Lo que nos deja el Mundial

Hace 10 Hs

Nos quedan cuatro años. Cuatro años para procesar esta final de Mundial, gane quien gane. En estas semanas fuimos testigos de algo asombroso, de un torneo inolvidable para 26 jugadores argentinos convocados, pero también para más de 40 millones de personas que lo vieron a miles de kilómetros de distancia. Hubo alegría, felicidad y algo de épica. Sin dudas, serán cuatro años buenos. ¿Pero por qué llegamos a esto?

Los argentinos no estamos acostumbrados al éxito fácil. Todo cuesta. Desde la remontada en fases de eliminatorias de un Mundial hasta el día a día de cualquier trabajador, el fin de mes de una empresa, cada mañana de una familia. Pero por alguna razón, suspendimos esas preocupaciones para ilusionarnos con un juego que hipnotiza, que nos congela en el tiempo y el espacio del asunto cotidiano para disfrutar y tener un motivo más para abrazarnos. Eso es cultura, y según muchos expertos, es justamente eso lo que nos ubica entre los países con mejores índices de felicidad.

Según los datos presentados a principio de año por el Centro de Investigación del Bienestar de la Universidad de Oxford y la consultora Gallup, Argentina ocupa el puesto 44 en el informe. Estamos muy por arriba del promedio conformado por 143 naciones, a pesar de todos los pesares. Por encima nuestro están países como Finlandia, Islandia y Dinamarca, según detalló el documento, elaborado en conjunto con la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Y no podía ser de otra manera. Los investigadores asocian este liderazgo de los países nórdicos con la riqueza económica, la equidad social y los sistemas de protección estatal sólidos. Si la gente se siente segura, se siente feliz. Es una fórmula bastante simple.

Pero si pensamos que la fórmula es exacta, quizás nos equivocamos. El informe no solo considera indicadores clave como el PIB per cápita, la expectativa de vida o la percepción de la corrupción. El relevamiento también aborda los vínculos sociales y familiares de manera central, destacando que las relaciones humanas son el motor principal del bienestar subjetivo, incluso por encima de factores puramente económicos. Estos vínculos explican, en parte, por qué Argentina logra un lugar destacado pese a no liderar en lo económico.

Por eso, lo que queda del Mundial puede ser una oportunidad no solamente para celebrar, sino también para alimentar un bienestar que es colectivo, que no se compra ni se alquila. Se vive, y se vive en conjunto, porque ese es otro factor de felicidad. Porque estar rodeado y vivir en comunidad nos hace bien, más aún si tenemos algo que nos puede unir, al menos durante cuatro años.

Ese bienestar colectivo no es nuevo, ya lo vivimos con Qatar y quizás algo aprendimos. Pero no lo hicimos solos. Estuvieron los jugadores, un Messi y un Scaloni que dice mucho más que sus gestos. Hubo un estilo de conducción que nos enseñó que podemos alcanzar grandes metas si hay trabajo en equipo. De nuevo, lo colectivo.

Hoy tendremos la oportunidad de emocionarnos hasta el final, y sea cual sea el resultado, el mejor consejo es disfrutarlo en conjunto. Porque nos hace bien y excusas nos sobran. Porque es la mejor opción. Porque nadie se abraza solo, y eso es muy bueno.

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