Es evidente que España planteó mejor el partido final del Mundial y que hubo asimismo errores tácticos evidentes en la estrategia de Scaloni, quien erró con los cambios; por ejemplo, no hacer jugar a Lautaro Martínez para agregarle vértigo al ataque argentino y evitar que la defensa española se adelantara. De todos modos no es tanto el mérito de los peninsulares. Son el anti-fútbol: con un planteo mezquino y especulador, juegan a no dejar jugar y le quitan toda pasión creativa al juego. Destaco la entrega enorme de la Selección que sin dudas se erigen como un ejemplo a seguir. Y por cierto que la satisfacción de haberles ganado a los ingleses fue lo mejor, a quienes con toda justeza Villarruel calificó de piratas usurpadores: la mayor metáfora de tal cosa es el Museo Británico, una obscena ostentación de todo lo que se robaron a lo largo de los siglos. Ese glorioso trapo de “Las Malvinas son argentinas” que mostraron con fiereza y orgullo nuestros jugadores resultó simplemente conmovedor.
Roberto Buffo
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