Resumen para apurados
- En Lima, el Asador Etxebarri del chef Bittor Arginzoniz fue elegido en 2026 como el mejor restaurante del mundo por la lista The World's 50 Best debido a su maestría en las brasas.
- Fundado en 1990 en Bizkaia por un chef autodidacta, el asador no recibe premio monetario, pero el galardón colapsó de inmediato sus reservas con una masiva demanda global.
- Etxebarri ingresa al salón "Best of the Best" sin competir a futuro, mientras el ranking reafirma el auge de las brasas con la parrilla porteña Don Julio en el puesto 44.
Curiosamente, la distinción no le da dinero a sus ganadores. Sin embargo, la repercusión comercial y la proyección global que genera superan con creces cualquier incentivo monetario directo. El anuncio de haberse quedado con el primer lugar del “The World's 50 Best Restaurants” desata un fenómeno inmediato: los sistemas de reservas colapsan al recibir cientos de miles de visitas simultáneas, las mesas para toda la temporada se agotan en minutos y la lista de espera se expande con comensales internacionales dispuestos a viajar exclusivamente para vivir la experiencia.
Eso sucede por estas horas con el Asador Etxebarri, ganador de la elección 2026 celebrada en Lima del premio a la gastronomía de mejor reputación mundial. El consagrado con este histórico primer puesto está ubicado en el apacible valle de Atxondo, en Bizkaia, España.
A este estallido de demanda se suma una cobertura mediática multimillonaria y el paso definitivo del restaurante al selecto grupo "Best of the Best", lo que inmortaliza su estatus histórico al tiempo que le impide volver a competir en futuras ediciones del ranking.
Del humilde origen al trono del fuego
Detrás de este logro se encuentra la historia de su chef y fundador, Bittor Arginzoniz, un hombre de 66 años que abrió las puertas del establecimiento en su pueblo natal en 1990 con la humilde intención de crear un negocio rentable basado en las brasas. Autodidacta y ajeno a las modas o a la búsqueda de listas y estrellas, Arginzoniz perfeccionó la técnica del fuego mediante parrillas diseñadas por él mismo. En su espacio, donde el menú degustación alcanza los €300, los ingredientes de temporada y la icónica chuleta de ternera a la brasa son transformados con una sensibilidad única que enaltece el saber cultural transmitido por sus antepasados.
“Siempre he dicho que nunca he trabajado pensando en estar en ninguna lista; yo solo trabajo pensando que el cliente que se acerca a Etxebarri salga contento. Trabajar en la cocina pensando en conseguir una posición en una lista o estrella es un error; hay que trabajar pensando en el cliente”, dijo un humilde Arginzoniz en una rueda de prensa posterior a la gala.
El restaurante comenzó como un asador tradicional, con un producto de primera calidad, pero cambió su rumbo cuando el cocinero empezó a obsesionarse con disponer de la mejor materia prima y aprovechar la magia del fuego no para transformar el alimento, sino para realzarlo. Así fue tomando forma una cocina refinada y creativa.
Una búsqueda permanente para Bittor, que no concibe la vida fuera de su entorno y para quien toda esta atención mediática resulta a veces incómoda. “Yo no lo he buscado, a mí me han metido en esto. Nunca he tenido agencia de comunicación. Todos estos temas los lleva ahora Moha”, confesaba a El País el año pasado, durante una jornada de trabajo a su lado.
La representación argentina
El ranking global no solo consagra a los líderes de la alta cocina europea, sino que proyecta las propuestas más sobresalientes de cada continente. En la edición 2026, la gastronomía argentina volvió a decir presente en la prestigiosa nómina de los 50 mejores del mundo.
El establecimiento nacional mejor ubicado fue la emblemática parrilla porteña Don Julio, situada en Buenos Aires, que se posicionó en el puesto número 44 de la clasificación internacional. Este reconocimiento consolida la trascendencia de la cultura del fuego y de la carne argentina en la escena culinaria internacional, compartiendo vitrina con las mayores eminencias del planeta.







