De Floricienta a la peatonal tucumana: cómo cambió la tradición de regalar flores amarillas en septiembre
Rosas, girasoles y flores hechas con limpiapipas llenaron de amarillo Tucumán este 21 de septiembre. Una tradición que, aunque reciente, ya transformó por un día la postal de la ciudad y sumó nuevas formas de regalar.
Resumen para apurados
- El 21 de septiembre, tucumanos colmaron la peatonal para comprar y regalar flores amarillas a sus afectos por el inicio de la primavera y el Día del Estudiante.
- Antiguamente vinculadas a los celos, las flores amarillas fueron resignificadas por la tira "Floricienta" en 2004 y recuperaron un masivo impulso viral a través de TikTok.
- El fenómeno consolida una nueva tradición comercial y cultural que diversifica las ventas locales con opciones artesanales y trasciende el vínculo estrictamente romántico.
El 21 de septiembre, Día de la Primavera y del Estudiante, Nora Santucho caminaba por la peatonal junto a sus dos bisnietos de nueve años. Eran primos y estudiantes los dos. Llevaban tres ramos, solo un poco más pequeños que ellos. Cerca, Ignacio cargaba un ramo para su novia y otro para su mamá. Sofía Jaime, de 25 años, eligió tres destinatarias: su mamá, su abuela y su madrina.
Alrededor, la escena se repetía con distintas caras. Vendedores que acomodaban ramos a las apuradas, personas que se acercaban a mirar y preguntar precios, clientes que esperaban su turno y otros que se iban con las flores envueltas entre las manos. Había rosas, girasoles y arreglos de distintos tamaños. También flores hechas con limpiapipas, tejidas y hasta "ramos comestibles" de chocolates o chipa.
Para entender cómo el amarillo llegó a ocupar un lugar tan visible cada 21 de septiembre hay que mirar bastante más atrás que las calles y las redes sociales. Antes de TikTok y de Floricienta, las flores amarillas ya tenían una historia propia, y no siempre decían lo que dicen ahora.
Antes del furor
En la floriografía, el lenguaje de las flores que tuvo su auge en el siglo XIX, el amarillo se leyó durante mucho tiempo como señal de celos, desamor e incluso traición. Con los años, esas lecturas cedieron lugar a otras vinculadas al afecto, la alegría y la primavera.
En los años 90, las rosas amarillas ya circulaban como regalo romántico. Una nota de Clarín de agosto de 1998 contaba que Jorge Rodríguez, pareja de Susana Giménez en ese momento, había puesto de moda las rosas amarillas. Una amiga de la conductora aseguraba que a ella le encantaba recibir flores y sorpresas.
Pero fue Floricienta la que llevó las flores amarillas a una nueva generación. En 2004, la ficción juvenil de Cris Morena popularizó "Flores amarillas" y dejó instalada una escena que todavía se reconoce: alguien espera a la persona que quiere con una flor amarilla. Años después, esa imagen salió de la pantalla y encontró una segunda vida en TikTok e Instagram.
Eli Cardona, de 66 años, lleva 55 en el mundo de las flores y vio cómo cambió la fecha. "Soy hija del primer florista de Tucumán", recuerda. Ese día fue testigo de una demanda que resume en pocas palabras: "Muchísima, muchísima".
Cuando compara esta fecha con lo que ocurría hace 10 o 20 años, encuentra una diferencia concreta. "Antes solía ser otro el color, quizás las flores rojas o rosas. No era tan común", explica. El amarillo, señala, no siempre tuvo el protagonismo que alcanzó en los últimos años.
"Yo amo las flores, amo mi trabajo y amo a la gente", asegura Cardona. Y cuando le preguntan por la primavera, responde desde su propia experiencia: "Para mí la primavera es todo el año porque mis clientes vienen".
Cada uno con su ramo
"Me encantan las flores. Siempre me pareció un detallazo y me encanta hacer regalos y presentes", cuenta Sofía. Su manera de entender el gesto explica la elección: "Cualquier vínculo tiene amor. Está bueno transmitirlo de esta forma, sea romántico o no. No tiene que ser necesariamente una pareja", detalla.
"Ya es una tradición, como una costumbre que se fue alimentando con el tiempo y que muchas personas adoptaron para hacerle un detalle a alguien querido", opina Ignacio.
Yoli —Yolanda— arma flores con limpiapipas que pueden conservarse mucho después del 21 de septiembre. La variedad de edades que pasó por su puesto también le llamó la atención: "Vienen jóvenes, vienen adultos, vienen niños", comenta. Mientras mostraba sus creaciones, resumió la diferencia con un ramo tradicional: "Son flores que duran para siempre".
A pocos metros, Andrés, creador de @manniflores, acomodaba el último ramo que le quedaba. Estudia el Profesorado de Inglés en la Facultad de Filosofía y Letras y hace apenas un mes convirtió en emprendimiento una idea que surgió cuando una amiga le pidió ayuda para preparar un regalo para su novio. "Me puse a las 10:30 y media hora después ya se habían llevado cinco ramos", relata. Durante la mañana recibió clientes de distintas edades. "Es algo que hace un par de años no estaba, pero últimamente ya es muy famoso, muy conocido", agrega.
En la misma peatonal donde Nora caminaba con tres ramos, Ignacio llevaba flores para su novia y su mamá, y Sofía elegía un ramo para cada una de las mujeres que quería. Cambiaron los colores, los destinatarios y hasta la forma de hacer las flores. El gesto, en cambio, es el mismo: elegir una y pensar en alguien.







