Resumen para apurados
- El gobierno de Estonia creó esta semana un comité de expertos para educar a jóvenes sobre redes y videojuegos, buscando frenar la ansiedad digital sin aplicar prohibiciones.
- A diferencia de otros países de la UE que imponen restricciones, Estonia capacita desde primaria ante estudios que alertan sobre el aumento de adicciones y depresión en menores.
- El grupo multidisciplinario presentará en un año propuestas aplicables que buscan sentar un precedente regional de convivencia digital saludable sin vulnerar derechos juveniles.
Diez expertos que van desde el vicepresidente del Consejo Nacional de la Juventud de Estonia hasta un neurocientífico y una psicóloga clínica, tienen plazo de un año para presentar propuestas y recomendaciones dirigidas al Estado, a las familias y a los propios jóvenes sobre redes sociales y entornos de videojuegos. Hasta aquí, un plan que tiene bandera de muchos países, pero los estonios marcan una diferencia: no enfocan el problema con la prohibición. Su estrategia histórica y actual se basa en la prevención, la educación temprana y la infraestructura digital responsable. En lugar de bloquear accesos a menores, capacitan a los estudiantes en ciudadanía digital, ciberseguridad y uso crítico de la tecnología desde la escuela primaria.
Salud mental en el centro
Una especie de alfabetización de lo digital. El primer ministro de Estonia, Kristen Michal, encargó al grupo de expertos nacionales que busque fórmulas diferentes al resto de los países europeos que están reforzando la prohibición, más que el control. Los trabajos se centrarán en identificar los posibles riesgos para la salud mental de los jóvenes, prevenir el uso problemático de las tecnologías digitales, sensibilizar a menores y padres y estudiar fórmulas para crear un entorno digital más seguro que proteja mejor los derechos, la salud y el bienestar de la juventud. Varios países han impuesto o están estudiando restricciones al uso de las redes sociales por parte de los menores, entre ellos Bélgica (Flandes), Bulgaria, Dinamarca, España y otros países de la Unión Europea.
Las directivas
"Los problemas de ansiedad y de salud mental entre los jóvenes son una preocupación grave y creciente", señaló el primer ministro estonio en un comunicado. Y agregó: "más importante que las prohibiciones es encontrar soluciones que realmente ayuden a nuestros jóvenes".
En la primera reunión se eligió como presidenta a Andra Siibak, profesora de estudios de medios en la Universidad de Tartu. "Empezaremos a buscar y debatir estas soluciones en el seno del consejo asesor, en colaboración con los propios jóvenes, para llegar a recomendaciones que no solo estén basadas en la evidencia científica, sino que además resulten aplicables desde el punto de vista del propio grupo destinatario", explicó Siibak.
Investigaciones
Las evidencias científicas están. Investigaciones recientes en Estonia apuntan a una creciente preocupación por las experiencias de los jóvenes en internet. Según el estudio EU Kids Online Estonia 2025 de la Universidad de Tartu, los estudiantes se topan cada vez más con contenidos perturbadores en línea, mensajes de carácter sexual explícito y un uso excesivo de internet. La investigación también constató una relación entre el bienestar mental de los menores, el acoso en línea y la exposición a contenidos perjudiciales.
Los datos del estudio Health Behaviour in School-aged Children del Instituto Nacional para el Desarrollo de la Salud también apuntan a un aumento del uso problemático de las tecnologías digitales. En 2022, un 8 % de los jóvenes de entre 11 y 15 años declaró síntomas asociados a la adicción a las redes sociales, frente al 6 % en 2018. La cifra ascendía al 10 % entre las chicas y al 7 % entre los chicos, y las niñas de 13 años se identificaron como un grupo especialmente vulnerable.
El estudio reveló que el 63 % de las chicas y el 47 % de los chicos pasaban al menos dos horas diarias en las redes sociales, y que el tiempo de uso aumentaba con la edad. Un mayor uso de los medios electrónicos para comunicarse se asoció con una menor satisfacción con la vida, menos horas de sueño, peor rendimiento académico y episodios depresivos más frecuentes.








