Emilio García-Ruiz, el paracaidista del periodismo

Fue protagonista de la transformación de The Washington Post y hoy dirige el San Francisco Chronicle. Propone repensar el periodismo desde sus formatos hasta sus modelos de negocios, con la inteligencia artificial como protagonista de una nueva revolución. Sus ideas combinan una audaz disposición al cambio con una defensa de los valores esenciales del oficio.

EMILIO GARCÍA-RUIZ. Identifica una oportunidad extraordinaria para el trabajo periodístico con ayuda de la IA.
EMILIO GARCÍA-RUIZ. Identifica una oportunidad extraordinaria para el trabajo periodístico con ayuda de la IA.
Daniel Dessein
Por Daniel Dessein Hace 1 Hs

BOGOTA.- Un amigo le dijo a Emilio García-Ruiz que le habían diagnosticado una enfermedad terminal. El diagnóstico resultó equivocado, pero, mientras todavía creía que le quedaba poco tiempo de vida, le confesó que quería tirarse en paracaídas y le pidió que lo acompañara. Hoy Emilio domina el vértigo.

No fue menor el vértigo que experimentó en el terreno profesional cuando le tocó conducir, junto al legendario Marty Baron, la redacción de The Washington Post. Eran los años en que Jeff Bezos había comprado el diario con la ambición de llevarlo a competir al más alto nivel y en que Donald Trump, tras ganar su primera elección presidencial, lo convirtió en uno de sus principales enemigos. Lo conocí por entonces en Washington, donde pude recorrer una redacción en plena expansión, con ingenieros que se mezclaban con cronistas y una obsesión por la velocidad de descarga de los contenidos, las métricas y los datos. Pero esa transformación tecnológica no relegaba la tradición de producir historias propias y, casi como una consecuencia natural, seguir cosechando premios Pulitzer.

Un paraguas

En 2017 lo encontré en un congreso en Guatemala, un mediodía de sol radiante en el que le tocaba dar una charla bajo una carpa, durante un almuerzo. Mientras muchos comensales conversaban, Emilio desplegó un paraguas sobre su cabeza, generando silencio y luego risas. Con ese gesto insólito en ese contexto nos mostraba lo difícil que resultaba captar una atención progresivamente dañada y fragmentada.

En 2019 estuvo en Tucumán, dando una charla sobre el futuro del periodismo en el Jockey Club. Quedó fascinado por nuestras empanadas y también por el mate, después de recibir con desconfianza inicial lo que para él era un recipiente con un tubo metálico y todo el aspecto de un dispositivo para consumir una droga. Meses después de su visita, pasó del Post al San Francisco Chronicle, donde hoy es editor en jefe. También es uno de los periodistas que mejor ha analizado el oficio en todo el mundo.

El futuro no está escrito

“Si fundara un medio hoy empezaría por el audio y el video, no por los artículos” le dijo a Gastón Roitberg en una entrevista para La Nación. Le pregunté, durante un panel que me tocó moderar en la asamblea de la SIP en Bogotá, por qué creía eso.

Su respuesta apuntó a un cambio profundo en las formas de comunicación. Durante siglos, el periodismo escrito construyó una relación esencialmente unidireccional con sus lectores. Hoy, las audiencias se informan, conversan y se relacionan con el mundo a través de pantallas en las que predominan las imágenes y las voces. García-Ruiz no propone abandonar la palabra escrita, sino reconocer que ya no tiene el monopolio de la narración periodística. Y que una redacción concebida para producir videos y contenidos de audio requiere habilidades, rutinas y estructuras muy diferentes de las tradicionales.

No obstante, García-Ruiz es también un defensor de la lectura profunda. Reconoce que cada vez resulta más difícil conseguir que alguien se concentre en un texto extenso. Pero, cuando eso sucede, dice, ocurre algo mágico. La cuestión, entonces, no es decretar la muerte del artículo, como periódicamente se propone desde hace décadas, sino encontrar nuevas maneras de contar historias sin sacrificar su profundidad.

En la cuna de la IA

Desde San Francisco, en el corazón geográfico de la revolución tecnológica, García-Ruiz identifica una oportunidad extraordinaria para mejorar el trabajo periodístico. Imagina que cada periodista contará con un agente personal de IA capaz de revisar documentos, analizar enormes bases de datos, transcribir entrevistas, detectar historias y corregir textos. Incluso anticipa que algunas funciones tradicionalmente reservadas a los editores serán asumidas por estas herramientas. Todo ello, por supuesto, con supervisión humana.

El editor del San Francisco Chronicle cree que los medios deben concentrarse menos en alcanzar a todo el mundo y más en construir relaciones profundas con comunidades específicas. El futuro no dependerá tanto de la cantidad de visitantes ocasionales como de la lealtad de quienes encuentran en un medio información que necesitan, valoran y están dispuestos a pagar. Esa mirada adquiere particular importancia para el periodismo regional.

El valor de lo cercano

Un diario local puede contar historias que a una gran organización nacional le resultan irrelevantes, pero que tienen una importancia decisiva para las personas de una comunidad. Puede explicar cuestiones que afectan directamente la vida cotidiana. Allí hay una ventaja competitiva que ni los gigantes tecnológicos ni los grandes medios nacionales pueden reproducir fácilmente.

García-Ruiz es categórico cuando defiende la necesidad de cobrar por el periodismo. La gratuidad puede ampliar el alcance de las noticias, pero no garantiza la supervivencia de quienes las producen. Y un medio que desaparece deja de cumplir su función pública. No se trata de elegir entre el negocio y la misión periodística, sino de comprender que, sin una estructura económica sostenible, esa misión se vuelve imposible.

Comentarios