Inquietantes polémicas en el poder

El jefe del Estado se desenvuelve con sus colaboradores, eludiendo el diálogo con la oposición.

20 Mayo 2005
Después de dos años de gestión, las graves consecuencias de la crisis siguen impidiendo a la actual administración nacional proponer un proyecto económico de largo plazo por causa de los perentorios compromisos incumplidos por el país. Especialmente en el orden social y el representado por la más elevada deuda financiera registrada en la comunidad internacional. Todo ello con un contexto político de complejidad extraordinaria, en el que -por señalar tan sólo una referencia- basta advertir que la oposición más preocupante que debe atender el Gobierno federal se genera en las dificultades internas de su propia base política, cuya conducción partidaria nacional mantiene desde hace dos años autoridades provisorias. Aun así, una mayoría suficiente del partido oficialista en el Poder Legislativo pudo delegar en número sin precedentes poderes y facultades en el Presidente de la República que le atribuyen decisiones propias del Congreso, permitiéndole redistribuir y asignar recursos fiscales para aplicarlos en la forma que considere conveniente, junto a otras atribuciones. Invocando la ley de emergencia, nuevamente prorrogada, el jefe del Estado se desenvuelve con sus colaboradores y sin necesidad de acuerdos del gabinete de ministros, eludiendo el diálogo con la oposición. Por lo demás, los mensajes del presidente Kirchner a la ciudadanía llegan generalmente a través de actos ocasionales, sin diálogos o mediante interpretaciones de sus colaboradores de confianza, lo cual testimonia un aislamiento que no se condice con la realidad del país.
Esa forma personalista de trabajo en torno del jefe del Estado ha tenido, en los recientes días, consecuencias perturbadoras, tanto por su magnitud como por la coincidencia. Seguramente las más graves han sido las confrontaciones del doctor Kirchner y de algunos de sus ministros con numerosos magistrados, que pusieron en tela de juicio la independencia del Poder Judicial. Otra situación inquietante concierne a las manifestaciones del ministro de Economía, generadoras de dudas sobre su continuidad en el cargo, en razón de diferencias en la orientación de la gestión económica. Entre las afirmaciones de Roberto Lavagna figuró una severa crítica al "populismo setentista", que pretende el crédito fácil y los subsidios, con la expansión del gasto público y la generalización del crédito. "Y el riesgo es claro: posibilidades de una aceleración inflacionaria, de querer repartir lo que no se produjo y lo que no se tiene", agregó el ministro. En los círculos económicos donde se esperan clarificaciones que promuevan confianza en los mercados, surgieron dudas sobre las relaciones del Palacio de Hacienda con otros sectores del Poder Ejecutivo, suponiendo que el año electoral y la exigente gestión económica de Lavagna puedan tornarse incompatibles según los intereses políticos del Gobierno Inoportunos voceros informales del presidente Kirchner, como el diputado provincial y piquetero Luis D?Elía, se introdujeron de inmediato en la polémica para descalificar al ministro, a la vez que un ambiguo mensaje presidencial aludía con generalización a "intereses corporativos", permitiendo especulaciones sobre lo manifestado por el jefe del Palacio de Hacienda. Es comprensible que la naturaleza de la crisis imponga al Gobierno central una tarea muy compleja para atender las múltiples demandas de la sociedad, donde los intereses confrontan entre sí, requiriendo de la autoridad arbitraje y decisión. En ese sentido, el discurso oficial debe ser claro y homogéneo, abandonando las dualidades y oportunismos habituales de un año electoral que, como en este caso, puede poner en riesgo una vez más la recuperación del país.

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