La importancia de la donación de sangre

La sangre no se fabrica en un laboratorio. Su única fuente de suministro es el cuerpo humano. Depende de un acto que dura menos de 10 minutos sobre una camilla y que, sin embargo, la sociedad posterga hasta que la tragedia golpea la puerta propia. Cada 9 de noviembre, el calendario oficial recuerda el Día Nacional del Donante Voluntario, evocando aquella proeza de 1914 en la que el médico argentino Luis Agote demostró al mundo cómo transfundir sangre sin que coagule, legando el método sin patentes ni mezquindades. Pero la efeméride suele reducirse a un folleto formal mientras los bancos de hemoterapia lidian a diario con la escasez.

En Tucumán, el problema exhibe un rasgo endémico: el predominio casi excluyente del donante de reposición. No se dona por rutina cívica en la mayoría de los casos, sino cuando se presenta la urgencia de un familiar o conocido. La escena se repite en las guardias del Hospital Padilla, del Centro de Salud, del Instituto de Maternidad y del Hospital del Niño Jesús.

El Banco Central de Sangre de la provincia, ubicado sobre la avenida Mitre, conoce de memoria ese cuello de botella. Cuando la demanda escala y las heladeras se vacían, el sistema sanitario cruje.

Esa lógica reactiva es ineficiente y peligrosa. La sangre de reposición somete al entorno del paciente a una angustia inadmisible y no garantiza la previsibilidad que exige un sistema de salud moderno. Una unidad extraída no se inyecta de inmediato: demanda análisis serológicos rigurosos, fraccionamiento celular y tiempos biológicos innegociables para separar glóbulos rojos, plaquetas y plasma.La paradoja es mayúscula si se observan las condiciones. Para donar solo se exige tener entre 16 y 65 años, superar los 50 kilos de peso, gozar de salud razonable y presentarse con documento, habiendo desayunado sin grasas. El material es descartable y la entrevista clínica, confidencial. Apenas el 1,5% o 2% de la población dona con regularidad en el país, cuando un piso del 3% al 5% de donantes voluntarios y habituales erradicaría definitivamente las corridas y los pedidos de auxilio por WhatsApp.

El calendario tucumano agrava periódicamente el cuadro. Con la proximidad del verano, las Fiestas de Fin de Año, los recesos administrativos y los fines de semana largos, las donaciones caen en picada. Coincide exactamente con el período en que la siniestralidad vial en las rutas provinciales y en las calles del Gran San Miguel trepa a sus picos históricos. Motos contra autos, traumatismos graves, hemorragias masivas. El Padilla consume unidades a un ritmo feroz y los depósitos quedan al límite. A ello se suma la recurrencia estacional de cuadros infecciosos, como los brotes de dengue que azotan la región y consumen reservas críticas de plaquetas para pacientes críticos.

La solidaridad declamada no salva vidas; la sangre disponible en frío, sí. El homenaje a Luis Agote pierde sentido si la comunidad solo reacciona ante el espanto individual. Pasar del donante coaccionado por la desesperación familiar al donante voluntario y repetido dos veces al año es la frontera que separa a una sociedad madura de una que simplemente improvisa frente a la muerte. Acercarse a un centro de hemoterapia antes de que alguien lo implore no es un acto heroico sino el tributo mínimo que exige la vida en común.

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