Quién fue Jorge Messi, el padre y representante que acompañó a Lionel desde Rosario hasta la cima del fútbol

Desde Grandoli y Newell’s hasta Barcelona, PSG e Inter Miami, Jorge Messi fue mucho más que el representante de Lionel: lo acompañó desde chico y lo protegió su carrera

Rodrigo, María Sol, Jorge, Celia y Matías sentados mientras los escolta Leo para una producción de El Gráfico del 2003 en la casa de Rosario.
Rodrigo, María Sol, Jorge, Celia y Matías sentados mientras los escolta Leo para una producción de El Gráfico del 2003 en la casa de Rosario.
Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • La muerte de Jorge Messi, padre y representante de Lionel Messi, conmocionó al fútbol tras una vida guiando la carrera de su hijo desde Rosario hasta la cima mundial.
  • Jorge acompañó a Lionel a Barcelona a los 13 años para costear su tratamiento médico, asumiendo su representación y construyendo un imperio comercial con perfil bajo.
  • Su legado consolida una estructura empresarial de más de 1.000 millones de dólares que Lionel empieza a gestionar pensando en su futuro tras el retiro deportivo.
Resumen generado con IA

Durante casi tres décadas, Jorge Messi estuvo en algunos de los momentos más importantes de la carrera de Lionel Messi. Estuvo cuando era apenas un chico en Grandoli, cuando pasó por las inferiores de Newell’s, cuando apareció la posibilidad de probarse en River y cuando, con sólo 13 años, hubo que tomar una decisión que cambiaría para siempre la historia de la familia: dejar Rosario para apostar por Barcelona.

Después llegaron los contratos millonarios, los acuerdos comerciales, los cambios de club y una estructura empresarial construida alrededor de uno de los deportistas más importantes del planeta. Pero Jorge siempre mantuvo una regla: estar sin ocupar el centro de la escena.

Su muerte generó un profundo impacto en el mundo del deporte. Porque detrás de la carrera extraordinaria de Lionel hubo también una historia menos visible: la de un padre que pasó de trabajar durante largas jornadas en Rosario a convertirse, casi de manera intuitiva, en el hombre que administró y protegió la carrera de su hijo.

Jorge había conocido el fútbol antes que Lionel. Fue mediocampista en las inferiores de Newell’s, aunque su camino deportivo terminó antes de tiempo. Hijo de Eusebio, aprendió de él el oficio de albañil y juntos construyeron la casa familiar de Lavalleja, en el sur rosarino. Luego tuvo distintos trabajos, estudió para convertirse en técnico químico e ingresó a Acindar, donde desarrolló buena parte de su vida laboral.

Mientras tanto, el fútbol empezó a ocupar cada vez más espacio dentro de la familia.

Jorge acompañó desde pequeño a Lionel, entonces conocido como “Piqui”, y rápidamente advirtió que había algo diferente en ese chico que parecía tener la pelota pegada al pie. Lo entrenó en Grandoli y siguió cada paso de su crecimiento. Sin estridencias, comenzó a asumir una tarea que después mantendría durante toda la carrera del futbolista: protegerlo para que pudiera concentrarse en jugar.

Uno de los primeros grandes desafíos apareció cuando se detectó que Lionel necesitaba un tratamiento hormonal para crecer. La familia buscó alternativas en Argentina, pero las dificultades económicas terminaron empujándola hacia una posibilidad que entonces parecía extraordinaria: Barcelona.

La decisión implicaba mucho más que cambiar de club. Significaba abandonar Rosario, el trabajo, los afectos y una vida construida durante años para apostar por el futuro de un chico de 13.

Antes de aceptar, Jorge y Celia reunieron a sus hijos. Rodrigo, Matías, Lionel y María Sol participaron de una decisión que modificaría para siempre el destino familiar. 

Se fueron. Y ahí comenzó probablemente el tramo más difícil de la relación entre Jorge y Lionel.

La adaptación en Barcelona estuvo lejos de ser sencilla. Celia terminó regresando a Rosario con los otros hijos mientras Jorge permaneció en España junto a Leo. Los dos atravesaron la distancia, la incertidumbre y los problemas que surgieron mientras el club terminaba de definir el futuro del adolescente.

Años después, Messi recordó uno de esos momentos. “Mi viejo estuvo siempre conmigo. Vivimos muchas cosas feas. Por ahí yo me encerraba a llorar solo en la pieza. O él sin que lo vea. Hacíamos que estábamos bien los dos, pero estábamos mal”, contó en una entrevista realizada en Rosario en 2007.

Entonces llegó una pregunta decisiva. “Mi viejo me preguntó: ‘¿Qué querés hacer? ¿Querés seguir o nos volvemos?’. Yo quise seguir y él se quedó conmigo”.

Quizás pocas escenas expliquen mejor la relación entre ambos. Jorge no decidió por Lionel. Le preguntó qué quería hacer y, cuando su hijo eligió quedarse, permaneció a su lado.

De padre a representante

El rol de Jorge fue transformándose al mismo ritmo que crecía la carrera de Messi. Poco después de la llegada a Barcelona comenzó a involucrarse directamente en las negociaciones. Detectó situaciones que no lo convencían entre quienes intermediaban por la familia y decidió asumir personalmente la representación.

No tenía formación empresarial ni provenía del mundo de los grandes agentes deportivos. Aprendió sobre la marcha.

Con los años terminó construyendo una estructura profesional encargada de administrar contratos, comunicación, acuerdos comerciales y cada una de las propuestas que rodeaban al futbolista.

Pero había una característica que nunca cambió: su perfil bajo.

Mientras Lionel se convertía en una figura mundial, Jorge reducía cada vez más sus apariciones públicas. Concedió pocas entrevistas y sus declaraciones solían limitarse a momentos específicos. Su tarea ocurría detrás de escena.

Estuvo en las grandes negociaciones de Barcelona, en la traumática salida hacia PSG y también en el desembarco en Inter Miami. Cuando era necesario, aparecía. Cuando no, volvía a desaparecer.

Ese método también había estado presente desde los primeros días.

Durante una prueba en River, cuando Lionel tenía poco tiempo para mostrar sus condiciones, Jorge le advirtió desde detrás del alambrado: “Fijate si te ponen, que se va a terminar la prueba”.

En Barcelona volvió a intervenir cuando los entrenadores le pedían al pequeño Messi jugar rápido y a pocos toques. “Hacé lo que sabés. Agarrás la pelota y directo al arco. Mostrate como sos”, le dijo.

Después prácticamente dejó de hablar de fútbol en público.

Una estructura alrededor de Messi

La dimensión que alcanzó la carrera de Lionel obligó a Jorge a transformarse nuevamente. Ya no alcanzaba solamente con ser representante. Alrededor del futbolista comenzaron a aparecer contratos publicitarios, inversiones, acuerdos internacionales y propuestas provenientes de distintas partes del mundo.

Jorge organizó equipos especializados para analizar cada área y funcionó como primer filtro de ese universo.

Adidas, Pepsi, Budweiser, Hard Rock, Cirque du Soleil y el Ministerio de Turismo de Arabia Saudita fueron algunas de las marcas y organizaciones que desarrollaron acuerdos alrededor de la figura de Messi.

La dimensión económica acompañó al éxito deportivo. Lionel se instaló durante años entre los atletas con mayores ingresos del planeta y su patrimonio terminó superando los 1.000 millones de dólares.

Pero el objetivo de la estructura familiar parecía mantenerse: que Messi pudiera seguir siendo futbolista antes que cualquier otra cosa.

Jorge fue padre, representante y administrador. En ese orden.

También fue quien intervino cuando aparecieron problemas. Lo hizo cuando Newell’s no podía afrontar el tratamiento hormonal, cuando Barcelona demoraba el cumplimiento de los compromisos asumidos con la familia y cuando llegó el momento de negociar cada uno de los grandes movimientos de la carrera de Lionel.

Incluso cuando el apellido Messi ya representaba una marca global, eligió permanecer lejos de las cámaras.

La misma forma de entender la vida

En los últimos años, Lionel comenzó a involucrarse cada vez más en los negocios que durante tanto tiempo habían quedado en manos de su padre y de su círculo de confianza.

“El fútbol tiene una fecha de caducidad, lamentablemente. En algún momento se termina”, explicó alguna vez el argentino al hablar de su creciente interés por el mundo empresarial.

Era, de alguna manera, una transición.

Durante buena parte de su carrera pudo dedicarse casi exclusivamente al fútbol porque detrás existía una estructura encargada de resolver lo demás. Jorge había sido una de las piezas centrales de ese sistema.

El periodista Guillem Balagué, autor de una de las biografías del futbolista, alguna vez describió la relación entre ambos: “Son los dos discretos, igualmente reservados. Hechos con el mismo molde para tantas cosas”.

Jorge pasó buena parte de su vida intentando que los flashes apuntaran hacia otro lado. Casi siempre lo consiguió. Aunque estuvo ahí, desde el principio. 

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