Andrés Nader,un legado humanista

La biografía de Andrés Nader, escrita por Honoria Zelaya con la colaboración de sus hijas, Evelina “Puppi” y Elsita Nader, accede con libertad a recuerdos familiares, documentos y fotografías. El resultado es una biografía-homenaje que combina investigación histórica y recursos de la narrativa para preservar la memoria de quien fuera pionero del psicoanálisis en nuestra provincia.

ANDRÉS NADER. Aporte valioso sobre la salud mental tucumana.
ANDRÉS NADER. Aporte valioso sobre la salud mental tucumana.
Hace 6 Hs

Por Raúl Masino
Para LA GACETA - TUCUMÁN

La cercanía afectiva con el biografiado no constituye un defecto, aunque explica el predominio de los aspectos más luminosos de su figura. La obra no pretende ser una biografía crítica sino transmitir un legado. Desde esa perspectiva, Zelaya no solo reconstruye la trayectoria de Nader: procura comprender quién fue, cómo pensaba y cuál fue el sentido de su vida. Su existencia es poetizada por la autora, allí su muerte es tratada con tal sutileza literaria que da la impresión que él no ha muerto.

Desde sus raíces árabes y las expectativas depositadas en el hijo primogénito hasta su formación médica en Córdoba y su especialización en Alemania, emerge la figura de un hombre comprometido con el desarrollo del psicoanálisis. Los testimonios de discípulos y pacientes, junto con la inclusión del texto Ideología y cambio y las referencias a Enrique Pichón-Rivière y Marie Langer, sitúan su trayectoria en el contexto de la expansión del psicoanálisis argentino y del intenso clima intelectual y político de su época.

Uno de los principales aciertos del libro es el testimonio de Brigitte Bogner de Nader. Su voz introduce un necesario contrapunto al tono celebratorio predominante. Las dificultades iniciales con el idioma alemán y los desmañados inicios en su tarea clínica en su beca de perfeccionamiento en psicoanálisis en Alemania, las pequeñas torpezas de la vida cotidiana y la construcción compartida de un proyecto familiar revelan un Andrés Nader más humano que, sin disminuir la admiración que inspira, lo vuelven más auténtico.

Especial significación adquiere la carta enviada a sus padres con motivo del nacimiento de su primera hija, donde celebra la llegada de una niña y cuestiona, con delicado humor, la tradición familiar que privilegiaba al primogénito varón. La hija es apodada Puppi, del alemán Puppe (muñeca). Ese sobrenombre cruza el océano, conservando la memoria de los años vividos en Alemania, significando el encuentro entre dos culturas que marcó la historia de la familia Nader.

En el tramo final, Zelaya, escritora de cuentos infantiles, establece un diálogo cuasi identificatorio con el pensamiento del biografiado. La idea de que los cuentos no curan la enfermedad, pero amplían el horizonte interior del niño que sufre, sintetiza una profunda concepción humanista. La palabra no posee un poder mágico, pero ofrece recursos simbólicos para afrontar el dolor, sostener la esperanza y ampliar el mundo interior.

Más que un examen crítico exhaustivo, el libro constituye un homenaje a Andrés Nader y a una ética del cuidado fundada en el valor de la palabra imbricada con el psicoanálisis. Esa elección define su identidad y explica por qué la obra trasciende el relato biográfico para convertirse en la transmisión de un legado humanista que continúa inspirando nuevas formas de comprender y acompañar al otro.

© LA GACETA

Raúl Masino – Médico psiquiatra y psicoanalista.

PERFIL

Nacido en 1928, Andrés Nader vivió 58 años de intensa producción intelectual y clínica. Estudió medicina en Córdoba y posteriormente, obtuvo una beca para perfeccionarse en Alemania, donde se formó en instituciones de gran prestigio con figuras como el Dr. Ernst Kretschmer -candidato al Premio Nobel de Fisiología y Medicina 1929- y en el Instituto de Psicología de Gotinga. También se especializó en el Instituto de Harald Schultz-Hencke, referente del Neopsicoanálisis. De regreso a Tucumán, con una visión vanguardista, introdujo en los años 60 la corriente de la Psicología Profunda en un ámbito académico dominado por enfoques biologicistas y tradicionales. Su liderazgo carismático y su vocación docente lo convirtieron en 1964 en Profesor Titular de la Cátedra de Psicología Profunda en la recién creada carrera de Psicología de la UNT, formando a las primeras generaciones de psicólogos clínicos de la provincia.

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