Construir la historia

Urge profundizar políticas sociales para jóvenes.

24 Mayo 2005
Paola, la joven autora del relato "Don Quijote en el semáforo", no quiere que le tomen fotos. Ella, que vendió en los semáforos para llevar algo de dinero al hogar, sospecha que sus padres la cuestionarán por su vocación literaria, pasión tan inútil como poco rentable. Paola, que conmovió la semana pasada al público del Primer Mayo de las Letras con su visión del Quijote, ya tiene 18 años; pero entre sus 60 compañeros de ruta de la revista "Volantín", que se impulsa desde la Dirección de Minoridad y Familia de la Provincia, los hay de 14, de 15, de 16 y de 17. La consigna, desde que arrancó este programa socioeducativo de erradicación de chicos de la calle, fue que volvieran a la escuela. Y lo hicieron.
Hay quienes cuestionan la experiencia de los chicos de "Volantín". Esgrimen que, en cierto modo, esos pibes - que venden la revista en las calles céntricas de la ciudad de Tucumán- están trabajando. De todos modos, hasta UNICEF, que es el organismo de las Naciones Unidas para la protección de la Infancia, avala cierta forma de trabajo infantil a partir de los 14 años, siempre que la tarea signifique para el chico una herramienta de desarrollo, y que la propuesta traiga aparejada la escolaridad obligatoria.
En términos cuantitativos, "Volantín" está lejos de su mentora cordobesa, "La luciérnaga", la publicación por la cual ya se han ido de las calles de "La Docta" 500 chicos que no sólo venden la revista, sino que también han aprendido a producirla.
La experiencia tucumana es significativa, y sus mentores apuestan a multiplicarla. Saben que hay que hacerlo, porque 60 golondrinas no hacen verano, ante el dato de que en Tucumán hay 149.000 menores de 14 años que no pueden cubrir sus necesidades básicas.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en Tucumán la pobreza infantil ha bajado diez puntos entre el segundo semestre de 2003 e igual período de 2004. En términos porcentuales, un año y medio atrás, la pobreza golpeaba a casi 8 de cada diez tucumanos menores de 14 años. Un año después, esa relación es de casi siete sobre diez. Una buena noticia, si se analiza desde la frialdad estadística. Una noticia que sigue inquietando, si se recuerda que detrás del último porcentaje (68,7%, más de diez puntos por arriba de la media nacional) hay 149.000 chicos en situación de pobreza. Pero lo que más inquieta es que las estadísticas que acaba de publicar el Indec no muestran que esa mejora observada en la edad más temprana tenga su correlato con la de la franja adolescente. Según el organismo, entre 2003 y 2004 la pobreza no ha bajado significativamente en la Argentina en el grupo etario que va de los 14 a los 22 años. Aunque no hay datos desagregados por distrito, se indica que en 2003 había 3,5 millones de pobres de esa franja, y que en el primer semestre de 2004 esa cifra trepó a 3,8 millones de jóvenes en situación de pobreza, para bajar a 3,7 millones de personas en los últimos seis meses de 2004. Lo que esos datos parecen estar diciendo es que la franja de los adolescentes y de los jóvenes tiene menos contención social que la de los preadolescentes, que están más contenidos por la escuela.
De ahí la importancia de experiencias extraescolares como la de "Volantín" o la de "Educarte", que está preparando la Municipalidad de Yerba Buena. Y la enorme responsabilidad de sus impulsores para sostenerlas. Como dice Graciela Salazar, funcionaria del área social de ese municipio, es probable que iniciativas como las nombradas no le garanticen al chico su salida de la pobreza. "Lo que importa -afirma- es que tenga herramientas para poder armar su propia historia, y no repetir las de sus padres". En ese momento, Paola habrá salido triunfante de su colosal batalla contra los molinos de viento. Y ya no tendrá miedo de que reconozcan su rostro en el diario.

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