Ante el descenso de las temperaturas que se registra en distintas regiones de la Argentina, incluido el NOA, los especialistas advierten que los adultos mayores constituyen uno de los grupos más vulnerables. Con el envejecimiento, el organismo pierde parte de su capacidad para conservar el calor y responder adecuadamente a los cambios de temperatura.
Las personas mayores de 65 años presentan un riesgo más elevado de sufrir complicaciones durante las jornadas frías, especialmente cuando tienen antecedentes de enfermedades cardiovasculares, respiratorias o metabólicas.
“Con el paso de los años, el cuerpo pierde eficiencia para regular su temperatura. A esto se suma que muchas personas mayores padecen enfermedades crónicas o toman medicación que puede influir en la respuesta del organismo al frío. Por eso, las bajas temperaturas no deben tomarse como una simple incomodidad, sino como una situación que requiere cuidados especiales”, explica Washington Burgos, médico clínico del CMC Santiago del Estero de Boreal Salud.
Las bajas temperaturas provocan una contracción de los vasos sanguíneos, lo que puede elevar la presión arterial y obligar al corazón a realizar un mayor esfuerzo. Al mismo tiempo, pueden favorecer la aparición o el agravamiento de infecciones respiratorias, según describió.
Durante el invierno también suele disminuir la sensación de sed. Esto puede incrementar el riesgo de deshidratación, especialmente entre quienes toman determinados medicamentos, presentan dificultades para movilizarse o dependen de otras personas para acceder a líquidos y alimentos.
Otro aspecto que preocupa a los expertos es que las complicaciones no siempre comienzan con síntomas evidentes.
“La confusión, la somnolencia, el cansancio excesivo o la pérdida del equilibrio pueden ser las primeras manifestaciones de que algo no está bien. No siempre aparecen fiebre o escalofríos intensos. Ante cualquier cambio en el estado habitual de un adulto mayor, es importante consultar rápidamente con un profesional”, agrega el médico.
Las principales señales de alarma son: somnolencia o desorientación, debilidad marcada o dificultad para caminar, escalofríos persistentes, dificultad para respirar, dolor u opresión en el pecho, tos intensa o fiebre, labios o dedos muy fríos o con coloración violácea y cambios repentinos en su comportamiento habitual.











