Qué pasó con la hija de 11 años de Hayden Panettiere y por qué tomó la dolorosa decisión de renunciar a su custodia
Tras la trágica muerte de la estrella de “Héroes” a los 36 años, sus memorias revelan la batalla contra las adicciones, el colapso de su salud mental, la incomprensión de su entorno y el motivo real por el que eligió no luchar legalmente por la convivencia con la pequeña Kaya.
Resumen para apurados
- Tras hallar sin vida a Hayden Panettiere en EE. UU., sus memorias revelaron que cedió la custodia de su hija por su lucha contra la depresión posparto y las adicciones.
- Luego de un parto traumático en 2014, la actriz sufrió depresión y dependencia de sustancias, lo que la llevó a entregar la tutela a Wladimir Klitschko para tratarse.
- Sus testimonios visibilizan la crudeza de la salud mental materna y el estigma social de las adicciones, dejando en claro que priorizó la estabilidad de su hija.
Hayden Panettiere fue hallada sin vida este domingo en su casa en Greenville, Carolina del Sur. Tenía 36 años y había declarado abiertamente su problema con las adicciones meses atrás, al igual que el doloroso período en que transitó el embarazo de su hija y luego un traumático parto que solo la llevó al sufrimiento más profundo y a la incomprensión de su entorno. La oficina forense del condado afirmó este lunes que la actriz de “Nashville” y “Heroes” sufrió un paro cardíaco antes de su muerte.
En los meses previos a su fallecimiento, Hayden Panettiere profundizó en muchas de las luchas que sobrellevó en los últimos años, entre ellas la depresión posparto que sufrió luego del nacimiento de su hija Kaya. Este es un tópico dentro de su libro “This Is Me: A Reckoning”, un memoir en el que la actriz repasó las grandes heridas de su vida, donde también estuvieron el conflicto con la adicción y la devastadora decisión de dejar que su expareja Wladimir Klitschko tuviera la custodia total de la niña.
El dolor de Pannetiere sobre la maternidad
A pesar de haber vivido separadas durante años, Panettiere afirmó en sus memorias que su vínculo con Kaya seguía siendo "increíblemente fuerte". La actriz volcó en aquel relato aquellos sentimientos que calaban más hondo: “No estar bajo el mismo techo con ella todos los días fue la experiencia más desgarradora de mi vida, y es difícil describir la gama de emociones —incluidas la tristeza, el resentimiento y la ira— que sentí por ello”, escribió.
“Me duele no ser la madre que pensé que sería y, definitivamente, no la madre que quiero ser (créanme, nadie debería tener que criar a un hijo por FaceTime), y aunque extraño tanto a Kaya que me duele el corazón, sé lo afortunada que soy de ser su mamá”, continuó en el relato. “Ella es el mayor regalo de mi vida, con lo mejor de su padre y de mí”.
La actriz, que además participó en la saga de “Scream”, describió a Kaya como "talentosa y sabia para su edad", al tiempo que explicó que intencionalmente omitió gran parte de la vida de su hija en sus memorias. Panettiere afirmó que contaría historias sobre la maternidad solo desde su propia perspectiva y que mantendría los detalles personales sobre su pequeña "al mínimo".
También asumió la responsabilidad de lo que ella llamó sus "deficiencias como madre" y elogió a Klitschko, escribiendo que era "una de las personas más valientes que había conocido y un verdadero héroe en muchos sentidos". “Wlad, sos un ser humano maravilloso y un padre increíble para Kaya”, escribió en su obra.
Complicaciones que llevaron a un parto demergencia
Las memorias de Panettiere son un recorrido muy crudo que recuerda a detalle el período posterior al 2014, luego de que la intérprete quedara embarazada de Kaya. Aquella etapa le provocó una profunda angustia, en la que los avisos y chequeos de los médicos aumentaban su malestar.
Durante su propio embarazo, Panettiere recordó haberse asustado cuando un obstetra le dijo que los brazos y las piernas de su bebé no parecían crecer tan rápido como el resto de su cuerpo. La derivaron a un radiólogo y más tarde supo que las extremidades de su hija estaban bien, pero que a los médicos les preocupaba el tamaño de su cabeza. Panettiere escribió que le dijeron que Kaya tenía microcefalia y que potencialmente podría tener problemas cognitivos.
El nacimiento de Kaya y el abismo emocional
Todos aquellos diagnósticos comenzaron a afectar a la madre. Klitschko propuso realizar una tradición ucraniana para atraer la buena suerte que consistía en arrodillarse ante un árbol, sujetarlo con ambas manos y rezar. Semanas después, con el exboxeador a su lado, Panettiere dio a luz a Kaya. Describió el parto como "lo más difícil" que había hecho en su vida.
El parto se convirtió en una emergencia cuando los médicos declararon el "código carmesí". Aquella alerta solo prolongó el sufrimiento de la joven madre, quien fue sometida a una cirugía de tres horas debido a una falta de coagulación de su sangre durante la cesárea. Posteriormente los especialistas habían descubierto una infección en su útero.
La actriz encontró el refugio en las adicciones
Pero aquel riesgoso parto solo fue el comienzo de una pesadilla. En sus memorias, Panettiere redactó con crudeza el distanciamiento emocional que sintió hacia la recién nacida en sus primeros días de vida: “Siempre había oído que las madres sienten una oleada instantánea de amor en el momento en que ven a su bebé, pero yo no sentí nada”, recordó sobre la insuperable tarea que le significaba intentar conectar con Kaya.
Aquel “apagón emocional”, sumado a las dificultades para calmar el llanto de la pequeña, la condujo a buscar una vía de escape en el consumo de alcohol, una dinámica que se volvió cotidiana e insostenible cuando se reincorporó a las grabaciones de la serie Nashville. La situación escaló a tal punto que la actriz confesó que llegó a necesitar del alcohol simplemente para poder levantarse de la cama: “Son las 6 de la mañana y estoy intentando emborracharme. Ni en mi hija, ni en mi trabajo, ni en el resto de mi vida... Necesitaba beber para poder funcionar y eso era una mierda”.
El momento en que Panettiere debió renunciar a Kaya
A los cuatro meses del nacimiento de Kaya, Panettiere ingresó a una clínica de rehabilitación donde le diagnosticaron depresión posparto. Sin embargo, el tratamiento médico le sumó un nuevo problema de dependencia a través de psicofármacos como el Klonopin, que la hacían sentir como un "zombie". La combinación de medicamentos y recaídas con el alcohol terminaron por resentir su carrera y desgastar su relación sentimental con Wladimir Klitschko. Cuando ella le planteó el abismo en el que se encontraba, la respuesta del boxeador reveló la incomprensión de su entorno: “—No sé por qué estás tan triste, tenemos una buena vida. La felicidad es una elección—”, le recriminó él, a lo que la actriz retrucó: “¿Crees que mi depresión es una elección?”.
El deterioro de la pareja derivó en el pedido de custodia total por parte de Klitschko. Aunque en un principio intentó resistirse, la protagonista de “Heroes” tomó la desgarradora determinación de no batallar legalmente para enfocarse en su recuperación. “Recuerdo cada segundo de ese día. Cada maldito segundo. Ninguna madre podría olvidar ni una sola cosa del día en que entregó a su hijo en adopción”, rememoró sobre esa jornada que cambió su vida para siempre. Poco después, vendió su casa de Nashville y quedó envuelta en un terreno incierto: sin trabajo, sin pareja y sin su hija a su lado.
Un amor inquebrantable a pesar de la distancia
Pese a las constantes críticas de la opinión pública, que la acusaba de haber abandonado a Kaya, la intérprete siempre se encargó de desmentir esa versión, asegurando que se trató de un acto desinteresado por el bien de la niña. Kaya se mudó a Europa a vivir con su padre, pero Panettiere jamás cortó el lazo con ella. Mantuvo un contacto fluido mediante constantes viajes, visitas y frecuentes videollamadas, a través de las cuales conversaban sobre "cosas realmente profundas".
A lo largo de los años, Panettiere celebró el crecimiento de Kaya describiéndola como una niña "talentosa, sabia, humilde y normal", admirando que hablara múltiples idiomas —inglés, ruso, ucraniano, alemán y francés— y que compartiera con ella la pasión por la equitación y la natación. Pese al dolor por el tiempo perdido debido a las adicciones y la distancia física, Hayden dejó en claro antes de su partida que su mayor consuelo era saber que su hija nunca se sintió abandonada: “Sé que ella sabe que tiene dos padres que harían cualquier cosa por su bienestar para asegurarse de que sea feliz y esté sana. De ninguna manera se siente abandonada, y eso es algo que me he asegurado de tener muy presente”.













