La isla donde se nace, se vive y se muere siendo esclavo: el lado más siniestro a dos horas de un paraíso turístico

A dos horas de Bali, en la isla de Sumba, miles de personas heredan la condición de esclavos de generación en generación. Los testimonios hablan de golpes y abusos sexuales.

SUMBA. Habitantes de la isla se trasladan en la caja de una camioneta por los caminos rurales del interior. / BAY ISMOYO/AFP
SUMBA. Habitantes de la isla se trasladan en la caja de una camioneta por los caminos rurales del interior. / BAY ISMOYO/AFP
Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • En Sumba, Indonesia, miles de personas sufren hoy esclavitud hereditaria bajo la casta noble debido a tradiciones ancestrales que perpetúan abusos y trabajo forzado.
  • Aunque Indonesia abolió la esclavitud formalmente, el aislamiento geográfico y la fe marapu mantienen este sistema donde los sirvientes trabajan sin paga y sin derechos.
  • El acceso a la educación y las denuncias de ONG empiezan a abrir grietas en el sistema, impulsando a las nuevas generaciones a buscar su libertad ante la inacción estatal.
Resumen generado con IA

Dos hombres mastican nueces de betel sentados frente a una casa de techo cónico, en la isla Indonesia de Sumba. Uno tiene 34 años y se llama Kanisius Kanyali Hambarita. El otro, tres años menor, se llama Umbu Ana Rara. A simple vista nada los distingue: visten camiseta y sarong, duermen sobre la misma estera y ninguno tiene señal en el celular.

Pero uno es dueño del otro.

Kanisius es esclavo de Umbu Ana Rara desde que nació, como lo fue su padre y como lo será, probablemente, cualquier hijo que tenga. "No me opongo a ello, así son las cosas. No es una carga. Es el símbolo de una tradición heredada de nuestros antepasados", dice frente a su amo, que a menudo termina las frases por él.

KANISIUS Y UMBU. A simple vista parecen dos vecinos más de Sumba. Pero Kanisius Kanyali Hambarita nació como esclavo de Umbu Ana Rara y sigue bajo su autoridad por una tradición que sobrevive desde hace siglos. / BAY ISMOYO/AFP KANISIUS Y UMBU. A simple vista parecen dos vecinos más de Sumba. Pero Kanisius Kanyali Hambarita nació como esclavo de Umbu Ana Rara y sigue bajo su autoridad por una tradición que sobrevive desde hace siglos. / BAY ISMOYO/AFP

A dos horas de avión de las playas de Bali, en Sumba hay hombres y mujeres que viven como esclavos desde que nacen hasta que mueren. Trabajan sin salario, pasan de un dueño a otro como herencia y, en el caso de las mujeres, muchas sufren violaciones. Todo por el peso de la tradición.

Una tradición de siglos

La esclavitud en Sumba se remonta al siglo XVI, según los historiadores. Indonesia la abolió oficialmente en 1860, bajo dominio neerlandés, pero en esta isla sigue muy arraigada, sobre todo en el este. Sumba tiene 685.000 habitantes. El 80% son cristianos, en un país de mayoría musulmana.

La sociedad se divide en tres castas. Lo explica Martha Hebi, experta en el tema y fundadora de la ONG Solidaridad para las Mujeres y los Niños de Sumba (Sopan): están los maramba, nobles y grandes terratenientes; los kabihu, la gente común; y los atas, los esclavos o sirvientes.

DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN. Una mujer enseña a tejer con técnicas tradicionales, un oficio que se transmite de generación en generación en la isla. / SUMBA. Una mujer enseña a tejer con técnicas tradicionales, un oficio que se transmite de generación en generación en la isla. / BAY ISMOYO/AFP DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN. Una mujer enseña a tejer con técnicas tradicionales, un oficio que se transmite de generación en generación en la isla. / SUMBA. Una mujer enseña a tejer con técnicas tradicionales, un oficio que se transmite de generación en generación en la isla. / BAY ISMOYO/AFP

A menos que el amo lo libere, el esclavo no puede perder su condición ni siquiera con el matrimonio.

Los maramba son dueños de la tierra, las vacas y los caballos de carrera que después exportan. Los atas, mientras tanto, trabajan de la mañana a la noche: cultivan los campos, aran con búfalos y se ocupan de la casa, los chicos y los animales. El trato depende de cada amo.

Existen otras formas de trabajo forzado en Indonesia, como la servidumbre por deudas entre los dayak de Borneo, según el historiador Bondan Kanumoyoso, de la Universidad de Indonesia en Depok. Pero la esclavitud de Sumba es distinta: está ligada al marapu, una religión local que combina el animismo, el culto a los antepasados y el mundo de los espíritus. Según la leyenda, cuenta el sacerdote de esa fe Umbu Remi Deta, los maramba obtuvieron atas al llegar a la isla.

Nadie sabe con precisión cuántos esclavos hay hoy. Una asistente social que pidió mantener el anonimato calcula unos 1.700 solo en el distrito de Sumba Oriental, que tiene 350.000 habitantes. Otras estimaciones hablan de miles.

ALGUNOS NACIERON ESCLAVOS. Un grupo de hombres se dirige a una ceremonia tradicional en la isla. / BAY ISMOYO/AFP ALGUNOS NACIERON ESCLAVOS. Un grupo de hombres se dirige a una ceremonia tradicional en la isla. / BAY ISMOYO/AFP

"Me pegaban"

Sumba está a 2.000 kilómetros de Yakarta y a mil de Bali. Esa distancia la mantuvo aislada durante siglos. En el 1500 los portugueses, y después la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, se abastecían ahí de madera de sándalo y de esclavos, que enviaban a Batavia (la actual Yakarta) y hasta Madagascar o Mauricio, según el antropólogo británico Rodney Needham.

La modernidad no cambió el sistema. "He sufrido bastante desde mi infancia", cuenta M., un ata de unos 40 años, a las afueras de su pueblo, Napu. Su nombre real no se revela para proteger su seguridad.

"Me pegaban porque no trabajaba o porque no lo hacía como debía", dice. "En cuanto volvía del colegio, tenía que volver a trabajar: arrancar la hierba, dar de comer a los cerdos".

ENTRE LA TRADICIÓN Y LA LEY. Las viviendas con techos cónicos forman parte del paisaje de Sumba, donde todavía persiste un sistema de castas heredado de siglos atrás. BAY ISMOYO/AFP ENTRE LA TRADICIÓN Y LA LEY. Las viviendas con techos cónicos forman parte del paisaje de Sumba, donde todavía persiste un sistema de castas heredado de siglos atrás. BAY ISMOYO/AFP

Abusada desde los 13

La violencia no es solo física. "Según la tradición, el amo tiene derecho, entre comillas, a 'utilizar' a su sirvienta", confirma Marlin Lomi, pastora y presidenta del sínodo protestante de Sumba Oriental.

Un maramba lo admite bajo anonimato: "Si una esclava me gusta pero se niega, golpearé a su marido".

"Las relaciones sexuales no se consideran una violación. Según ellos, solo se trata de ejercer su autoridad sobre lo que les pertenece", explica Andy Yentriyani, expresidenta de la Comisión Nacional contra la Violencia hacia las Mujeres.

DOBLE VULNERABILIDAD. En Sumba, muchas esclavas realizan tareas domésticas y rurales sin salario y algunas también denuncian abusos y violencia sexual. / BAY ISMOYO/AFP DOBLE VULNERABILIDAD. En Sumba, muchas esclavas realizan tareas domésticas y rurales sin salario y algunas también denuncian abusos y violencia sexual. / BAY ISMOYO/AFP

Los casos de abuso casi nunca se denuncian, según Martha Hebi, porque las víctimas no se animan a hablar. En 2024 una esclava de 18 años rompió ese silencio: había sido violada desde los 13 por su amo y por el hijo de este, quedó embarazada y tuvo un hijo antes de presentar la denuncia ante la policía de Waingapu, la ciudad principal de la isla.

Según la prensa local, se interrogó al principal sospechoso y a otras diez personas. Dos años después, la investigación seguía sin cerrarse, según Dian Sasmita, de la Comisión Indonesia para la Protección de la Infancia. La joven fue acogida primero por una ONG y hoy vive en su aldea, bajo protección.

AISLADA. A unas dos horas de vuelo de Bali, la isla indonesia de Sumba conserva prácticas ancestrales que conviven con las leyes que prohíben la esclavitud. / BAY ISMOYO/AFP AISLADA. A unas dos horas de vuelo de Bali, la isla indonesia de Sumba conserva prácticas ancestrales que conviven con las leyes que prohíben la esclavitud. / BAY ISMOYO/AFP

Cambiar la mentalidad de los nobles va a llevar tiempo, reconoce Gidion Mbilijora, exjefe de distrito de Waingapu entre 2008 y 2021. Él mismo tiene dos atas. En el funeral de un noble al que asistió hubo 4.000 invitados, entre ellos los atas, y se sacrificaron dos caballos según el rito marapu.

Hasta comienzos de los 90 la policía vigilaba estos funerales por temor a sacrificios humanos, según la antropóloga estadounidense Janet Hoskins. La costumbre marcaba que un noble debía ser enterrado junto a uno de sus esclavos.

Lo que dice la ley — y lo que pasa en la práctica

Indonesia prohíbe la esclavitud. La Constitución de 1945 establece que nadie puede ser sometido a esclavitud ni a servidumbre, y el Código Penal castiga a quien prive a otra persona de su libertad. Pero el mismo código reconoce ciertas formas de derecho consuetudinario.

"Indonesia es una sociedad extremadamente plural y el desarrollo social no es el mismo según los grupos étnicos", dice el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Yusril Ihza Mahendra. "El Gobierno no quiere imponer cambios bruscos, sino acompañar el desarrollo social de cada comunidad paso a paso".

El portavoz de Amnistía Internacional Indonesia, Haeril Halim, cuestiona esa postura: asegura que el Gobierno no tomó ninguna medida para eliminar las prácticas esclavistas.

FAMILIA MARAMBA. En la isla, el sistema de castas aún condiciona la vida cotidiana de miles de personas. / BAY ISMOYO/AFP FAMILIA MARAMBA. En la isla, el sistema de castas aún condiciona la vida cotidiana de miles de personas. / BAY ISMOYO/AFP

Grietas en el sistema

Algunos nobles empujan cambios, aunque a su propio ritmo.

El abuelo de Norlina Rambu Jola Kalunga, al frente de la comunidad protestante de Sumba Central, liberó en su momento a todos los atas de esa región. Pero ella, exrectora de la Universidad Cristiana de Sumba, todavía no logró emancipar a las cinco sirvientas de las que se hizo cargo al casarse con un noble del este de la isla.

Tamu Rambu Margaretha, de 54 años, tiene una historia parecida. Llegó a Waingapu en 1969 con sus cinco sirvientas para casarse con un noble, siguiendo una costumbre que, dice, existe "desde los tiempos de nuestros antepasados". Hoy todos viven juntos, con los hijos de ambas partes, en las propiedades de la familia.

Pero mandó a todas sus atas al colegio junto a sus propios hijos, algo que antes no ocurría. "Si alguien es analfabeto, hay muchas cosas que no entenderá, no sabrá qué está bien o mal", explica.

Cubre los gastos de sus sirvientas y asegura que no se opondría si quisieran irse. Según ella, ninguna lo pidió nunca, por razones económicas.

"Me labré mi propio camino"

"Un día esto va a cambiar", dice el exjefe de distrito Gidion Mbilijora. "Los avances de la ciencia, del conocimiento y de la tecnología van a permitir que la gente de clase baja se dé cuenta de que este vínculo social ya no tiene sentido".

M., el esclavo de Napu que de chico recibía golpes, lo entendió hace tiempo. "Veía al maramba, su forma de vivir. Me decía a mí mismo: 'Es tan fácil para ellos darnos órdenes así'. Pero no me rebelé directamente. Me labré mi propio camino".

KANISIUS. Nació esclavo y continúa al servicio de la familia de su amo, como ocurrió con su padre y sus antepasados. / BAY ISMOYO/AFP KANISIUS. Nació esclavo y continúa al servicio de la familia de su amo, como ocurrió con su padre y sus antepasados. / BAY ISMOYO/AFP

Hoy vive con su esposa y sus cuatro hijos en una casa que le presta el mismo maramba que lo maltrataba. Cultiva maíz y mandioca en un terreno prestado y cría gallinas y cerdos. "Hay leyes que nos protegen. Tal vez el maramba lo entienda: ya no nos molesta demasiado".

Gracias a la venta de animales y a becas del Gobierno, pudo mandar a dos de sus hijos a la universidad. "Si tenemos conocimiento, somos libres", asegura. "Les digo a mis hijos: no quiero que pasen por lo que yo pasé".

ATARDECER. El sol cae sobre Sumba, una isla donde la tradición todavía marca el destino de cientos de personas. / BAY ISMOYO/AFP ATARDECER. El sol cae sobre Sumba, una isla donde la tradición todavía marca el destino de cientos de personas. / BAY ISMOYO/AFP

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