Recuerdos fotográficos: 2002. El adiós de la casi centenaria Casa Saguir

En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.

Recuerdos fotográficos: 2002. El adiós de la casi centenaria Casa Saguir

El 26 de octubre de 2002 comenzó la demolición del edificio de dos plantas de la Casa Saguir, la tienda de ropas “para la familia” que había adornado la cuadra de Mendoza al 600 durante casi todo el Siglo XX, Construida en 1909, perteneció a Guillermo Remis. Luego fue alquilada por Miguel Saguir, quien instaló allí la que se transformaría en una de las tiendas más tradicionales de Tucumán.

Saguir era oriundo de la ciudad de Idlib, Siria; se trasladó con su familia y entusiasmó a amigos de esa región, de apellidos Ganum, Yabra y Cabbad, a afincarse en el Tucumán de comienzos del siglo XX, según contó Julio Saguir, nieto del fundador del establecimiento. Ubicada en el 675 de Mendoza, casi esquina Maipú, era una tienda de ropa para toda la familia, que incluía “blanco”, es decir, las cosas necesarias para el hogar. Aún hoy son recordados los pantalones que se confeccionaban en Casa Saguir, que en los años 70 abrió una sucursal a mitad de cuadra, frente a LA GACETA, y el comercio dividió su rubro: el de la esquina tenía ropa para hombres y blanco, y el de mitad de cuadra, para mujeres y niños. La segunda foto muestra la inauguración de los años 70. Ambas tiendas estaban conectadas por los fondos.

Recuerdos fotográficos: 2002. El adiós de la casi centenaria Casa Saguir

La crisis de los 90 llevó al cierre del comercio en 1994, y la piqueta puso fin al inmueble a comienzos de noviembre de 2002. En esos días la directora de Planeamiento Urbano, Isabel Salas, dijo que el edificio, de noble arquitectura, no formaba parte del patrimonio municipal, pero bien podría haber tenido valor social, como habían sido los casos de los también demolidos El Buen Gusto y Ñaró.

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