Sobrevuelo sobre las ideas del gobierno para el Banco Central

Sobrevuelo sobre las ideas del gobierno para el Banco Central
Por Gustavo Wallberg 12 Julio 2026

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Una vez más el presidente de la Nación planteó la necesidad de reformar la Carta Orgánica del Banco Central y una vez más no presentó contenidos concretos. Sí conceptos amplios, pero no hay proyecto todavía. Aun así, es posible decir algunas cosas sobre el tema y sus avances generales.

Por ejemplo, en cuanto a cambios está en La Gaceta la columna “Reformas posibles: la Carta Orgánica del Banco Central”, del 26/11/23. Además, como Javier Milei suele declarar que quienes generen inflación merecen un castigo, sobre las dificultades para ello está “Penalizar la emisión de dinero no será muy fácil”, del 10/03/24. Claro que con ellas no está todo dicho, de modo que sería útil remarcar algunos aspectos fundamentales y desarrollar otros que probablemente sirvan para entender la propuesta el día que se presente.

Entre lo esencial del funcionamiento del Banco está aquello que lo preserve de la influencia del Poder Ejecutivo. Uno de los puntos es dejar de jugar con el nombramiento en comisión de los miembros de su directorio. Está bien que la persona propuesta asuma funciones mientras el Senado estudia su confirmación, pero no que se demore el tratamiento de su pliego para tenerlo atado al presidente de la Nación que podría retirar la candidatura si cree que no le responde. También, pero esto es informal, debería abandonarse la costumbre de que los miembros del directorio renuncien cuando cambie el gobierno. Sus mandatos tienen diferente duración (cuatro años el titular del PEN, seis los directores del BCRA) para reducir alineamientos, pero las dimisiones los facilitan porque el nuevo mandatario podrá llenar las vacantes.

¿Para qué estas precauciones? Para evitar que el Central sea un departamento más del gobierno, situación que tentaría a utilizarlo como una caja adicional, debilitando la disciplina fiscal pues cualquier desajuste de cuentas podría ser cubierto por el Banco. También, si hay problemas de competitividad o presiones lobbystas, el BCRA se prestaría a la manipulación cambiaria con devaluaciones proteccionistas abandonándose políticas de productividad real y competencia.

Una posibilidad que va de la mano con lo anterior es prohibir que el Central le preste dinero al gobierno, restricción que defiende Milei. Es la típica emisión inflacionaria, que no debería existir si se respetara la Constitución Nacional pues ella establece (artículo 4º) que las deudas son sólo para emergencia o empresas de utilidad nacional (o sea, largo plazo). Por lo tanto, el Banco no tendría que prestar para cubrir erogaciones corrientes. Pero como calificar situaciones tiene bastante de discrecional y la fungibilidad del dinero permite disfrazar motivos de gasto, mejor si se aclara bien qué está prohibido y qué no.

Eso evitaría el desorden presente porque el Banco tiene cuatro objetivos legales de los que sólo dos corresponden estrictamente a política monetaria. Pero dejar como único fin la estabilidad de precios y prohibir prestar dinero al gobierno puede complicar las cosas en emergencias. Durante la pandemia del covid-19 casi todos los bancos centrales del mundo aumentaron la emisión de dinero buscando evitar una recesión y un empobrecimiento mayores a los que efectivamente ocurrieron. Eso sí, superado el trance retomaron la política anterior, no como Argentina. Por eso tras el salto de precios la inflación mundial volvió a carriles normales y aquí se aceleró.

Habría que trabajar líneas en paralelo a la reforma de la Carta Orgánica, como herramientas para emergencias. La del covid fue muy particular porque no se originó en caída en la cantidad de dinero sino que hubo cese de actividades; una deflación rápida, salida (aunque no plausible) ante la astringencia monetaria, no hubiera ayudado. Chile, donde su banco central tiene prohibido prestarle al gobierno, habilitó retiros sucesivos de las cuentas de capitalización jubilatoria, lo que dificultó moderar la inflación tras la pandemia y acarreará problemas previsionales. También tiene que ver la Justicia, que no parece muy eficiente en atender los actos de gobierno y de los gobernantes. Entonces, sería difícil confiar en que una Carta Orgánica rigurosa sea observada como corresponde si debe discutirse la calidad del contexto para operar el BCRA.

En el fondo, la pretensión es que la cantidad de dinero dependa más de la actividad privada que del gobierno y eso puede lograrse con un Central muy limitado para que la emisión sea más secundaria que primaria. Esta última, la creación de base monetaria, ocurre por las transacciones del BCRA con las entidades financieras. Por ejemplo, cuando compra dólares o recibe títulos públicos. La secundaria, cuando los bancos otorgan créditos. Con el Banco Central retirado habría el dinero que demande o genere el sector privado, es decir, la productividad de la economía, sea por el neto de créditos (emisión secundaria), sea por el neto de compraventa de dólares (emisión primaria).

Es posible, aunque no prudente, que el Banco se aleje de la creación de base y quede sólo con la determinación del porcentaje de reservas de los bancos y la supervisión financiera. Podría lograrse derogando la obligación (que tiene unas pocas excepciones) de que los exportadores liquiden las divisas que cobran. Así, el Central no emitiría porque no debería comprar dólares. Sin embargo, en el corto plazo no puede preverse cuánto los exportadores abastecerán el mercado cambiario y eso agregaría sobresaltos al precio del dólar. Además, congelar la base monetaria sería equivalente a cerrar el BCRA, algo que el gobierno no pretende (por ahora).

Más coherente con su posición ideológica sería la convertibilidad total del peso a tipo de cambio libre. Esto es, el uso legal de diferentes monedas que pueden convertirse, transarse libremente, una en otra. En los hechos sería una competencia de monedas, otra herramienta para disciplinar la emisión de dinero en la visión de la Escuela Austríaca de Economía. Pero no esperable. Milei mostró ser bastante adaptable a las restricciones políticas; duro, pero no obtuso. Por lo tanto, hay que aguardar hasta ver qué contenido concreto tiene la propuesta oficial de reforma.

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