San Martín y el valor del overol: por qué el empate en Mendoza es un síntoma de madurez

En una tarde que se fue complicando, el equipo de Orfila archivó el brillo, se adaptó a una cancha difícil y rescató un punto que en otra época se perdía.

DISPARO. Gabriel Carabajal intenta vulnerar el arco de Deportivo Maipú en una tarde en la que el reducido espacio y la intensidad del partido le quitaron protagonismo.
DISPARO. Gabriel Carabajal intenta vulnerar el arco de Deportivo Maipú en una tarde en la que el reducido espacio y la intensidad del partido le quitaron protagonismo. Foto de Marcelo Ruiz/ESPECIAL PARA LA GACETA.
Por Gonzalo Vera 18 Julio 2026

Resumen para apurados

  • San Martín de Tucumán empató 0-0 este fin de semana ante Deportivo Maipú en Mendoza por la Primera Nacional, logrando un punto clave con madurez en un partido complejo.
  • Ante dimensiones reducidas y contratiempos como la lesión de Arfaras y la amonestación de Graneros, el DT Alejandro Orfila priorizó el orden defensivo sobre el juego lírico.
  • Este resultado mantiene invicto al club tucumano, que ahora buscará consolidar su camino al ascenso jugando tres de los próximos cuatro compromisos de local en La Ciudadela.
Resumen generado con IA

El brillo de la goleada contra Almagro duró menos de lo que a todos les hubiera gustado. En la Primera Nacional, las noches de fútbol lírico siempre fueron un bien escaso. Y el punto en Mendoza debe verse con eso en consideración. Frente a Deportivo Maipú, San Martín no pudo repetir la versión que había ganado, gustado y goleado en La Ciudadela, pero en cambio exhibió un atributo indispensable para cualquier aspirante al ascenso: la capacidad de supervivencia y la inteligencia para aceptar cuando una tarde se presenta torcida.

El empate sin goles en el territorio del "botellero" dejó una certeza táctica. El ambicioso esquema que Alejandro Orfila diseñó para explotar las bandas y aprovechar a los refuerzos se topó de frente con la geografía de la categoría. En la pequeña cancha de Maipú, las dimensiones reducidas fueron un rival más para los jugadores más importantes del "Santo". Sin metros para pensar ni carriles para acelerar, futbolistas como Gabriel Carabajal, Bruno Cabrera o Álvaro Veliez vieron diluida su jerarquía.

Orfila leyó el escenario: como la pelota volaba por el aire y el enganche quedaba anulado en el embudo central, archivó el manual del buen juego. Sacrificó a Carabajal, mandó a Mauro Verón a la cancha para armar un doble "9" junto a Diego Diellos y pasó a disputar el pleito de las segundas pelotas. En este caso, no funcionó, pero el entrenador demostró hasta aquí que no se casa con los sistemas ni con los nombres; si el partido pide algo, lo ejecuta.

El libreto roto en 20 minutos

Ningún plan está completamente a salvo de los imponderables, y el "Santo" sufrió una acumulación de contratiempos que en otra época hubieran significado un derrumbe. A los cinco minutos, Agustín Graneros vio la tarjeta amarilla por un cruce fuerte sobre Enzo Pérez. Con casi todo el partido por delante y frente a un rival con el oficio del ex River para manejar los hilos y condicionar al árbitro, mantener a un volante central al borde de la cornisa era una ruleta rusa. El propio DT lo admitió en el postpartido: a Graneros no se le puede pedir que regule. El cambio en el entretiempo fue una obligación para evitar el desastre.

Para colmo, a los 24 minutos llegó el segundo cachetazo: la lesión muscular de Luca Arfaras. La salida del delantero obligó al ingreso prematuro de Diellos, quien terminó pagando el precio del cortocircuito general de la tarde. Poco y mal abastecido, el centrodelantero quedó aislado arriba, atrapado en una batalla contra los centrales mendocinos porque la generación se había reducido a la nada misma.

Un punto que antes se perdía

Es en esas situaciones de adversidad donde el cero en el arco propio adquiere mayor valor. Muchas veces, un trámite similar a este venía con el destino marcado: desatención en el tramo final, gol del local y regreso a Tucumán con las manos vacías y masticando bronca. Ayer, en cambio, los de Bolívar y Pellegrini supieron ponerse el overol. Más allá de la doble salvada de Nahuel Manganelli, el "Santo" no pasó grandes sobresaltos, y esperó paciente tener alguna chance, que llegó sobre el final pero nadie pudo empujar una pelota que cruzó toda el área.

San Martín aprobó un examen de madurez. Cuando vio que el trámite venía cambiado, se olvidó de los lujos, se volvió un equipo "bicho" y detectó los momentos en los que debía enfriar las acciones. Las tarjetas amarillas al propio Manganelli y a Víctor Salazar por demorar el juego son la prueba de que este plantel entendió cómo se juegan estos minutos cuando las piernas pesan y el rival empuja con su gente.

El balance de las primeras cuatro fechas de Orfila es netamente positivo: el equipo marcha invicto y debió afrontar tres de esos compromisos en condición de visitante. El suelo está nivelado. Ahora, el fixture muestra que es tiempo de construir hacia arriba: tres de los próximos cuatro partidos se disputarán en La Ciudadela. Haber rescatado un punto de una tarde torcida en Mendoza asegura que la ilusión del ascenso, por ahora, mantenga los cimientos intactos.

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