¿Qué estarán haciendo en Brasil el gobernador, José Alperovich, y el vice, Fernando Juri? Ayer, un ministro bromeaba con malicia: "deben estar jugando a construir castillos de arena, con baldes y palitas". Pero no parece fácil que así sea: el portazo que el senador nacional Julio Miranda dio en el Partido Justicialista los dejó sin tiempo para actividades infantiles en la playa. Al haber renunciado -de hecho- a la presidencia del PJ, Miranda desarmó el incómodo trípode que durante un año y medio, y más allá de las idas y las vueltas, había conformado con ellos. Aunque se trataba de un tridente más figurado que real, al menos los obligaba a mantener las formas. Ahora ya no tienen esa atadura: de un lado ha quedado la pareja playera -que al menos hasta las elecciones de octubre constituirá un condominio de indivisión forzosa, como dirían los abogados, anudado más por las necesidades mutuas que por el afecto-; del otro estará Miranda, solo con su leyenda de experto en confusas guerras de trincheras. Ergo, es probable que, de a poco, comience a saltar pus (mucha).
Un síntoma de la sociedad entre Alperovich y Juri es que asesores de este último se pasean por los despachos de la Casa de Gobierno y traman reuniones con los hombres del primero.
A unos y a otros tener a Miranda en la vereda de enfrente -ahora sin eufemismos- los moviliza; pero al mismo tiempo los atemoriza. Disimulan por medio de la ironía, diciendo que al senador lo llaman "Poxipol en mal estado o diluido", porque todo lo que agarra, en vez de soldarlo, lo destruye. Están convencidos de que la gran apuesta del ex gobernador será armar un frente por fuera del PJ con el objetivo de conseguir un puñado de convencionales constituyentes.
Dan por descontada una alianza entre Miranda y su otrora ex ministro de Gobierno (y ex enemigo), el diputado nacional Ricardo Falú. A ambos los une el hecho de que en estos momentos no gozan de los mejores conceptos en el kirchnerismo. Pero tampoco comen vidrio: saben que la Casa Rosada hará que en cada provincia haya un plebiscito sobre la gestión del Presidente.
Aunque Falú se caracteriza por los matrimonios políticos inestables y por ir y venir constantemente del peronismo, le costará explicar una unión (de hecho o de derecho) con el jefe de la administración de la que, a fines de 2000, renunció al cargo de ministro de Gobierno, indignado porque los legisladores cobraban $ 12.000 por mes en gastos de bloque. Luego, aplaudió al por entonces fiscal anticorrupción, Esteban Jerez -a quien se jactaba de haberle dado instrucciones precisas para que fuera mediático-, cuando embistió contra aquellos parlamentarios, sobre los que pesaba la sospecha de que habían recibido $ 2,1 millones en sobornos -precisamente del gobierno de Miranda- para que autorizaran la reforma constitucional, que finalmente no prosperó.
Los mirandistas sueñan con aglutinar a esos entre 80.000 y 100.000 peronistas que, según sus cálculos, constituyen la columna de los disconformes por la ingratitud del alperovichismo, como dice el senador. Pero aún cuesta creer que Miranda, que tejió su poder desde el PJ y del que desbancó a su otrora enemiga, la legisladora Olijela Rivas (con la que Falú también se casó y se divorció electoralmente), vaya a abandonar todo en manos del condominio Alperovich-Juri.
Durante las últimas semanas, el titular de la Corte Suprema de Justicia, Alfredo Dato, anduvo intranquilo por el pedido de juicio político que el diputado Jerez (Recrear) había formulado en su contra por haber participado de unas de las comilonas que Miranda organizó para el ex gobernador Ramón Ortega. Estas reuniones fueron el detonante de la ruptura entre Alperovich y el senador. Antes de que Juri viajara a Brasil a construir castillos de arena, Dato recibió mensajes tranquilizadores: el requerimiento iba a ser archivado. Dato pasó el mal trago, pero queda con saldo deudor frente a la pareja playera.
18 Mayo 2005 Seguir en 
Por Federico Abel




