Esa otra juventud

Dós jóvenes tucumanos que sirven de ejemplo a sus comprovincianos.

23 Mayo 2005
En fecha reciente, dimos cuenta del premio que obtuvo un joven estudiante secundario tucumano, de 16 años, en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería, realizada en los Estados Unidos. Su investigación, desarrollada durante dos años, sobre la resistencia y la ductilidad del hilo que produce la araña "Nephila clavipes", le valió el cuarto premio y una beca. Un jurado integrado por ganadores del premio Nobel distinguió este trabajo, entre los presentados por un millar y medio de investigadores de todo el mundo. En la misma feria, fue agraciado con una mención otro tucumano, estudiante secundario de 17 años, de Concepción, que logró elaborar un detergente biodegradable a través de frutos del "solanum claviceps", conocidos como "pocotes" en el lenguaje común. La mención le permitirá exponerlo en la próxima feria, a realizarse en Chile.
A partir de estas referencias, puede intentarse cierta reflexión, que creemos conveniente y oportuna. Algo común de nuestro tiempo es la desencantada queja de los adultos por la conducta de la juventud. Ponemos el grito en el cielo por su falta de preocupación hacia todo lo que no sea la diversión nocturna cada vez más desordenada, la televisión y el juego con computadoras y teléfonos celulares. Se la critica por carecer de preocupaciones culturales y cívicas, así como de toda inclinación seria a participar, en un futuro próximo, de los puestos directivos que la sociedad reserva a las nuevas generaciones.
Justamente, datos como los expuestos al comienzo indican el peligro que encierra esa simplificación. Así como hay jóvenes que piensan exclusivamente en cómo pasarla bien, a título de valor supremo, existen simultáneamente otros (cuyo número, que sepamos, no ha sido precisado por las estadísticas) con inquietudes totalmente distintas. Estos otros no solamente son capaces de estudiar de modo concienzudo, sino también de internarse en el difícil camino de la investigación científica. Y hasta de producir, como vimos, descubrimientos cuyo valor termina reconocido por expertos.
Tales sectores de la juventud deben también ser puestos en la balanza, para relativizar aquellos juicios catastróficos sobre la nueva generación. Y también para que el Estado y la sociedad busquen el modo de fomentar, en el conjunto, aptitudes sobre cuyo provecho general resulta innecesario abundar. Sin duda, deben existir muchos estudiantes primarios y secundarios dotados de vocación para el estudio y para la investigación, con inquietudes que se apagan paulatinamente ante la falta de comprensión y de estímulo. Es función del cuerpo social detectar esos casos, y aportarles todos los medios y posibilidades para que puedan abrirse camino.
Pensamos que, en las escuelas y colegios, habría que efectuar relevamientos sobre estas disposiciones intelectuales, así como certámenes que les permitan manifestarse. Y una vez revelado un serio interés, correspondería desarrollar de inmediato una política concreta de aliento, expresada en la instrucción y guía por parte de personal especializado, así como en el apoyo económico correspondiente. De ese modo, la comunidad mostraría que valora las preocupaciones de esa juventud, por una parte, mientras, por la otra, haría posible que se produzcan asimismo fenómenos de emulación, como suele ser frecuente en estos casos.
En suma, si tenemos elementos jóvenes que revelan inquietudes y aptitudes importantes, la acción de estímulo resulta fundamental, y ella debe ser preocupación tanto del Gobierno como de la comunidad educativa y de la sociedad en general. No debe olvidarse que estamos hablando del capital humano más significativo con que contamos.

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