Resumen para apurados
- El periodista de LA GACETA Julio Coronel falleció de forma inesperada a los 46 años en Tucumán, causando un profundo pesar en el ámbito de la prensa local.
- Licenciado en Comunicación, Coronel contaba con una amplia trayectoria en redacciones tucumanas y se había desempeñado como jefe de prensa del club San Martín.
- Su temprana partida conmociona a sus colegas y deja un vacío significativo en el periodismo regional, donde era ampliamente reconocido por sus pares.
Hay cosas sobre las que uno nunca quisiera escribir. La muerte de un amigo es una de ellas. Esta vez me toca hacerlo, con todo el dolor del mundo y con lágrimas en los ojos. Se me fue un hermano. Un incondicional que estuvo en las buenas y en las malas. Falleció el periodista Julio Coronel. Y aunque la tristeza me explote en este momento, siento la necesidad de recordar a este gran profesional, padre de dos hijos, esposo y fanático hincha de San Martín, el club de sus amores.
Julio tenía apenas 46 años. Era licenciado en Comunicación Social y llevaba una vida entera ligada a esta profesión. El “Capitán” (así le decíamos algunos desde que era joven) trabajó en distintos diarios de Tucumán y compartió el oficio con colegas que hoy lo lloran, pero que, sobre todo, lo abrazan con el cariño genuino que este titán supo ganarse. Hacía mucho tiempo que trabajaba en LA GACETA. Y su muerte inesperada nos golpeó de lleno. Demasiado.
Vale la pena contar que en las redacciones se construyen vínculos que van mucho más allá de una relación laboral. Se pasan horas interminables, enojos, alegrías y también momentos difíciles. Uno aprende a conocer al otro en la rutina y, con el tiempo, algunos colegas terminan convirtiéndose en hermanos de la vida.
Eso me pasó con “Julito”, un amigo de fierro desde hace más de 20 años. Juntos recorrimos diferentes medios, sufriendo y celebrando este oficio hermoso e ingrato a la vez. Por eso todavía no caigo. Me cuesta tipear estas líneas sin fruncir los labios para no dejar escapar más lágrimas.
Los que tuvimos el privilegio de compartir la vida con él sabemos que su risa picaresca y su ENORME compañerismo eran moneda corriente, incluso en medio de la tensión del día a día. Lo imagino ahora mismo hablando de fútbol, defendiendo los colores del Santo con esa pasión que lo caracterizaba o tirando alguna ocurrencia en medio del estrés de la redacción. “La campera para León”, por ejemplo, era una de esas tantas frases clásicas que solo los que lo conocimos podríamos entender.
“Julito” se fue demasiado pronto. Pero nos deja un montón de recuerdos entrañables que nos acompañarán todos los días. A su compañera de vida, Denisse; a sus hijos, Ema y León; y a toda su familia, les mando el abrazo más apretado de todos los que lo queríamos.
Podría seguir, pero no alcanza ninguna palabra para despedirte, “Julito”, ni para terminar de dimensionar lo que dejás en quienes tuvimos la suerte de transitar la vida y la redacción con vos. Fuiste un profesional intachable, un padre loco por tus hijos, un fanático rabioso del Santo (¡hasta fuiste jefe de prensa!) y, para mí, mucho más que un compañero.
Volá alto, "Vieja", con ese sonido tan tuyo. Pasaste a ser eterno.








