"En un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad. En las calles de las ciudades, se celebran las ceremonias. Cada vez que un delincuente cae acribillado, la sociedad siente alivio ante la enfermedad que la acosa. La muerte de cada malviviente surte efectos farmacéuticos sobre los bienvivientes".
Eduardo Galeano
El grito de ¡justicia! resuena en Argentina. Los resistidos fallos de camaristas que determinaron que María Julia Alsogaray y Omar Chabán queden en libertad motivaron distintas reacciones. Desde la violencia de los familiares de las víctimas de Cromagnon a la injerencia del mismo presidente de la Nación, Néstor Kirchner, que considera que las resoluciones son un cachetazo a la sociedad.
Pero, ¿qué exige el ciudadano cuando pide justicia? La primera respuesta es castigo. No importa nada más que ver a quien cree culpable (aun antes de que así se dictamine en un juicio) detrás de las rejas. La incógnita en este caso es si realmente esa es la justicia que se necesita. Los jueces María Garrigós de Rébori y Gustavo Bruzzone firmaron la excarcelación de Chabán. ¿Se equivocaron? Actuaron dentro de la ley. El Código Procesal los faculta para tomar esa decisión. Durante su paso por Tucumán, una de las dos vocales de la Corte, Elena Highton de Nolasco, opinó: "el juez siempre está en medio de un conflicto, en el que cada parte trata de lograr lo mejor, aunque a veces con metodologías violentas o fuera de un contexto adecuado. Pero, aun cuando reciba presiones políticas no debe aceptarlas y debe resolver con independencia lo que corresponda". Los magistrados argentinos, en una actitud que Kirchner juzgó como corporativa, salieron a defender a Bruzzone y a Garrigós de Rébori, pero sobre todo pidieron que la independencia de poderes sea respetada. ¿Qué piden los familiares de las víctimas de Cromagnon? Justicia. ¿Resolvieron justamente los jueces? Sí, la ley los ampara. El incendio que se llevó 193 vidas y dejó secuelas en centenares de personas debe tener culpables. Eso se dirimirá en un juicio (y posteriormente casi con seguridad en la Corte Suprema, por las seguras apelaciones). El error de los jueces fue posterior. Alegaron que las derivaciones que había tenido su fallo les provocaban falta de tranquilidad espiritual. ¿No sabían que su resolución iba a ser rechazada por los principales afectados de la tragedia? Por otro lado, es evidente que Chabán no es el único responsable. El Estado estuvo ausente. Ayer, el jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, advirtió que si quieren imputarlo por la tragedia deberían hacerlo también por cada uno de los accidentes que se producen en su ciudad. Ibarra, además de funcionario, es abogado. Conoce la ley. Debe saber que cuando el Estado falla lo más probable es que haya consecuencias nefastas.
La excepción
Los gobernantes suelen quejarse de que los medios únicamente critican, y pocas veces destacan las obras que se hacen. Parecen no entender que si están en ese puesto es justamente para que las cosas se hagan bien. Es su trabajo. La falla debería ser la excepción, y no como sucede generalmente en Argentina, la regla.
Así como ahora se escucha cada vez más que existe una corriente jurídica garantista, también toma auge la Justicia Restaurativa. Allí intervienen todas las partes afectadas (Justicia, víctima y acusado) no sólo para plantear la posibilidad de un castigo sino para avanzar en una restauración del mal causado, y aún más, en cómo tratar de que la agresión no se repita. Todo delito tiene una base en falencias estatales. Platón indicaba que es preciso que los ciudadanos sometidos a la ley piensen que sólo es feliz el justo. Por esto justificaba la mentira del Estado cuando garantiza la obediencia de la ley y acepta que para el gobierno la justicia, o sea lo legal, se encuentre por encima de la verdad. Y lo dijo hace 24 siglos.




