La disyuntiva del gobernador

Por Carlos Abrehu

14 Julio 2002
El tembladeral se apoderó de la política. Los oficialistas y la oposición perciben con inquietud el fenómeno.
El retiro de Carlos Reutemann de la carrera del 24 de noviembre dejó en la más extrema debilidad a Eduardo Duhalde. La Casa Rosada está cada vez más expuesta a los embates de Carlos Menem, quien da muestras de sentirse el candidato presidencial electo por el PJ.
Reutemann se hizo un lugar en la historia por su decisión. La pesada herencia que iba a legarle el duhaldismo lo aterró, al mismo tiempo que trasuntó una inusualmente baja avidez de poder. El sentido de la responsabilidad es la otra cara de la moneda del comportamiento del santafesino.
La acusación de Reutemann de que su administración sería el blanco de represalias pegó reciamente en el corazón del Gobierno federal. Duhalde debió negar oficialmente ese ataque.Julio Miranda salió tan golpeado del plantón de Reutemann como el propio Duhalde. Quemó todos sus cartuchos con el ex piloto de la Fórmula Uno y compartió el costo del revés con los gobernadores del norte.
Aunque peor le fue a su par salteño Juan Carlos Romero, víctima de un escrache en España, adonde viajó para exhibir su imagen de aspirante a la presidencia del país. La diáspora de argentinos por Europa genera ese tipo de sorpresas desagradables para los políticos.
Ahora la mirada está puesta en Córdoba. José Manuel de la Sota es la carta que esperan jugar los que rechazan la vuelta del riojano al poder. En las últimas horas recibieron mensajes que justifican la expectativa de los ex reutemistas. La hora del sí está más cercana de lo que se presume.
"El pueblo va a estar con Menem por idiosincrasia, ya que le gustan los caudillos". Esto argumenta Roque Alvarez, el diputado nacional que abrió las puertas de La Rioja a los legisladores e intendentes que desobedecieron los pedidos de prudencia de Miranda.
Menem, por el contrario, es una experiencia que no debe repetirse por razones políticas e ideológicas. Así se escucha en otras vertientes del mirandismo, donde algunos abjuran de la dolarización de la economía por sus efectos sociales. La propuesta clave del riojano causa escozor.
El ex ministro Antonio Guerrero no olvida que durante la gestión del riojano se privilegiaba el trato con el entonces gobernador Antonio Bussi, antes que con el justicialismo local. La llegada del santacruceño Néstor Kirchner a Tucumán incorporará el viernes otra perspectiva al debate intestino del PJ.

Los plazos se estrechan
Duhalde anunció que el 24 de noviembre los partidos elegirán en internas abiertas sus listas de candidatos presidenciales. Durante esa jornada deberían escoger a sus postulantes a diputados y a senadores. Y el 30 de marzo de 2003, el electorado definiría esos elencos. Entre esas dos fechas está cercado Miranda.
La decisión presidencial trituró algunas previsiones conservadoras de Miranda, ya que le alteró la regulación del ritmo político. A causa de eso, la unidad del mirandismo se agrieta.
El gobernador deberá decidir si se juega a fondo por la reforma constitucional buscando su reelección, o si se inclina por disputar una banca de senador nacional. De la encerrona que le plantea la puja de los candidatos presidenciales, podría zafar dando libertad de acción.
La pelea de fondo es de más compleja resolución. El simple desistimiento de su candidatura a gobernador no aliviaría a Miranda de la presión del grueso de los legisladores -ahora menemistas-. No le perdonarían que los prive de la chance de intentar su reelección. Además, tienen preparada su propia fórmula: José Alperovich-Roque Alvarez.
Quienes están fuera de esa franja notificaron al gobernador que la lealtad tiene un límite: la reelección. Si renuncia a esta, recuperarán su independencia y se multiplicarán los focos de resistencia contra Alperovich.
Al senador se le opondrán otros políticos. Guerrero es uno de ellos, mientras otros se preparan en silencio para dar el mismo paso. El nombre del ex secretario de la Gobernación José Alberto Cúneo Vergés aparece con pintadas de 2003.
Los mirandistas de la primera hora observan preocupados el avance de Alperovich por distintas zonas, como si fuese el candidato oficial del partido a suceder a Miranda. Ellos confían en que el desgaste de los legisladores y la resistencia a un extrapartidario contrapesen el dinamismo de Alperovich. El embate del ministro Alejandro Sangenis en contra de su homólogo Joaquín Ferre por los fondos del Posoco no escapa a esa puja. Y Ferre es la mano derecha del senador en el gabinete.

Otros sacudones
En Fuerza Republicana también se acelera el pulso político. La etapa que Duhalde abrió con el anuncio de los comicios nacionales presagia reacomodamientos en la conducción del partido, con la vuelta de la vieja guardia.
Las movidas se relacionan con la necesidad de controlar las elecciones internas abiertas y evitar hechos imprevistos. La experiencia de Oscar Paz venciendo a Alberto Germanó dejó una lección.
El desempeño del senador Pablo Walter -con una fuerte proyección en los medios de prensa- generó cortocircuitos dentro del partido. La poca exposición pública que tuvo Carlos Almirón en el período anterior contrastó visiblemente con la actitud del ex ucedeísta. Walter, pese a eso, no abandonará su línea personalista.
El hiper-ortodoxo Miguel Brito ya dio por cerrada la postulación de Antonio Bussi para gobernador en 2003, pese a que para entonces contará con 77 años. No está consumada, en cambio, la adhesión de FR a ninguna de las figuras que se ofrecen en el mercado político. Menem seduce a algunos, mientras que otros piensan en Ricardo López Murphy y en Mauricio Macri.
Raúl Topa no duda en apoyar a Menem. En persona se lo dirá al ex presidente. La política apura.

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