Un estudio sobre Alzheimer detectó cambios cerebrales asociados a la contaminación del aire

Investigadores analizaron imágenes cerebrales de adultos sin demencia y encontraron diferencias en el grosor de la corteza asociadas con la exposición a PM2.5 y dióxido de nitrógeno.

Un estudio sobre Alzheimer detectó cambios cerebrales asociados a la contaminación del aire
Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • Científicos de EE. UU. hallaron que la exposición a la contaminación del aire altera áreas cerebrales vinculadas al Alzheimer, según un estudio publicado en NeuroToxicology.
  • El análisis de casi 1.500 resonancias reveló adelgazamiento cortical en adultos mayores expuestos a PM2.5, equivalente a un año de envejecimiento, y engrosamiento en jóvenes.
  • Los hallazgos sugieren efectos no lineales de los contaminantes y refuerzan la necesidad de investigar la polución ambiental como factor de riesgo en el desarrollo de demencias.
Resumen generado con IA

La contaminación del aire podría provocar cambios en regiones del cerebro especialmente vulnerables a la enfermedad de Alzheimer. Un estudio publicado en la revista científica NeuroToxicology encontró una asociación entre la exposición a partículas finas en suspensión en el aire con un diámetro menor a 2.5 micrómetros conocidas como PM2.5, (unas 30 veces más delgadas que un cabello humano). Incluyen hollín, polvo, sustancias químicas y metales. Son un contaminante atmosférico muy dañino porque entran al fondo de los pulmones y a la sangre y dióxido de nitrógeno, conocido como NO2, y diferencias en el grosor de la corteza cerebral de adultos sin demencia.

Investigadores de la Universidad del Sur de California observaron que esa relación varía según la edad. Entre los participantes de mayor edad, una exposición más alta estuvo asociada con una corteza cerebral más delgada. Entre los adultos más jóvenes, en cambio, apareció una relación con un mayor grosor.

El adelgazamiento cortical despierta especial interés entre los neurólogos porque puede reflejar pérdida o deterioro del tejido cerebral. Aunque la corteza se vuelve naturalmente más delgada con el paso de los años, determinadas enfermedades neurodegenerativas pueden acelerar ese proceso.

El estudio puso el foco en cuatro regiones especialmente vulnerables a la enfermedad de Alzheimer: las cortezas entorrinal, fusiforme, temporal inferior y temporal media. En conjunto, estas áreas mostraron diferencias en su grosor relacionadas con los niveles de contaminación.

Qué encontraron los investigadores

Para el análisis, los científicos utilizaron información de dos grandes estudios estadounidenses sobre envejecimiento.

El Vietnam Era Twin Study of Aging aportó datos de 387 hombres de alrededor de 62 años. El Women’s Health Initiative Memory Study, por su parte, incluyó a 1.097 mujeres de aproximadamente 78 años.

Ninguno de los participantes tenía demencia ni había sufrido un accidente cerebrovascular antes de la resonancia magnética. A partir de esas imágenes, los especialistas midieron el grosor de 34 regiones de la corteza cerebral.

Las partículas PM2.5 mostraron la asociación más extendida. Estos contaminantes suelen originarse durante la combustión de combustibles fósiles o a partir de incendios.

Entre las mujeres de mayor edad, una exposición más elevada a PM2.5 estuvo relacionada con un menor grosor en 23 de las 34 regiones corticales evaluadas, distribuidas en los cuatro lóbulos del cerebro.

Según el estudio, la magnitud de esa diferencia fue comparable, en términos de grosor cortical, con aproximadamente un año adicional de envejecimiento.

Entre los hombres más jóvenes apareció un resultado diferente. Una exposición mayor a PM2.5 y NO2 estuvo asociada con una corteza más gruesa en el conjunto de regiones consideradas vulnerables al Alzheimer.

En el caso de las PM2.5, además, esa relación se modificó con la edad. El engrosamiento asociado con la contaminación disminuyó entre los 55 y los 64 años. Después de los 64, la tendencia se invirtió, aunque esa asociación negativa posterior no alcanzó significación estadística.

Una relación que todavía debe estudiarse

Los resultados plantearon una aparente contradicción. Los autores consideran dos posibles explicaciones. Una de ellas es que exista una trayectoria no lineal, en la cual la exposición a contaminantes primero se relacione con un mayor grosor de la corteza y, con el paso del tiempo, con su adelgazamiento.

La otra posibilidad es que el cerebro responda de manera diferente a la contaminación según la edad de cada persona. El trabajo no permitió determinar cuál de las dos hipótesis explica los resultados.

“Nuestros hallazgos plantean la posibilidad de que los cambios cerebrales relacionados con la contaminación no sean lineales”, explicó Lauren Salminen, autora principal del estudio.

La investigadora señaló que esa hipótesis deberá comprobarse mediante investigaciones que sigan a las mismas personas a medida que envejecen y que incorporen biomarcadores relacionados con la enfermedad de Alzheimer.

El estudio tampoco permite concluir que una mayor exposición a contaminantes provoque Alzheimer. Sin embargo, sus resultados se suman a investigaciones previas sobre los posibles efectos de la contaminación atmosférica en la salud cerebral.

Una revisión sistemática publicada en The BMJ, que reunió 51 estudios, encontró evidencia de una asociación entre la exposición a partículas PM2.5 y un mayor riesgo de demencia.

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