12 Junio 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La Argentina ha entrado en los últimos días en un sendero de aislamiento que puede conducirla a un callejón sin salida. La Administración Kirchner comenzó a discurrir en la necesidad de establecer una nueva confrontación con el establishment de cara a los próximos comicios de octubre.
Ya sea vía presidencial o de algunos ministros, el nuevo "enemigo" de tinte electoral lleva la sigla FMI y es allí donde apunta sus cañones. Con lenguaje y estilos muy primitivos, el Gobierno sale a rechazar en pleno cualquier condición que fije el FMI en un eventual acuerdo con la Argentina. El Gobierno imagina un acuerdo de voluntades como una imposición unilateral del país sobre el organismo y que, finalmente, el FMI deberá aceptarlo.
En las mentes febriles de los administradores, se desperdicia nuevamente una gran oportunidad para poder dar un salto de calidad. La Argentina debe llegar cuanto antes a un acuerdo de largo plazo con el FMI para aprovechar, no sólo una menor carga financiera, sino la vuelta al mercado de crédito internacional, esencial para llevar adelante cualquier proceso de inversiones.
Es que las condiciones internacionales muestran que se transita por un escenario curiosamente favorable pero que nadie se anima a garantizar hasta cuándo se podrá aprovechar esta bonanza.
Con claros fines electorales, la administración Kirchner busca hacer creer que el FMI quiere imponer políticas que apuntan al achicamiento de la economía.
¿Cómo imaginar que el principal acreedor de la Argentina va a refinanciar la deuda sabiendo que no va a cobrar ? Pero ¿por qué el Gobierno argentino no quiere acordar ahora con el FMI? En realidad, lo que el FMI pidió, pide y pedirá es que la Argentina garantice que la deuda se va a pagar y para que ello sea posible deberá tomar una serie de políticas que permitan hacer sustentable esa deuda. Para lograr esto, el FMI argumenta que la Argentina debe sostener su crecimiento, aumentando inversiones, para lo cual deberá disminuir el costo de producción de bienes y servicios en el país, comenzando por la eliminación de impuestos distorsivos y con la baja de las alícuotas de otros gravámenes. La lista es larga pero se resume en: retenciones a exportaciones, impuesto al cheque, cargas laborales, IVA, ganancia mínima presunta y otros.
Paralelamente, se le plantea que esta eliminación de ingresos debe ir acompañada por una baja del gasto para evitar caer en déficit y no poder hacer frente al pago de la deuda. La lista también es larga pero puede sintetizarse en: reforma tributaria, coparticipación federal, reforma previsional y eliminación de restricciones financieras, precisamente, en sentido inverso de las últimas medidas sobre control de capitales.
Proselitismo
Es aquí donde el Gobierno no quiere oir las recomendaciones del FMI, que son traducidas por la administración como condiciones de achicamiento porque todas ellas implican menor posibilidad de hacer proselitismo.
"Hasta octubre, por lo menos, no veo margen para que vaya a haber un acuerdo entre la Argentina y el FMI. Después se verá y todo dependerá de la reorientación que tome el Gobierno. Pero de lo que estoy seguro es que se habrá perdido un tiempo precioso, con condiciones que difícilmente se repitan. Por este camino, la Argentina sale de la agenda de inversiones del mundo. Es una pena", se lamentaba un ex-funcionario del FMI. Poco importa, todo es alegría en el Klub del Klan, al menos hasta octubre. (DyN)
Ya sea vía presidencial o de algunos ministros, el nuevo "enemigo" de tinte electoral lleva la sigla FMI y es allí donde apunta sus cañones. Con lenguaje y estilos muy primitivos, el Gobierno sale a rechazar en pleno cualquier condición que fije el FMI en un eventual acuerdo con la Argentina. El Gobierno imagina un acuerdo de voluntades como una imposición unilateral del país sobre el organismo y que, finalmente, el FMI deberá aceptarlo.
En las mentes febriles de los administradores, se desperdicia nuevamente una gran oportunidad para poder dar un salto de calidad. La Argentina debe llegar cuanto antes a un acuerdo de largo plazo con el FMI para aprovechar, no sólo una menor carga financiera, sino la vuelta al mercado de crédito internacional, esencial para llevar adelante cualquier proceso de inversiones.
Es que las condiciones internacionales muestran que se transita por un escenario curiosamente favorable pero que nadie se anima a garantizar hasta cuándo se podrá aprovechar esta bonanza.
Con claros fines electorales, la administración Kirchner busca hacer creer que el FMI quiere imponer políticas que apuntan al achicamiento de la economía.
¿Cómo imaginar que el principal acreedor de la Argentina va a refinanciar la deuda sabiendo que no va a cobrar ? Pero ¿por qué el Gobierno argentino no quiere acordar ahora con el FMI? En realidad, lo que el FMI pidió, pide y pedirá es que la Argentina garantice que la deuda se va a pagar y para que ello sea posible deberá tomar una serie de políticas que permitan hacer sustentable esa deuda. Para lograr esto, el FMI argumenta que la Argentina debe sostener su crecimiento, aumentando inversiones, para lo cual deberá disminuir el costo de producción de bienes y servicios en el país, comenzando por la eliminación de impuestos distorsivos y con la baja de las alícuotas de otros gravámenes. La lista es larga pero se resume en: retenciones a exportaciones, impuesto al cheque, cargas laborales, IVA, ganancia mínima presunta y otros.
Paralelamente, se le plantea que esta eliminación de ingresos debe ir acompañada por una baja del gasto para evitar caer en déficit y no poder hacer frente al pago de la deuda. La lista también es larga pero puede sintetizarse en: reforma tributaria, coparticipación federal, reforma previsional y eliminación de restricciones financieras, precisamente, en sentido inverso de las últimas medidas sobre control de capitales.
Proselitismo
Es aquí donde el Gobierno no quiere oir las recomendaciones del FMI, que son traducidas por la administración como condiciones de achicamiento porque todas ellas implican menor posibilidad de hacer proselitismo.
"Hasta octubre, por lo menos, no veo margen para que vaya a haber un acuerdo entre la Argentina y el FMI. Después se verá y todo dependerá de la reorientación que tome el Gobierno. Pero de lo que estoy seguro es que se habrá perdido un tiempo precioso, con condiciones que difícilmente se repitan. Por este camino, la Argentina sale de la agenda de inversiones del mundo. Es una pena", se lamentaba un ex-funcionario del FMI. Poco importa, todo es alegría en el Klub del Klan, al menos hasta octubre. (DyN)







