejemplo, una familia tipo debe demostrar ingresos por $ 3.000 para acceder a un préstamo hipotecario; entonces, más que nada se piden créditos para ampliación o refacción de viviendas, y no tanto para compra", reveló Robinson.

La senda que evitó caer en el default
Hacia fines de 2001, el stock de deuda de las 23 provincias argentinas y de la Ciudad de Buenos Aires rozaba los $ 30.000 millones. Eran tiempos difíciles, en la que la devaluación del peso cambió las condiciones fiscales de los gobiernos subnacionales frente a un país que declaraba el default de sus compromisos. Los gobernadores de entonces se encontraban frente a la espada y la pared, ya que la mayor parte de la deuda era exigible, con tasas altas y plazos de pago muy cortos.
Frente al fantasma de la cesación de pagos, la Nación optó por renegociar los vencimientos, recuerda Alejandro Arlía, quien en los años de gestión del presidente Eduardo Duhalde tenía a su cargo la Subsecretaría de Relaciones con las Provincias.
A principios de 2003, se logró consolidar la deuda con la emisión de un bono garantizado por la Nación (Bogar) a 16 años de plazo. "Esto ha generado que las finanzas provinciales se estabilizaran y que los distritos comenzaran a regenerar la capacidad de pago", afirmó Arlía a LA GACETA, quien actualmente preside el Centro de Estudios Federales. Sin embargo, pese a ese mejor panorama financiero, Arlía aclaró que hay provincias -entre ellas Tucumán- que requerirán otra ayuda nacional para refinanciar compromisos de corto plazo que no impacten negativamente en las finanzas. En ese sentido, el economista mencionó los créditos tomados por los Planes de Financiamiento Ordenado (PFO) desde 2002 hasta este año. "Esto puede inscribirse en el programa de transición acordado mediante el Régimen de Responsabilidad Fiscal", indicó.
Esa normativa le pone un cepo al crecimiendo del endeudamiento público, nacional y provinciales. "Lo aconsejable sería una planificación estratégica sobre el crecimiento de cada provincia para establecer sucapacidad de pago", indicó Arlía. En ese aspecto, el ex funcionario nacional sostuvo que a los gobernadores no debe preocuparle tanto cuánto tiempo demandará saldar el pasivo, sino evitar caer en nuevos endeudamientos. "Creo que hay indicios de sanas conductas fiscales para disminuir el peso de la deuda y hablar de un plan para pagarla es un buen síntoma", sintetizó.

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