Quién es Jacinto Vera, el beato que León XIV puso de ejemplo en su primera misa en Uruguay
Durante la oración del atardecer en la Catedral de Montevideo, el Santo Padre destacó la figura del primer obispo uruguayo, una de las personalidades más influyentes en la historia de la fe en la región, resaltando su sencillez y su dedicación por los más necesitados.
Resumen para apurados
- En Montevideo, el papa León XIV destacó este viernes al beato Jacinto Vera ante el clero como modelo de entrega pastoral y caridad hacia los necesitados.
- Vera, primer obispo de Uruguay en el siglo XIX y mediador de paz, fue beatificado en 2023 tras aprobarse un milagro, y sus restos descansan en la Catedral.
- La reivindicación papal consolida a Vera como faro de la fe regional e inspira el compromiso social de la Iglesia frente a los desafíos actuales en el Cono Sur.
El papa León XIV propuso al beato Jacinto Vera como un modelo vivo para los sacerdotes, obispos y religiosas reunidos durante la celebración de las vísperas en la Catedral Metropolitana de Montevideo. En un emotivo pasaje de su alocución, el Pontífice enfatizó cómo la vida del célebre religioso dejó una huella imborrable en el pueblo uruguayo. “Quienes se acercaban a él encontraban algo de la bondad de Cristo, incluso antes de escuchar una palabra de su predicación”, expresó la máxima autoridad de la Iglesia Católica al recordar la devoción del célebre pastor.
El gesto del Pontífice no fue casual, ya que los restos del religioso descansan precisamente en el icónico templo de la capital uruguaya, según lo consignado en el portal especializado ACI Prensa y Vatican News. Durante la jornada litúrgica, se remarcó el profundo legado histórico del prelado y se subrayó el impacto de sus obras de auxilio, paz y evangelización a lo largo del siglo XIX. Ante los presentes, León XIV evocó sus virtudes manifestando: “Bajo las bóvedas de esta Catedral descansa el cuerpo del beato Jacinto Vera. En ese sepulcro esperan la resurrección aquellos pies que recorrieron los caminos del Uruguay para llevar el Evangelio a su pueblo”.
La vida y origen de Jacinto Vera, el beato que mencionó el papa León XIV
La trayectoria personal de Jacinto Vera y Durán resulta tan singular como impactante. Nació el 3 de julio de 1813 a bordo de una embarcación en pleno Océano Atlántico, mientras su familia realizaba la travesía de migración desde las Islas Canarias hacia el territorio uruguayo. Durante su juventud se dedicó intensamente a las faenas del campo en las zonas de Maldonado y Toledo, hasta que a los 19 años sintió la vocación religiosa. Decidió formarse en Buenos Aires, donde finalmente fue ordenado sacerdote el 5 de junio de 1841, para luego asumir la vicaría en Canelones durante 17 años.
A partir de 1859, la influencia del sacerdote en la vida pública y espiritual de la región creció de forma ininterrumpida. Designado Vicario Apostólico de Montevideo, enfrentó tensiones políticas con las autoridades gubernamentales de la época por defender la autonomía eclesiástica, lo que le valió un exilio temporal en Buenos Aires. Tiempo después, tras consagrarse como obispo y participar activamente en el Concilio Vaticano I en Roma, asumió en 1878 como el primer obispo de la historia de la Diócesis de Montevideo.
El legado de Jacinto Vera, el primer obispo de Montevideo
Además de su inalcanzable entrega misionera recorriendo cada rincón del interior del país, el prelado desempeñó un rol pacificador clave para buscar el fin de los conflictos armados de la guerra civil. Su incansable labor incluyó la radicación de órdenes religiosas e históricas misiones pastorales. Trágicamente, en medio de su última travesía hacia Pan de Azúcar bajo extremas condiciones climáticas, la salud del obispo se quebrantó de manera definitiva, falleciendo el 28 de abril de 1881 en plena misión.
El Papa Francisco aprobó a fines de 2022 el milagro que permitió su ansiada beatificación, concretada en una multitudinaria ceremonia en el Estadio Centenario el 6 de mayo de 2023. La trascendencia de su figura perdura hasta el presente como un símbolo de fe, auxilio y caridad. Para sintetizar su espíritu de recogimiento y entrega, León XIV rescató las conmovedoras palabras de una religiosa de la época que lo conoció en vida y supo definir la esencia del religioso al afirmar que "de verlo nada más parecía que estaba siempre en oración".








