“Vivimos en un tiempo de desamparo e inmediatez”

El psicoanalista Alfredo Ygel advierte sobre el impacto de la hiperactividad sobre la salud emocional y la relación con niños y jóvenes.

Hace 6 Hs

Mientras crecen las advertencias sobre los efectos de las pantallas en la atención y el aprendizaje, especialistas en salud mental observan otro fenómeno que avanza de manera silenciosa: el impacto de la hiperconectividad en los vínculos, las emociones y la construcción subjetiva de los jóvenes.

Para Alfredo Ygel, psicoanalista, ex profesor de la Facultad de Psicología de la UNT y ex director de la Diplomatura en Prácticas del Psicoanálisis en Instituciones, el fenómeno no puede separarse del contexto social actual. “Vivimos en un tiempo de desamparo e inmediatez. La fragilidad y desprotección en nuestra cotidianeidad expresan las dificultades económicas de grandes capas de la población, guerras constantes en distintos lugares del planeta, inseguridad en las grandes urbes producto de la violencia y el narcotráfico, que empujan a buscar atajos que taponen la angustia y el dolor de existir”, sostiene.

En ese escenario, las redes sociales y la tecnología ocupan un lugar central: “Brindan un alimento ilusorio para llenar el vacío estructural del malestar en la cultura en el intento de encontrar placeres que otorguen la vivencia de la completud perdida”. Y añade: “Lo que nos ofrece el algoritmo en la compulsión al scrollear constante, es la promesa de que todo es posible, que no hay imposible para el ser humano”.

Ygel plantea que la presencia permanente de los dispositivos ya forma parte de escenas cotidianas: “Bebés de meses en su cuna mirando dibujitos en el celular de su mamá quien lo ofrece en el menor atisbo de llanto, niños de corta edad scroleando en la pantalla buscando el programa que los atrae, púberes y adolescentes ‘comunicados’ en línea jugando con sus amigos al video-juego de moda a altas horas de la noche, adultos solos o en compañía sentados en bares mirando cada quien su celular, son una constante en nuestra existencia”.

El especialista advierte además sobre la relación que se establece con la tecnología. “El celular se ha convertido en un objeto que no puede faltar. Se constituyó en un dispositivo que brinda la ilusión de completud instalándose como un apéndice parásito de nuestro cuerpo”. En ese sentido, señala que “las redes sociales muestran un sujeto que se completa en la pantalla y se convierte de este modo en su objeto” y que ello “provoca un lazo adictivo con los aparatos tecnológicos quedando el sujeto abolido en su capacidad de pensar y decidir”.

Cambios

La doctora en Psicología y profesora de la Facultad de Psicología de la UNT, Mariela Mozzi, observa cambios que atraviesan no sólo a adolescentes sino a toda la sociedad. “Las nuevas tecnologías alteran el modo del lazo con otros. No solo las alteraciones en la capacidad de concentración o de uso del lenguaje, el saber, la relación con el tiempo y la espera. Sino que trae como consecuencia la desubjetivación del semejante”. “Eso produce que la relación con el mundo se concentre más en los objetos del mercado que en los otros”, plantea.

Para Mozzi, el fenómeno también está asociado a una cultura de la inmediatez. “La caída de los ideales modernistas (trabajo, saber, esfuerzo) ya no ordenan el mundo. Más bien es el éxito inmediato, se busca el resultado salteándose el proceso”. Incluso advierte sobre el uso de la inteligencia artificial: “puede ser una fuente infinita de conocimientos y al mismo tiempo servir para evitar el esfuerzo de pensar, dudar, cuestionar y producir saber”.

La psicóloga de abordajes con infancias y adolescencia, Lourdes García Posse pone el foco en cómo funcionan las plataformas digitales. “Lo que es realmente nocivo para las personas de todas las edades son las propuestas y productos digitales que funcionan bajo recomendación algorítmica, con contenidos hiperestimulantes, fragmentados, rápidos, cortos, con impacto emocional”. Detrás de esos sistemas, explica, “hay modelos de negocio donde el objetivo es la permanencia, que no podamos salir de ahí”. Y ejemplifica: “La ilusión de que entrar en una red social o en un juego multijugador como Roblox es gratis, se cae cuando nos damos cuenta de que en realidad estamos pagando con nuestra atención, nuestro tiempo, nuestra información y con nosotros mismos”. Según la especialista, “un/a niño/a hiperconectado/a es un/a niño/a más vulnerable” y “un adolescente hiperconectado posiblemente esté cada vez más aislado, sufra soledad no deseada y sea por esto mismo más vulnerable”.

Sin embargo, García Posse advierte que el problema no puede reducirse únicamente a las pantallas. “Es importante saber que más allá del impacto, el problema está en el mundo adulto; estamos haciendo las cosas demasiado mal, los estamos dejando demasiado solos, sin herramientas para registrar los riesgos, para defenderse, para poder pedir ayuda”. Para la psicóloga, el acompañamiento resulta clave. “Siempre es importante, si le vamos a dar algún dispositivo o plataforma, saber cómo funcionan primero para poder cuidarlos y fundamentalmente que acompañemos y enseñemos primero habilidades reflexivas y pensamiento crítico”. Y alerta que la salida no puede ser individual, sino que “siempre es colectiva, lo que implica que como sociedad es importante ofrecer más alternativas presenciales a las infancias y adolescencias, más espacios seguros para que puedan expresarse, más juego, más imaginación y creatividad”.

Para los tres especialistas, la respuesta no pasa sólo por limitar pantallas, sino por recuperar el papel de los adultos. “Tienen la función de acompañar el crecimiento de los jóvenes”, sostiene Ygel. Y resume ese desafío en dos conceptos: “la restricción y la promesa”. Porque, afirma, “la expresión del no desde la función del adulto opera como un acotamiento al todo irrestricto” que ofrece el mundo digital.

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