Resumen para apurados
- Un estudio de la consultora Sociología y Mercado reveló en Tucumán que solo el 35,6% de la población se autopercibe como clase media debido a la crisis económica.
- El relevamiento detalla cómo la crisis influye en el ánimo social, evidenciando un clima emocional dominado por la incertidumbre y el malestar frente a la situación económica.
- Este dato refleja la pérdida de identidad de la clase media tradicional en la región y anticipa un escenario de mayor conflictividad social y retracción del consumo local.
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¿Cómo creen los tucumanos que se encuentran en la pirámide socioeconómica? Un informe elaborado por Sociología y Mercado, señala que el 63,6% de los consultados se identifica con los sectores bajos y medios bajo, mientras que el 35,6% se ubica entre el sector medio y el medio alto. Solo el 0,8% se reconoce como perteneciente al sector alto. La pregunta busca conocer cómo se ubican los tucumanos dentro de la estructura socioeconómica. Dado que las clasificaciones tradicionales (alta, media, baja), suelen concentrar las respuestas en los sectores medios, se ampliaron las opciones con el propósito de captar con mayor sensibilidad los matices de la autopercepción.
La comparación con 2025 muestra que la autopercepción socioeconómica mantiene su concentración en los sectores medios, aunque con un desplazamiento hacia posiciones de mayor fragilidad económica percibida. El principal cambio se observa en el crecimiento del sector medio bajo, que pasa del 37,9% al 43,8%, acompañado por una reducción del sector medio alto, que baja del 8,8% al 4,4%. Estos resultados sugieren que el cambio no se expresa tanto en un aumento de la percepción de pobreza como en una redefinición de la posición dentro de los sectores medios, en un contexto de mayor fragilidad económica. La autopercepción conserva un componente subjetivo que excede el nivel de ingresos. Acá se ponen en juego trayectorias educativas, laborales, familiares, entre otras, aclara el reporte “Autopercepción del nivel socioeconómico de los tucumanos” al que accedió LA GACETA.
El clima emocional de los tucumanos frente a la situación económica aparece dominado por sentimientos de incertidumbre y malestar. Si bien la esperanza constituye la emoción individual más mencionada (23,5%), el conjunto de emociones negativas alcanza al 63,1% de las respuestas, subraya Sociología y Mercado. La distribución de las respuestas muestra, además, que el malestar no se concentra en una única emoción, sino que se expresa de manera diversa entre tristeza, desconfianza, hartazgo, resignación y bronca, reflejando la complejidad del clima social actual.
Uno de los refranes más populares en la Argentina dice que la esperanza es lo último que se pierde. El desgaste de esa percepción es sistemático en la medida en que el poder adquisitivo de la sociedad no lograr recuperarse por tantos años de devaluación de la moneda nacional y de inflación elevada. Por caso, entre 2024 y 2026, el clima emocional de los tucumanos frente a la situación económica muestra una pérdida sostenida de la esperanza como emoción predominante, según diagnóstico privado. Aunque continúa siendo la respuesta más mencionada, desciende del 40,4% en 2024 al 23,5% en 2026. En el transcurso de los años medidos crecen emociones asociadas a la incertidumbre, particularmente la desconfianza, que alcanza su valor más alto de la serie. El malestar emocional no se expresa mediante reacciones de enojo, sino a través de sentimientos vinculados a la duda, la preocupación y el desgaste. En conjunto, los resultados describen un escenario emocional más fragmentado y menos optimista que el de hace dos años. “Agrupando las emociones positivas y las emociones negativas, se observa que mientras que en 2024 las positivas y negativas se encontraban casi equilibradas (48,7% y 51,3%), en 2026 las emociones negativas alcanzan al 63,1% de los entrevistados, ampliando la brecha respecto de las positivas (36,8%)”, puntualiza Roxana Laks, directora de la consultora. Según la psicóloga, esto no refleja únicamente un aumento del malestar, sino una pérdida progresiva del optimismo. Aunque la esperanza continúa siendo la emoción individual más mencionada, su peso relativo disminuye año tras año. En paralelo, el conjunto de emociones negativas crece de manera sostenida hasta representar casi dos tercios de las respuestas en 2026.
El informe señala que, mientras que cerca de tres de cada cuatro personas que se identifican con los sectores de bajos y medio bajo recursos expresan emociones negativas, entre quienes se perciben en el sector medio y medio alto predominan las emociones positivas. Esto está estrechamente vinculado con la forma en que experimentan el contexto económico del país. Según Laks, las personas proyectan su futuro con expectativas de una movilidad social ascendente. “En este estudio puede observarse que el deseo mostraría una suerte de frustración dado que temporalmente las opiniones marcan una percepción personal de un proceso mas bien descendente”, finaliza.







