Pablo Campopiano, arquitecto: “Para enseñar a emprender, primero hay que conocer la realidad”

El profesional llegó a la Escuela San Alberto con un plan y redefinió su propia mirada. Cómo logró encender el entusiasmo.

BASES. Frente a un contexto en el que las prioridades son urgentes, la experiencia de llevar herramientas de negocios es la esencia de Elevate.
BASES. Frente a un contexto en el que las prioridades son urgentes, la experiencia de llevar herramientas de negocios es la esencia de Elevate.

Resumen para apurados

  • El arquitecto Pablo Campopiano capacitó a alumnos de una escuela vulnerable de Tucumán en negocios para financiar su viaje de egresados mediante el programa Elevate.
  • Tras enfrentar ausentismo, el mentor adaptó los manuales teóricos a la realidad barrial y convirtió la venta de pulseras en una meta colectiva basada en finanzas aplicadas.
  • La iniciativa cerrará su edición con 1.500 jóvenes y 26 empresarios en el Teatro Mercedes Sosa, consolidando un modelo de mentoría que busca expandir oportunidades locales.
Resumen generado con IA

El arquitecto Pablo Campopiano llegó a la escuela media Barrio San Alberto con el equipaje típico del mundo emprendedor. Con aciertos, con tropiezos, con herramientas prácticas y con ganas de motivar a los chicos a armar un proyecto. La escuela queda en el sur de la Capital tucumana, cerca de la avenida Jujuy, rozando el 4.000. Es decir, un territorio alejado del circuito corporativo donde el contexto social no es una estadística, sino una huella cotidiana que se nota en el aula. Y ahí, al cruzar la puerta, entendió que sus manuales necesitaban una traducción urgente.

Antes de hablar de costos, márgenes de ganancia o planes de negocios, había que mirar a los chicos a los ojos. Había que entender que enfrente tenía a adolescentes atravesados por realidades complejas.

“Como emprendedores, estamos acostumbrados al discurso de ‘hay que hacer, empujar, realizar los sueños, todo es posible’. Pero hay comunidades en las que las prioridades son completamente distintas”, reflexiona Campopiano al recordar sus primeros pasos como mentor en Elevate Tucumán, el programa que busca acercar el espíritu emprendedor a las aulas de secundaria. Lo que proyectaba como una oportunidad para transmitir su experiencia empresarial terminó transformándose en un ejercicio de aprendizaje recíproco.

Al principio, captar la atención de los chicos no fue fácil. Los encuentros eran mensuales y, en ese margen de tiempo, el entusiasmo iba y venía. La asistencia también fluctuaba. De aulas con 20 alumnos, a veces aparecían apenas cuatro o cinco.

No obstante, la barrera empezó a ceder cuando Pablo cambió la estrategia y entendió que hablar también de sus propios fracasos conectaba mucho más que dar una cátedra sobre el éxito.

Pablo Campopiano, arquitecto: “Para enseñar a emprender, primero hay que conocer la realidad”

“Ellos están acostumbrados a escuchar el típico ‘sí, podés’. Nosotros fuimos a decirles que sí se puede, pero que equivocarse también es parte de mejorar”, cuenta.

Un viaje como motor

El proyecto del curso consistía en fabricar y vender pulseritas artesanales bajo el nombre de “Style Accesorios”. No obstante, al comienzo la idea flotaba como una actividad más, sin una meta clara que la empujara. El punto de quiebre se dio cuando Pablo detectó el verdadero deseo que los movilizaba: los chicos querían hacer su viaje de egresados a fin de año, pero no sabían cómo financiarlo ni veían la relación entre ese sueño y las artesanías que tenían sobre la mesa.

El rol del mentor fue traducir esa ilusión abstracta en matemáticas aplicadas a la vida real. Empezaron a calcular la brecha: ¿cuánto cuesta el viaje? ¿Cuánto dinero hay que reunir entre todos? ¿Cuántas pulseritas hay que fabricar y vender por mes para cubrir la cuota de cada uno?

De pronto, el emprendimiento dejó de ser una tarea escolar para convertirse en el vehículo de una meta colectiva. Entendieron que para llegar a fin de año necesitaban organizarse, dividirse los roles, entender de costos, de finanzas y, sobre todo, aprender a convivir con las capacidades y realidades heterogéneas de cada compañero.

“Cuando hay un objetivo claro en la mira y los chicos entienden que se llega trabajando en equipo, empiezan a ver las cosas de otra manera. Tenían un objetivo mensual y una meta anual. Mes a mes, el entusiasmo iba y venía, pero fuimos remontando las etapas difíciles hasta llegar al final con una gran producción y con los chicos motivados”, explica.

Ida y vuelta

La experiencia transformó de punta a punta la perspectiva del propio mentor. Pablo admite que, inmerso en la rutina y en las noticias del día a día, solía pensar que “la sociedad o el país están perdidos”. El contacto directo con los alumnos de la San Alberto le cambió el diagnóstico.

Para Campopiano, el deseo de superación y las ganas de construir existen en los jóvenes, pero suelen estrellarse contra la escasez de oportunidades y la falta de referentes que les muestren otros caminos posibles.

“Me llevo una hermosa sensación: la de saber que todavía podemos mejorar como sociedad. Las ganas de emprender están, lo que faltan son recursos. Y hoy nosotros, como mentores, somos los recursos de experiencia que a ellos les están faltando. Si el contexto económico o social no los ayuda, nosotros podemos aportarles esa mirada diferente”.

El balance del año lo describe sin rodeos como una vivencia “súper conmovedora”. No sólo por haber visto cómo les cambiaba el semblante a los estudiantes a medida que el proyecto avanzaba, sino porque él mismo aprendió a emprender de nuevo en un entorno desconocido.

Pablo ya sabe que el año que viene volverá a ponerse la camiseta de mentor. En la escuela San Alberto, las pulseritas fueron apenas la excusa; lo verdaderamente valioso fue encender esos sueños que estaban dormidos y demostrarles a los chicos que, cuando hay un equipo y una estrategia, el futuro deja de ser un lugar lejano para convertirse en algo que se puede construir con las propias manos.

Datos de la cita: oportunidad para emprender

El emprendedurismo llegará al escenario del teatro Mercedes Sosa el próximo martes 27, con el cierre de la edición 2026 de Elevate Tucumán. La jornada se desarrollará de 9 a 12, con más de 1.500 chicos inscriptos, emprendedores tucumanos y charlas inspiradoras.

La iniciativa creció respecto de su primera edición, realizada en 2025, cuando participaron 10 empresarios y 150 estudiantes. Este año, el programa reúne a 26 empresarios que acompañan a 450 chicos de 15 cursos distribuidos en cinco localidades de Tucumán.

El encuentro buscará poner en común el trabajo realizado durante el año y dar visibilidad a los proyectos desarrollados por los estudiantes.

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