A comienzos de los años setenta, en el barrio Floresta, parece que había un solo taxista. Era un señor morocho muy amable y responsable, mayor de 50 años, “un hombre grande” para esos tiempos en que se envejecía más temprano. Tenía de bueno dicho señor, que uno lo buscaba en su casa y le dejaba la dirección por donde tenía que pasar a buscar al cliente, cosa que luego hacía muy responsablemente. Su apellido era Watson, pero para “los muchachos de la esquina”, que no eran tan prolijos para hablar y escribir, su nombre era simplemente, el “Negro Guaso”. He aquí que una vez, una abuela vecina mía, precisó de su servicio y me pidió que lo buscara, pero no se acordaba el apellido, por lo que me dijo: “Danielito, por favor, quisieras llamarlo al señor de la Coronel Zelaya, que tiene el taxi, para decirle que necesito que me lleve al centro. Su nombre no recuerdo, pero le dicen ‘el Negro Atrevido’ o algo así”. Obviamente la señora consideraba una mala palabra, la palabra guaso, o creería que lo ofendía con ese calificativo. La verdad que el hombre no merecía que se le llame así, porque daba lugar a pensar que realmente era atrevido, cosa injusta porque si algo le sobrara al hombre era respeto por sus clientes y vecinos.
Daniel E. Chavez
Pje. Benjamín Paz 308 - S. M. de Tucumán







