Los estudios sobre el manejo del residuo agrícola de cosecha (RAC) constituyeron otro de los temas abordados durante la Jornada Anual de la Caña de Azúcar que organizó la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc). Se mostraron avances de investigaciones orientadas a evaluar el efecto de diferentes sistemas de manejo sobre la microbiología del suelo.
El trabajo, desarrollado por Lucrecia Carolina Ludueña bajo la dirección de María Laura Tortora, se lleva a cabo en un ensayo de larga duración en el que se comparan dos alternativas de manejo del RAC: el correspondiente a la conservación del residuo como cobertura sobre el suelo (RC), y el correspondiente al manejo del residuo mediante quema (RQ).
Para evaluar la respuesta del suelo frente a estas prácticas se analizaron diferentes bioindicadores. Entre ellos se incluyeron el recuento de poblaciones microbianas de mesófilos aerobios totales, fijadores de nitrógeno y Pseudomonas sp., así como diferentes actividades enzimáticas vinculadas con procesos fundamentales del suelo.
Se determinaron la actividad enzimática total (FDA), la actividad nitrato reductasa y la glucosidasa. En conjunto, estos indicadores permiten caracterizar la respuesta de la comunidad microbiana y de procesos biológicos asociados al ciclo de nutrientes, aportando información sobre el efecto de la conservación y la quema del RAC sobre la calidad y el funcionamiento biológico del suelo.
En los recuentos de las poblaciones microbianas estudiadas no se observaron diferencias significativas entre los tratamientos. Sin embargo, las principales diferencias entre RC y RQ se evidenciaron en las actividades enzimáticas evaluadas.
En el tratamiento con conservación del residuo como cobertura se registraron mayores niveles de actividad en todas las enzimas evaluadas -actividad enzimática total (FDA), nitrato reductasa y β-glucosidasa- en comparación con el tratamiento con quema, con variaciones según la época de muestreo.
Los resultados destacan el potencial de las actividades enzimáticas como indicadores sensibles de los cambios producidos por las prácticas de manejo y aportan información local para continuar evaluando alternativas que favorezcan la conservación, funcionalidad y sustentabilidad de los suelos.












