Resumen para apurados
- En octubre se conmemoran diez años de la canonización de José Gabriel Brochero en Córdoba, celebrando su histórica labor pastoral y social por las comunidades de Traslasierra.
- A fines del siglo XIX, el sacerdote impulsó caminos, escuelas y acueductos en zonas aisladas, y murió en 1914 tras contraer lepra cuidando a enfermos marginados de la región.
- La figura del santo argentino consolida su legado como modelo de integración social y compromiso comunitario, manteniendo viva su influencia en la identidad cultural del país.
En octubre se conmemora el décimo aniversario de la canonización de José Gabriel del Rosario Brochero, conocido como el Cura Brochero, una figura cuya labor pastoral y compromiso social dejaron una huella profunda en Córdoba.
Para comprender la dimensión de esa obra, hay que volver a los caminos serranos que el sacerdote recorría a fines del siglo 19. El viento helado de las Altas Cumbres golpea con fuerza sobre el sendero de piedra y tierra. A lomo de mula, abrigado por un poncho serrano y con la sotana raída por el polvo del matorral, avanza un hombre cuyo rostro ostenta la firmeza del granito. No lleva únicamente un breviario en el morral: transporta la obstinación de quien se niega a aceptar que el progreso se detenga antes de cruzar la sierra.
En aquel tiempo, adentrarse en el valle de Traslasierra equivalía a ingresar en un territorio aislado, incomunicado y postergado. Sin embargo, para José Gabriel del Rosario Brochero, ese paisaje inhóspito no representaba un límite, sino un compromiso humano y social que habría de moldear hasta el último día de su existencia.
El hombre detrás de la sotana: origen, temperamento y la palabra en la sierra
Brochero nació el 16 de marzo de 1840 en la paraje de Carreta Quemada, en las inmediaciones de Villa Santa Rosa, provincia de Córdoba, donde fue bautizado al día siguiente. En marzo de 1856 ingresó al Seminario Mayor «Nuestra Señora de Loreto» y simultáneamente cursó estudios superiores en la Universidad de Córdoba, obteniendo el grado universitario de Maestro de Filosofía en noviembre de 1869. Tras ser ordenado presbítero en noviembre de 1866 por el obispo Ramírez de Orellano y prestar servicios como capellán de coro en la Catedral de Córdoba y prefecto de estudios en el Seminario, asumió la toma de posesión del Curato de San Alberto en diciembre de 1869, radicándose en Traslasierra.
Lejos del academicismo urbano, forjó un estilo pastoral de trazo grueso, caracterizado por un carácter temperamental, un agudo sentido del humor y un lenguaje llano, sencillo y visceralmente directo. Entendió de inmediato que la evangelización en la sierra exigía abandonar las abstracciones doctrinarias; por ello, iluminaba la Palabra de Dios aplicándola directamente a las circunstancias concretas de la vida cotidiana de los pobladores. Su vehículo principal de transformación espiritual y comunitaria fueron los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, metodología que adaptó con tenacidad a la realidad local.
El constructor de Traslasierra: infraestructura y gestión pública
Brochero comprendió con lucidez que la dignidad espiritual resultaba irrealizable si no iba acompañada de condiciones materiales básicas. En agosto de 1875 inició la construcción de la emblemática Casa de Ejercicios Espirituales en Villa del Tránsito, la cual inauguró en agosto de 1877. Para concretar este proyecto, tomó como referencia directa la organización de la Santa Casa de Ejercicios fundada por Mama Antula en la ciudad de Buenos Aires, espacio colonial que visitó personalmente para replicar su modelo edilicio y dinámico.
Su labor como promotor de obras civiles se extendió velozmente:
- En enero de 1880 gestionó e hizo efectiva la llegada de las Hermanas Esclavas desde la ciudad de Córdoba, y en marzo de ese mismo año inauguró el Colegio de Niñas.
- Entre 1887 y 1896 lideró la planificación y apertura de caminos de herradura a través de las cadenas montañosas, facilitando el tránsito de pasajeros y mercaderías entre parajes aislados.
- Impulsó la construcción de acueductos, acequias para el riego agrícola y diversas capillas en la región.
- Su visión estratégica de integración regional culminó el 20 de julio de 1905, cuando obtuvo la sanción de la ley provincial para la construcción del ramal ferroviario que conectaría las localidades de Soto y Dolores.
Tensiones y vínculos con el poder: la exigencia de recursos para una región olvidada
El sacerdote cordobés no dudó en circular por las esferas institucionales de la capital cuando la consecución de recursos para su región lo requería.
En abril de 1898 aceptó la canonjía efectiva en la Catedral de Córdoba, alejándose temporalmente del Curato del Tránsito; no obstante, tras desempeñarse en misiones e itinerancias, renunció a las comodidades eclesiásticas urbanas y reasumió la conducción parroquial de su curato en octubre de 1902 para continuar sus gestiones al pie de la sierra.
Brochero actuó como un tenaz peticionante frente a las estructuras gubernamentales provinciales y nacionales, apelando al derecho de las comunidades serranas de acceder a vías de comunicación, correos y educación.
La cercanía con los marginados: compromiso social en la frontera serrana
El trabajo de Brochero priorizó de manera sistemática a los sectores más desatendidos de la geografía social cordobesa.
Recorrió incansablemente senderos áridos para tomar contacto con campesinos, familias aisladas y pobladores desprovistos de asistencia institucional. Su presencia constante en las zonas alejadas de los centros urbanos consolidó un vínculo de empatía y protección mutua con la comunidad local.
El crepúsculo y la enfermedad: contagio, ceguera y consumación
La entrega cotidiana y sin reservas defensivas definió el tramo final de su vida. Brochero frecuentó de manera directa a los enfermos de lepra de la zona, asistiéndolos en sus necesidades y compartiendo la cotidianeidad de su subsistencia. A raíz de esta cercanía física con los contagiados, contrajo la dolencia de la lepra, la cual fue mermando progresivamente sus facultades físicas hasta privarlo por completo de la vista.
Tras renunciar al curato en 1907 y retirarse temporalmente a su natal Santa Rosa, decidió regresar en octubre de 1912 a Villa del Tránsito para atravesar sus últimos días rodeado por los pobladores a quienes había servido.
El 23 de enero de 1914 recibió los últimos sacramentos de manos del párroco de Bell Ville y tres días después, el 26 de enero de 1914, falleció a los 74 años de edad, ciego y leproso.
En su homenaje, la villa cabecera del curato pasó a denominarse Villa Cura Brochero. Tras la apertura formal de su causa en 1967, fue beatificado en septiembre de 2013 y canonizado solemnemente en Roma por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016









