Cartas de lectores: el Síndrome de Caín

Hace 6 Hs

El concepto bíblico del fratricidio no solo describe la primera tragedia humana narrada en el Génesis; funciona también como una metáfora persistente en las relaciones internacionales. Cuando la envidia y el pragmatismo despiadado desplazan a la memoria histórica y a la solidaridad continental, la sombra de Caín vuelve a proyectarse sobre la geografía sur. La decisión del intendente de la región de Magallanes y de la Antártica Chilena, con sede en Punta Arenas, de impulsar un encuentro comercial con decenas de empresas británicas radicas e instaladas de forma ilegítima en nuestras Islas Malvinas, reactiva una herida que la retórica diplomática suele intentar maquillar. Este acercamiento comercial representa una contradicción flagrante con la postura oficial enunciada en los foros internacionales por el gobierno trasandino, que formalmente suscribe al respaldo de los legítimos derechos de soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Mientras en los estrados diplomáticos se habla de integración regional y causa latinoamericana, en el terreno concreto de la geopolítica austral se consolidan lazos económicos con la potencia ocupante, oxigenando la posición británica en el Atlántico Sur. La memoria de los pueblos no es amnésica. Resulta inevitable trazar una línea de continuidad entre esta complacencia comercial y la colaboración logística y de inteligencia que la conducción chilena brindó al Reino Unido durante el conflicto bélico de 1982. Ante estos hechos, surge una pregunta ineludible: ¿qué diría el General José de San Martín ante este escenario? Aquel hombre que concibió la libertad de América como un todo indisoluble, que lideró la epopeya titánica del Cruce de los Andes para liberar al pueblo chileno del yugo realista y cuya gesta costó la sangre de soldados argentinos derramada en suelo trasandino, vería con dolor cómo el pragmatismo desdibuja el ideal de hermandad que fundamentó las independencias suramericanas. Esta actitud no se da de manera aislada; se inscribe en un marco histórico más amplio marcado por tensiones y disputas territoriales en los confines del continente. A lo largo de los siglos XIX y XX, las dinámicas limítrofes, los desplazamientos poblacionales en la Patagonia y los litigios sobre los pasos oceánicos mostraron una constante ambición de expansión territorial. En esa compleja historia de la frontera austral, la presión sobre las comunidades originarias como nuestros tehuelches, víctimas de las campañas militares de ocupación, las incursiones araucanas (mapuches) y de las transformaciones demográficas de la época, atestigua el impacto desgarrador de la consolidación de los Estados nacionales a costa de la identidad y la vida de los pueblos autóctonos. El Génesis relata que Caín llevó a su hermano Abel al campo para quitarle la vida, incapaz de tolerar la preferencia divina hacia la ofrenda del menor. La diplomacia del Atlántico Sur no puede construirse sobre la resignación ni sobre la complicidad tácita con la usurpación colonial. Romper la lógica del “síndrome de Caín” exige que los gobiernos de la región traduzcan los discursos de fraternidad en actos coherentes,; ningún beneficio económico de corto plazo en Punta Arenas debería priorizarse por encima de la integridad territorial de la Patria Grande, un concepto impulsado desde los tiempos de la independencia por figuras como José de San Martín, Simón Bolívar y José Gervasio de Artigas, y el respeto a la memoria de quienes dieron su vida por la soberanía continental.

Francisco Manuel Silva                             

frsilva50@gmail.com

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