Una zafra distinta

Cambios en el escenario de la producción de azúcar.

23 Mayo 2005
Por Fernando García Soto

Una zafra atípica está a punto de comenzar en Tucumán. El proceso productivo del azúcar se desarrollará en un contexto distinto a todo lo que se vio anteriormente, con actores de gran fuste que se posicionan en el centro de la escena. Esta nueva realidad, ya instalada y en plena marcha, sin dudas obligará a los empresarios del sector a ser rápidos, ágiles e inteligentes. Fundamentalmente, porque este año, más que nunca, se requerirá que todos actúen en consonancia con objetivos totalizadores, en los que no habrá cabida para posturas individualistas.
Quienes analizan lo que puede ocurrir este año en el sector azucarero plantean que todo girará en torno de dos ejes clave: por un lado, la presencia de un jugador, como Atanor, que de un año a otro pasó de una producción de 73.000 toneladas de azúcar con sus ingenios Marapa y Leales a sumar un potencial de 325.000 toneladas con la compra del ingenio Concepción (datos zafra 2004). Por otra parte, los más pesimistas creen que en la presente temporada se producirá un récord de 1,3 millón de toneladas de azúcar en Tucumán (los optimistas aseguran que se superará sin problemas este volumen), lo que representaría cerca de 300.000 toneladas más que las obtenidas en la campaña pasada. Los pesimistas también pronostican que los ingenios de Salta y Jujuy aportarán 700.000 toneladas durante esta zafra, lo que llevaría la producción total nacional a 2 millones de toneladas de azúcar, cifra que podría ser mayor, a saber de los optimistas.
Lidiar con semejantes volúmenes sin destruir los precios internos será todo un reto para los azucareros, que ya activaron los mecanismos para exportar en esta temporada 460.000 toneladas de azúcar en todo el país, casi el doble de lo que se envió al exterior en la zafra 2004. Debido a que el proceso productivo comenzará con existencias de azúcar, la exportación -de la que participarán todos los factores, incluidos los cañeros- deberá desarrollarse en forma sistemática y a medida que se produce para el mercado interno, de manera que el sector provea al país un volumen similar al de la demanda. Caso contrario, la opción será inmovilizar azúcares a través del sistema de warrants, para que los excedentes no pesen en la plaza local. Hay un acuerdo firmado incluso por representantes de los ingenios Ledesma (Jujuy) y Tabacal (Salta) para que se exporte un 30% de lo que se producirá este año, que demuestra la actitud previsora de los azucareros, que a partir de esta semana tendrá que plasmarse en hechos.
Mientras tanto, Atanor comenzará esta semana a fabricar azúcar y alcohol en el ingenio Concepción, e impondrá su presencia y su forma de trabajo en una actividad que durante años soportó el peso de la mala fama que se ganó en las épocas de las regulaciones. Lo primero que hizo la compañía fabricante de agroquímicos, cuando ocupó la planta de Banda del Río Salí, fue encarar reformas en áreas clave con vistas a mejorar la operatividad de la firma. La expansión de una compañía como Atanor, que factura U$S 300 millones al año (similar a la actividad azucarera en su conjunto y al dinero que mueve la citricultura tucumana), también impactará en el mercado del warrant, del que el ingenio Concepción era un gran participante. En principio, Atanor no necesitaría tomar créditos inmovilizando azúcar, lo que significaría un golpe para el sistema de warrants, que seguramente deberá replantear su estrategia de colocación de $ 50 millones con que se financiaba la firma, que era propiedad de las familias Paz, Viaña y García González.
Cuidar el precio interno con un ordenamiento en la oferta de grandes volúmenes de azúcar y aprender a convivir de la mejor manera posible con un gigante como Atanor serán los desafíos básicos a cumplir en esta zafra atípica.

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