Manuel Loureiro: “Todos, absolutamente todos, tenemos un precio”
En Antes de que todo cambie, el escritor español Manel Loureiro imagina un magnicidio capaz de alterar el curso de la historia y elige contar la trama desde la perspectiva de un terrorista. En diálogo con LA GACETA Literaria, reflexiona sobre los límites de la moral, las zonas grises de la condición humana y una ficción que, en tiempos de polarización extrema, resulta inquietantemente verosímil.
Por Flavio Mogetta para LA GACETA
“Siempre se ha dicho que al final un libro o una novela es mentira, que una película es mentira, que tú sabes que son actores, que son actrices, que no es verdad, pero las mejores mentiras, aquellas que funcionan de verdad son aquellas que tienen tantos elementos de realidad que son indistinguibles de la propia verdad”, comenta a LA GACETA Literaria el escritor y abogado español Manel Loureiro, autor del thriller policial Antes de que todo cambie, editado por Planeta.
En su última novela introduce un tema inquietante, la planificación del magnicidio más grande de toda la historia. El punto de partida de la trama fue tan voluntario como accidental. “Estaba en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, esperando un vuelo y vi pasar una pareja de agentes de la policía nacional con un perro por la terminal, algo que no es excesivamente usual en la terminal de Barajas. Y me llamó la atención porque eso me llevó a pensar qué es lo que podrían estar haciendo allí. Me llevó a pensar si se podría tratar de una posible amenaza de atentado; me llevó a pensar en atentados y eso me llevó a una cosa que me venía obsesionando a mí desde hacía muchos años, que es el tema de los magnicidios. Verás, los asesinatos de líderes políticos normalmente son puntos de giro en la historia de la humanidad. Siempre que hay un gran magnicidio, el mundo cambia, así es históricamente, o sea: muere Filipo de Macedonia, sube al poder Alejandro Magno, el mundo cambia. Asesinan a Julio César, sube al poder Augusto, el mundo cambia. Lincoln, Kennedy; al archiduque Francisco le pegan dos tiros en Sarajevo y el mundo cambia. Gandhi, Olof Palme y después cada país y eso incluye a Argentina, por supuesto; tiene su propia dosis de violencia política. La violencia política es una especie de canario en la mina. Suele aparecer cuando una situación de tensión es muy alta y ahora estamos viviendo un momento histórico en el que en todo el planeta, no solo un país, hay una polarización extrema. La gente está muy encabronada una con otra y estamos en ese momento en el que algo como lo que se plantea en Antes de que todo cambie podría ser perfectamente plausible. Y ahí, encajando todas esas piezas es como arranca la historia”.
-Desde el vamos la novela le ofrece al lector un comienzo fuerte, en el que si estaba distraído lo espabila.
-Sí, por dos motivos. Primero, empieza de una manera muy fuerte porque necesitaba dar un puñetazo encima de la mesa, porque esta historia, la de Sam, está contada desde el punto de vista de un villano, de un terrorista. El protagonista es un tipo que va a cometer un atentado, va a matar a muchas personas inocentes y va a afectar la vida de cientos de miles o de millones de personas. Normalmente este tipo de historias se han contado desde el punto de vista del policía que trata de evitarlo y normalmente los terroristas son pintados de una manera muy caricaturesca. O son absolutamente fanáticos, que solo son capaces de pensar en una manera muy simple o simplemente son malos porque el mundo los ha dibujado así. Sam es alguien que no es un fanático, no le gusta lo que va a hacer y, de hecho, le gustaría no hacerlo. No hay nadie extorsionándole, no hay nadie poniéndole una pistola en el pecho para que lo haga. Sabe que está mal y aun así lo va a hacer. Entonces, ¿por qué se empieza de una manera tan fuerte? Porque necesito que los lectores empaticen desde el primer minuto con alguien que va a hacer algo tan terrible, que digan: “efectivamente, lo que estás haciendo es espantoso, pero es que yo en tu lugar haría exactamente lo mismo”. Y esto te coloca una posición moral muy incómoda.
-La novela de alguna manera corre los límites de la moral y de la verdad.
-¿Dónde están los límites? A mí me hace mucha gracia cuando escuchas a ese tipo de personas que te dicen: “yo soy incorruptible, yo no me vendería por nada”. Perdona, todos, absolutamente todos, y eso te incluye a ti y a mí, todos tenemos un precio. Otra cosa es que no hayas encontrado tu precio. El precio no tiene por qué ser económico. Hay gente que se puede vender por dinero, pero hay otra gente que se puede vender por otra cosa, por la vida de un ser querido, por la salud, por prestigio, por orgullo. El precio puede adoptar muchas formas, pero siempre hay un precio. Entonces, es jugar con los límites. Me gustan las zonas grises, allí es donde están las historias interesantes. Cuando planteas personajes muy blancos o muy malvados, realmente no son interesantes, aparte de que no son reales. Todos tenemos miserias, todos tenemos ese punto de gris que es lo que hace que una historia sea interesante y que, al mismo tiempo, cuando tú lo estás leyendo, lo estás viendo, te sientas identificado con quien está en la pantalla o en esas páginas.
-En esta inestabilidad, el lector se ve sumergido como en el interior de una niebla, con momentos donde la historia se le aclara y le permite vislumbrar algo para luego volver a cubrirse.
Sí, precisamente porque hay un problema muy grande y es que los lectores y los espectadores de cine son muy listos. ¿Por qué? Porque ya han visto muchas películas, han leído muchos libros, ya conocen muchos mecanismos narrativos y saben cómo se construyen las historias. Entonces lo que tienes que hacer es un truco de trilero, el que engaña con el juego este de dónde está la bolita. Tienes que conseguir que estés mirando una mano mientras el auténtico truco lo haces con la otra. Si consigues hacer eso, lo que vas a lograr es que estén leyendo sin poder parar, hasta llegar al final, que tengan esa sensación de que necesitan saber qué es lo que va a pasar en el siguiente capítulo, que haya siempre una sorpresa. Pero ojo, aunque eso es importante porque hace que la historia avance, lo que le da consistencia es el conflicto de los personajes, porque si no es peripecia, nada más. La peripecia es entretenida, pero no es memorable. Hace que las cosas pasen, pero no que te calen. Lo que lo logra, lo que hace que te llegue al corazón, es que te emociones con los personajes y que lo que les pase a ellos te importe. Esta es una historia de amor y de redención, de perdón, del perdón a uno mismo, que es el más difícil de lograr. Todos hemos cometido un gran error en la vida, la gran cagada vital. ¿Tú sabes cuál es la tuya? La tienes, seguro; yo la tengo, todos tenemos una. No mitigar las consecuencias de ese gran error que cometimos en su momento puede ser más o menos fácil. Puedes arreglarlo con las personas, salir del paso, pero perdonarte a ti mismo es lo más difícil.
-También es interesante que la detective sea una mujer.
-Me encantan los personajes femeninos porque creo que tienen un montón de matices que los personajes masculinos a veces carecen. Y creo que eso viene porque hombres y mujeres somos diferentes a efectos emocionales. A efectos racionales somos iguales; hay hombres inteligentes, mujeres inteligentes, hombres y mujeres estúpidos. A efectos emocionales, somos diferentes a la hora de afrontar los desafíos. Nosotros, si vemos una piedra en medio del camino emocional, ¿cuál es nuestra manera de afrontarla? Empujar la piedra. Es muy masculino, es testosterona: “problemas, lo resuelvo”. La manera femenina, y estoy generalizando muchísimo, es afrontar el problema de manera lateral, le dan una vuelta -a veces demasiadas vueltas-, pero al final acaban encontrando una manera indirecta de atacar ese problema. Y eso, como narrador, me interesa muchísimo porque me permite construir personajes con muchísimos más matices y capas.
-La trama también nos ofrece un narrador del que descubrimos que sabe más de lo nos va contando.
-Siempre puedes jugar. ¿Cómo lo haces? Si lo haces con un narrador omnisciente, si lo cuentas en primera persona, es una decisión estratégica que tienes que utilizar al principio de la historia y que va a marcar el ritmo al que los lectores van a ir descubriendo las cosas.
-Muchas veces se ha mencionado que los thrillers policiales sirven para dar cuenta de la sociedad o del momento histórico que les toca vivir a sus autores.
-En el fondo, los escritores, incluso los que escribimos ficción, no dejamos de ser observadores del mundo que nos rodea. Ahora mismo estamos viviendo un momento de muchísima polarización. Hay una palabra alemana para describir esto: el Zeitgeist, el espíritu del momento. El espíritu del momento es que nos asomamos todas las mañanas a la prensa, a cualquier medio, diciendo: “Ay, Dios, a ver qué ha pasado hoy, a ver qué nueva ocurrencia ha tenido el señor naranja este que vive en Estados Unidos y cómo me afecta a mí en mi vida”. Al final, cuando tú cuentas una historia, cuentas una que les resuena cercana a los lectores porque les parece plausible, cercana a la realidad que podría pasar. Y eso en este momento de fake news -que también aparecen en Antes de que todo cambie- es una especie de reflejo perfecto. Estamos contando una historia que podría ser real porque tiene muchos elementos reales. Más allá del entretenimiento -porque leer tiene que ser divertido-, te tiene que dejar un timbre inquietante flotando en la parte de atrás de la cabeza, resonando muy bajito, que te diga: “vale, esto ha sido ficción, pero tranquilamente podría ocurrir”. Y eso es lo que hace que la historia crezca mucho más.
© LA GACETA
PERFIL
Manel Loureiro (Pontevedra, 1975) es escritor, abogado y colaborador de distintos medios. Su primera novela, Apocalipsis Z. El principio del fin, comenzó como un blog en internet con más de un millón y medio de lectores online. Una vez publicada fue un bestseller y luego fue llevada al cine. Sus siguientes obras, Los días oscuros, La ira de los justos, El último pasajero, Fulgor, Veinte y La Puerta, han sido éxitos de ventas, tanto en el panorama literario español como a nivel internacional, ingresando en la lista de los más vendidos de Estados Unidos. Con Cuando la tormenta pase obtuvo el Premio de Novela Fernando Lara 2024.







