El perdedor radical de La batalla intacta

La novela La batalla intacta (Editorial Nudista, 2026) de Agustín Caldaroni, nos da un retrato de este sujeto político y de su complejidad, a través de la historia de Nene, su protagonista.

La novela La batalla intacta (Editorial Nudista, 2026) de Agustín Caldaroni, nos da un retrato de este sujeto político y de su complejidad, a través de la historia de Nene, su protagonista.
La novela La batalla intacta (Editorial Nudista, 2026) de Agustín Caldaroni, nos da un retrato de este sujeto político y de su complejidad, a través de la historia de Nene, su protagonista.

Resumen para apurados

  • El escritor Agustín Caldaroni retrató en su novela La batalla intacta la radicalización violenta de un emigrante argentino en España impulsado por el fracaso social y laboral.
  • La trama sigue a Nene, quien al cuidar a su abuela en una aldea gallega decadente, se involucra con facciones de ultraderecha, violencia política y marginalidad destructiva.
  • La obra dialoga con el auge de la extrema derecha y analiza cómo los sectores marginados por la crisis canalizan su resentimiento mediante la radicalización política colectiva.
Resumen generado con IA

Por Gastón Moyano (*)


La Enciclopedia Política de Rodrigo Borja define el perfil del perdedor radical como un concepto sociológico y psicológico de un individuo aislado, consumido por un sentimiento crónico de fracaso y falta de reconocimiento, que canaliza su frustración a través de una inmensa energía destructiva (y autodestructiva). La novela La batalla intacta (Editorial Nudista, 2026) de Agustín Caldaroni, nos da un retrato de este sujeto político y de su complejidad, a través de la historia de Nene, su protagonista.  

Nene es un argentino desocupado que decide irse del país, para instalarse en Ferroso, un remoto pueblo gallego donde se hará cargo de su abuela demenciada, Olimpia. Ya trae dentro de él un estado de guerra contra el mundo. Dicho estado se limita, al principio de la historia, a su intimidad: está solo, errático, se emborracha y timbea con su abuela, fracasa en empleos pauperizados, deambula por una aldea con una lógica que lo rechaza. Con el avance de la narración vamos descubriendo la dimensión política del protagonista como sujeto social. Leemos varias caras del perdedor radical -tanto en Nene como en otros personajes-, el desempleado, inmigrante, el hombre sin destino ni proyecto; las caras de los contextos degradados por la crisis económica, cultural y social que afectan a un pueblo empobrecido y decadente.

En la novela de Caldaroni, como en El maleficio de Hermann Broch, la locura colectiva va escalando y devorando al pueblo, hasta que se legitima ese desastre. Nene es arrojado a un contexto de degradación. Comienza a relacionarse con dos grupos políticos: Nova Irmandade Galega (N.I.G.), un grupo independentista gallego tradicionalista y, por otro lado, se vuelve secretario del Marqués de Ferroso, un turbio rentista de la aldea con aspiraciones a alcalde. Paralelamente al accionar de estas facciones, el pueblo es asediado por Sangre y Oro, una agrupación fascista que opera con violencia en la clandestinidad. Las actividades del N.I.G. se reducen a boicots, vandalismo y peleas callejeras. Mientras que el Marqués es más sólido y seduce a Nene con ciertas seguridades y favores. Las conspiraciones, la rosca política, la ilegalidad dentro de la novela, se verifica en el fraccionamiento de los conjuntos; las cohortes de los vencidos y de las víctimas se van disociando de sí mismos, en un proceso turbio y caótico. Ese clima político es el origen de la serpiente. Primero, Nene se aparta, se vuelve invisible, un fantasma en Ferroso, pero luego recoge el legado de sus familiares que hicieron política en el pueblo: su abuelo Jaime, muerto hace tiempo, fue un traficante franquista, y sus antepasados lucharon contra los rojos en la guerra civil. Esa especie de testamento político lleva a Nene a vincularse con el Marqués, compañero y amigo de su abuelo. Existe un paralelismo entre el avance de la extrema derecha española y el desarrollo del personaje Nene, de este modo la novela mantiene un diálogo con la época. Los grupos políticos retratados se asemejan a Vox o al Frente Nacional, agrupaciones españolas con militantes que también son perdedores radicales.  

Por momentos, en su soledad, Nene realiza actividades que lo alejan de la militancia, como por ejemplo, cuando observa con unos binoculares a una enorme liebre que merodea por los campos de su abuela y lo fascina hasta la obsesión. Es enigmática, fantástica, nadie la ha visto, solo Nene. La liebre aparece y desaparece a lo largo de la novela. Su destino final es ser alimento, al final Nene ve a su liebre cortada en pedazos por Olimpia para un guiso, la cabeza separada del cuerpo, parece una anatomía muerta pintada por William Hogarth. Mientras mira a la liebre muerta, piensa en un salto invisible hacia adelante, reclama satisfacción, cuida su quimera, concentra su energía hasta que llegue su hora, porque a pesar de sus “avances” como militante, se siente un perdedor al borde de un precipicio. Pero el deseo de reconocimiento del protagonista no tiene límites. Una vez que le dan un espacio de militancia, desciende inevitablemente al lugar del dolor, las imposiciones del mundo se hacen cada vez más insoportables. Esto repercute en la irritabilidad de la prosa, a medida que la novela nos devora, en cada capítulo esa irritación se vuelve vertiginosa brillando con un determinismo positivista brutal.

De a poco la militancia lo desquicia, siempre están presentes el alcoholismo, el entrenamiento físico y un poco de cocaína. Nene es un durmiente, y al despertar va provocando situaciones que generan perturbaciones que rayan en el espanto, como el brutal desalojo de un grupo de okupas de una de las propiedades del Marqués. A pesar de estas atrocidades contra individuos vulnerables, Nene guarda cierta conciencia de sus actos y le cuesta aplicar la violencia extrema a drogadictos desnutridos, okupas, o adversarios; no así sus amigos que con encanto rompen huesos, parten caras, destruyen casas. El culto a la necro política se vuelve algo cotidiano en Ferroso, como las muertes en los accidentes de tránsito.

Finalmente, Nene adquiere la actitud de los que son seducidos por la música del hermoso verso de Horacio, según el cual: dulce y honorable es morir por la patria. Pero en su caso, se trata de una patria de perdedores por la cual morir, y su energía destructiva se potencia hasta la más brutal falta de escrúpulos. El detonador ideológico los hace estallar, su sectarismo cerril moviliza la energía latente de sus cuerpos, todos se reconocen en sus rasgos demenciales: radicalizar y eternizar el estatus de los perdedores. Podemos apelar al instinto de autoconservación para justificar las acciones de Nene y sus camaradas, ante lo imprevisible de un sistema que los expulsa. La batalla intacta demuestra lo precario e históricamente variable que es la idea de auto conservación, es la trama profunda en la novela: cómo sobrevivir en nuestra época.



(*) Gastón Moyano nació en Mendoza, en 1983, docente, escribe y lee. Sus libros de poesía editados: Belleza y Locura (Ediciones del Carajo, 2005), Textos cilicios (Ediciones del Carajo, 2010), Deyectas ( Carbónico Ediciones, 2012), La bestia negra del proletariado ( Borde Perdido Editorial, 2014), La parte de la prima ( Premio Vendimia de Poesía Ediciones Culturales, 2017, Ampliación de la vivienda  ( FadelandFadel, 2023). Hay textos en prosa de su autoría circulando por revistas digitales y gráficas: Hurlingham Post, Revista Panamá, Revista Sintopia, Revista de arte Victorica, Blog Palabras Amarillas, Revista Punzó, ).


Tamaño texto
Comentarios
Comentarios