Cartas de lectores: Planificar la ciudad

Hace 11 Hs

He leído con atención la nota “Garber, sobre el planteo de la SAT: ‘no se puede ir en contra del progreso’ “ y creo que el debate merece una mirada un poco más amplia. Como ingeniero civil, no veo a las posiciones de la SAT y de la Cámara Tucumana de la Construcción como contrapuestas. Más bien reflejan un mismo problema desde lugares distintos. La SAT tiene la obligación de advertir cuando la infraestructura existente ya no alcanza. La Cámara de la Construcción defiende una actividad que genera inversiones, empleo y viviendas. Ambos planteos son legítimos. A mi juicio, el verdadero inconveniente es otro. San Miguel de Tucumán sigue creciendo con redes de agua, cloacas y desagües que, en muchos sectores, fueron proyectadas hace más de medio siglo para una ciudad completamente distinta. No sólo había menos habitantes; también eran diferentes las alturas de los edificios, el consumo de agua y las exigencias de los servicios urbanos. Por eso no comparto ni la idea de paralizar la construcción ni la de seguir autorizando emprendimientos sin un programa serio de obras de infraestructura. Las dos cosas deben avanzar juntas. Hace falta un plan integral que piense la ciudad dentro de treinta o cincuenta años. Un plan que establezca dónde puede crecer la ciudad, qué obras deben ejecutarse primero, cuáles son las prioridades y cómo se financiarán. De lo contrario, seguiremos resolviendo urgencias cuando los problemas ya aparecieron. También sería oportuno conocer con mayor detalle el destino de los fondos que se recaudan mediante el canon de infraestructura que abonan las nuevas construcciones. Si ese aporte fue creado para acompañar el crecimiento urbano, es razonable que exista una planificación transparente sobre su aplicación. Las ciudades no se desarrollan por casualidad. Se desarrollan cuando el crecimiento urbano y la infraestructura avanzan al mismo ritmo. Si uno de los dos se retrasa, aparecen conflictos como el que hoy estamos discutiendo. Ojalá este intercambio sirva para impulsar una planificación de largo plazo, porque las decisiones que se adopten ahora van a definir la ciudad en la que vivirán nuestros hijos y nuestros nietos.

Rogelio Esteban Giraudo                                                           

r.giraudo@gmail.com

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