El “Truman Show” de Kansas City: un cielo que nunca oscurece y un casino donde el tiempo parece detenerse

A 16 kilómetros del centro, un complejo recrea calles, edificios y hasta un atardecer permanente. Un recorrido por una dimensión de la cultura estadounidense.

EL CIELO EN KANSAS. Así luce el predio de Ameristar Casino Hotel está a unos 16 kilómetros del Downtown de Kansas City
EL CIELO EN KANSAS. Así luce el predio de Ameristar Casino Hotel está a unos 16 kilómetros del Downtown de Kansas City Foto: Matías Auad
Por Matías AuadEnviado especial Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • Durante el Mundial, el enviado de LA GACETA recorrió en Kansas City el Ameristar, un hotel casino que recrea una ciudad artificial para retener al público mediante el consumo.
  • Inspirado en la tradición ferroviaria y de Las Vegas, este predio cerrado usa un cielo pintado y servicios continuos para que el visitante no perciba el paso del tiempo.
  • La reciente legalización de las apuestas deportivas en Missouri potencia este modelo de consumo masivo, que prioriza el aislamiento individual frente a la experiencia colectiva.
Resumen generado con IA

Este cielo lleva varias horas sin moverse. Las nubes están en el mismo lugar. Una franja anaranjada cruza el horizonte como si el sol estuviera a punto de esconderse desde hace una eternidad. No hace frío ni calor, no corre viento, tampoco existe la posibilidad de que llueva.

Debajo de ese atardecer permanente hay calles adoquinadas, faroles, bancos y edificios de ladrillo. En el centro aparece una estación ferroviaria con un viejo vagón detenido frente al andén. A metros, un reloj de cuatro caras marca una hora que, acá, parece importar poco. Más adelante hay un saloon -el típico bar del viejo oeste estadounidense-, restaurantes y una enorme marquesina cubierta de luces que anuncia la entrada a un casino.

La escena parece salida de la película The Truman Show: todo está limpio, ordenado y quieto. Las calles están prácticamente vacías y, por momentos, la sensación es que los habitantes de esta pequeña ciudad todavía no llegaron al set de filmación.

Pero basta levantar la cabeza para descubrir el engaño. El cielo es un techo pintado, las nubes son parte de una escenografía, los edificios esconden restaurantes, bares y accesos a diferentes sectores del complejo. La estación no recibe pasajeros. El tren no va a salir. Ninguna de estas calles conduce hacia otro barrio: todo está bajo techo.

No tener que salir

El Ameristar Casino Hotel está a unos 16 kilómetros del Downtown de Kansas City, la ciudad que este sábado volverá a concentrar la atención de los argentinos. La Selección enfrentará a Suiza por un lugar en las semifinales del Mundial. Las camisetas celestes y blancas ya empezaron a aparecer nuevamente en las calles, el tranvía y los hoteles.

Antes de entrar a este complejo que LA GACETA recorrió hay enormes playas de estacionamiento al aire libre, con filas capaces de recibir cientos de vehículos. También hay una estructura de cinco niveles con capacidad para 2.660 autos. Pese a esta escala, durante buena parte de estos días muchos de esos espacios están vacíos.

En medio del estacionamiento aparece un cartel verde sostenido por un farol antiguo. “More Casino! More Fun!”, dice: más casino, más diversión. La frase parece un anuncio más, pero es una explicación literal de la lógica del lugar.

El “Truman Show” de Kansas City: un cielo que nunca oscurece y un casino donde el tiempo parece detenerse

El Ameristar tiene hotel, siete propuestas gastronómicas, bares, un centro de eventos para conciertos y espectáculos, además del casino, que funciona durante prácticamente todo el día. El visitante puede dormir, comer, tomar una cerveza, mirar deportes, asistir a un show o apostar sin necesidad de abandonar el establecimiento.

Para quien llega por primera vez a Estados Unidos, la experiencia genera cierta extrañeza. No porque los hoteles-casino sean una rareza, sino por lo contrario: forman parte de una industria del entretenimiento que encontró su máxima expresión en Las Vegas, pero que también aparece en ciudades mucho menos asociadas con el juego.

Missouri tiene 13 casinos autorizados y regulados. La legislación que permitió su desarrollo nació a comienzos de los años 90 alrededor de los llamados riverboat casinos: establecimientos vinculados a los ríos Missouri y Mississippi que, con el paso del tiempo, se transformaron en enormes complejos de entretenimiento instalados junto al agua.

El Ameristar es una versión llamativa de ese modelo. La escenografía parece inspirada en una antigua localidad ferroviaria estadounidense: en el centro está el Depot, rodeado de edificios de ladrillo, calles adoquinadas, carteles luminosos y comercios. Kansas City fue uno de los grandes centros ferroviarios del país, pero este lugar no reconstruye una estación determinada. Toma elementos reconocibles de ese pasado y los convierte en parte de una experiencia de consumo.

La estación es un restaurante, los edificios son bares, las calles son pasillos. Hasta el viejo vagón está quieto para siempre frente a una estación de la que nadie sale y a la que nadie llega.

Olvidarse de la hora

Durante décadas, los casinos fueron diseñados para reducir las referencias al paso del tiempo: pocas ventanas, ausencia de relojes visibles, iluminación constante. En Ameristar, esa idea llega casi al extremo: no hace falta esconder el cielo cuando se puede fabricar uno nuevo.

Acá, la naturaleza fue reemplazada por una versión controlada: no llueve, no oscurece, nunca llega la noche. El visitante puede caminar durante horas bajo el mismo atardecer, sin importar qué está pasando afuera.

Lo más extraño es que buena parte de esa ciudad artificial está casi vacía. Durante la tarde, la noche y la mañana hay pocas personas caminando por sus calles; algunos bares cierran alrededor de las nueve, mientras las máquinas siguen funcionando detrás de las puertas del casino. Todo está preparado para recibir a miles de visitantes, pero el escenario parece esperar una multitud que nunca termina de llegar.

En “Amerisports”, uno de los bares, hay enormes pantallas alrededor de una barra circular, pero también televisores frente a cada grupo de mesas para que los clientes puedan elegir qué mirar. La experiencia colectiva está organizada para que cada uno pueda construir su propio pequeño mundo.

Algo para comprar

Desde diciembre pasado, Missouri sumó una nueva dimensión a esta industria. Las apuestas deportivas son legales después de una reforma constitucional aprobada en 2024 por un margen muy estrecho. La expansión del juego fue el resultado de una discusión política, económica y cultural que terminó resolviéndose en las urnas.

En el Ameristar aparecen concentrados algunos rasgos de la cultura de consumo estadounidense. La capacidad de convertir prácticamente cualquier necesidad en un servicio, de acortar la distancia entre el deseo y la posibilidad de satisfacerlo, aparece condensada en unos pocos metros.

Lo llamativo es que, para conseguirlo, acá se construyó una ciudad sin tránsito, sin lluvia, sin basura ni los conflictos propios de cualquier espacio urbano. Las calles no sirven para irse, sino para desplazarse entre diferentes oportunidades de consumir.

Al final de una de las calles aparece la marquesina del casino. Las luces siguen encendidas mientras el tren está detenido frente a una estación de la que nunca partirá. Las nubes están exactamente en el mismo lugar. La ciudad artificial está casi vacía, pero detrás de las puertas del casino las máquinas continúan funcionando.

Todo el decorado puede apagarse, los bares pueden cerrar, las calles pueden quedarse sin habitantes. El casino, en cambio, sigue funcionando. Después de recorrer el lugar resulta difícil no acordarse de una frase que el Indio Solari convirtió en canción: “el lujo es vulgaridad”.

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