Una compleja trama

Por Edgardo Alfano

14 Julio 2002
BUENOS AIRES.- Cuando Carlos Reutemann anunció que no se presentaría a dar pelea por la candidatura presidencial del peronismo, desató una compleja trama de negociaciones en el partido que, quizás, coloque al próximo jefe de Estado en la Casa Rosada.
Como en la Argentina los hechos se suceden con la velocidad de un rayo, hoy ya es historia la decisión del gobernador de Santa Fe, por más que haya significado un "no" a la "tradicional" política argentina, donde el juego sucio está a la orden del día.Reutemann no quiso quedar en el medio de dos fuegos que, seguramente, lo destruirían.
La guerra entre Eduardo Duhalde y Carlos Menem es a todo o nada y eso lo intuyó Reutemann cuando comenzó a sentir las presiones de uno y de otro para que defina su futuro.
Sabía que contaba con muchas probabilidades de ser presidente, pero a un costo muy alto, y que tomaría un país en peores condiciones que el recibido por Duhalde en enero pasado y con pocas posibilidades de una recuperación económica inmediata.
El "Lole" consideraba que sería un presidente sólo de transición y que sería rápidamente "entornado" por el peronismo para acotar sus movimientos. En ese marco dijo "no", aunque no quiere que sea un adiós a la política.

Panorama complicado
Su decisión también complicó al resto del panorama político con la aceleración que le imprimió a su precandidatura el propio Menem.
Ahora Elisa Carrió deberá decidir qué hacer de su futuro, aunque esperará que se definan los precandidatos del PJ. Si Menem se perfila como el ganador, condicionará todo a la renovación de los cargos electivos.
Piensa, y con razón, que si el destino quiere llevarla a la presidencia, no podrá ejercer el poder con un Congreso controlado por el peronismo y una corporación de gobernadores manejada por esa misma fuerza política.
Claro que, antes, deberá presentar a la sociedad un plan económico coherente y un equipo de colaboradores con capacidad para llevarlo adelante.
El ARI no es una fuerza con raíces en todo el país y por eso ya hubo acercamiento con otros dirigentes, como el frepasista Aníbal Ibarra y el peronista disidente Néstor Kirchner, quien se presentaría por afuera de su estructura partidaria.

Vuelta al pasado
Pero la clave del proceso electoral está en manos del justicialismo. Menem, con su "clásico" entorno, asoma como una vuelta al pasado reciente, cuando gobernó a su antojo durante dos períodos. En el peronismo, la mayoría de sus principales dirigentes considera que la próxima y trascendente etapa que se abrirá en la Argentina no debiera contar con los colores menemistas.
Pero como son pragmáticos y, en definitiva, no son pocos los que le temen a Menem, podrían terminar alineándose con el ex presidente para no quedar con los pies fuera del plato si este lleva las de ganar.
El movimiento en esa compleja partida le corresponde ahora al gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, quien, como Reutemann, también considera que el próximo presidente será de transición.
El cordobés salió rápidamente a apoyar la candidatura de Reutemann cuando vio que su imagen había caído en desgracia en algunas encuestas junto con el deterioro de la situación social y económica en su provincia, que no puede escapar a las generales del país.
Pero ahora quedó en primera línea y debe definirse. De la Sota quiso diferenciarse de entrada de Reutemann y les aclaró a sus íntimos que quiere ser presidente.
"Tengo la decisión y la vocación de ser candidato", les manifestó el jueves a sus colaboradores, ya con la decisión de Reutemann conocida en todo el país.
Pero De la Sota les aclaró a sus íntimos que no está dispuesto a tirarse a la pileta sin agua. No dejará que pase la semana que se inicia sin anunciar su decisión.
Reutemann le dijo al oído que lo apoya. El bonaerense Felipe Solá también. Los tres forman un triángulo de poder de las provincias "grandes" que apoyaban la precandidatura del santafesino.
Mientras tanto, Duhalde -tras el fracaso con Reutemann- decidió dar prioridad a un acuerdo con el FMI, aunque piloteará al PJ de su provincia para negociar con De la Sota. El cordobés quiere saber con qué fuerzas cuenta para enfrentar a Menem.

La guerra sucia
Sabe que "Lole" no se equivocó cuando habló de una guerra sucia contra su candidatura, pero De la Sota conoce bien la compleja red de la interna y cree saber cómo actuar. No quiere ser el candidato de Duhalde, como le ocurrió al ex corredor.No espera un pronunciamiento público de los gobernadores del PJ porque sabe que estos no saltarán al vacío y que, en su mayoría, se alinearán con el que tenga posibilidades de ganar.De todas formas, le gustaría tener como candidato a vicepresidente al pampeano Rubén Marín, un hombre próximo a Menem, aunque desde la provincia de Buenos Aires se reclama ese lugar por peso propio del distrito.
El salteño Juan Carlos Romero insiste en presentar su propia precandidatura, aunque se sabe que no rechazaría ser compañero de fórmula de otro peronista. Y el puntano Adolfo Rodríguez Saá mantiene su propio proyecto que choca con el de Menem.
En ese marco, De la Sota aceleró sus contactos y tiene un equipo de hombres de la economía trabajando en un eventual plan, encabezado por Humberto Petrei (hoy en Estados Unidos), Orlando Ferreres y Matías Bullrich, con aceitados vínculos en Wall Street.
El cordobés no se considera un "candidato muleto" y se imagina al frente de un gobierno de "emergencia nacional", "surgido de una gran legitimidad" y con un nuevo "contrato social" firmado por empresarios y trabajadores.
Entre otras cosas, De la Sota prometió tener la solución mágica para el corralito financiero, pero dijo que sólo la daría a conocer si es candidato a la presidencia. Y los tiempos se acortan. La Argentina está, en definitiva, ante una nueva y delicada prueba de fuego. (DyN)

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