Por José María Posse
Abogado, escritor, historiador
La familia Gianserra tuvo un rol clave en el desarrollo agroindustrial del arroz en el sur tucumano, siendo fundadores de un importante molino en Aguilares, La Arrocera. Fue el primer molino totalmente maquinizado de la provincia: obra y gracia de la visión de don Carmen Marino Gianserra, quien ya operaba fábricas de aceite vegetal en la zona. Para la década de 1870, la agricultura tucumana estaba en un estado muy desarrollado; después de la caña de azúcar, el maíz, el arroz y el trigo eran cultivados en grandes latifundios. En 1881 se estimaba que el arroz ocupaba unas 3.500 hectáreas con lo que se abastecía el consumo local y de provincias vecinas.
En un artículo de divulgación histórica, el investigador Sergio García manifiesta que: “Durante el siglo XIX el cultivo se hacía en varios puntos de la provincia, en estancias que también tenían para su procesamiento, es decir el descascarillado, que consistía en quitar por medios mecánicos la cáscara no comestible del cereal, ‘máquinas de pelar arroz’ y molinos. Se obtenía un arroz integral y eventualmente también arroz pulido. Estos dispositivos eran de piedras rugosas entre las que se frotaba el grano. Eran movidas por tracción animal o bien aprovechando la fuerza hidráulica. La molienda también se hacía en morteros. Tenían máquinas de pelar arroz, por ejemplo, la Estancia Famaillá de los García (1830), la Quinta Azurmendi, La Florida de los Aráoz, etc”.
Don Carmen Marino fundó la “Sociedad Arrocera Gianserra”, germen de la importante “Arrocera de Aguilares“, que fue un complejo industrial modelo en el sur de Tucumán. Los terrenos donde operaba la antigua fábrica están ubicados en las proximidades del centro de la ciudad, en el Barrio 9 de Julio. Su historia se entrelaza con el desarrollo económico regional de principios del siglo XX, que llevó a que Aguilares se convirtiera en una pujante localidad industrial.
Durante las primeras décadas del siglo XX a la industria azucarera le seguía en importancia la arrocera, que llegó aproximadamente a las 8.000 hectáreas en 1934 por el fomento del cultivo y la apertura de una importante red de canales y acequias particulares y comuneras que llegaron a poner bajo riego en su momento miles de hectáreas de tierras aptas para el cultivo del arroz. “Para atender esta creciente producción, ya desde fines del siglo XIX se habían instalado importantes molinos que procesaban el arroz para el mercado local y nacional. Las más importantes para el 1900 pertenecían a la firma Haimes Hermanos, de los norteamericanos José y Pablo Haimes, en Concepción; en Aguilares, la de Gianserra y la testamentaria de Oscar Stranch y en Medinas la S.A. Arrocera Medinense del norteamericano Felipe Bernan. Procesaban producciones propias y de otros cultivadores del centro-sur de Tucumán”, se relata. Desgraciadamente en la década de 1920 la industria arrocera entró en crisis, cuando desde el puerto de Rosario comenzaron a llegar barcos con arroz que se introducía desde Brasil, Italia y España de menor precio, aunque también de menor calidad. Pero el ingreso era casi libre de impuestos y competía deslealmente con la producción local poniéndola en peligro ya que inundaba el mercado, al punto que en la propia zona de producción se consumía arroz extranjero más barato que el argentino. El elevado costo de los derechos de exportación y los altos precios del flete ferroviario, hacían casi inviable la producción. Rápidamente la floreciente industria tucumana arrocera comenzó a declinar; aunque no desapareció perdió el impulso que había tenido por décadas.
Don José Haimes, otro importante arrocero manifestaba con preocupación que: “la industria arrocera vivía por la fuerza de sus propios medios, luchando contra las políticas proteccionistas y las primas de los países que hacen competencia. Que los fletes del extranjero a Buenos Aires son más baratos que de Tucumán a Buenos Aires, además de que si la industria arrocera nacional progresara descongestionaría la gran producción azucarera que monopoliza las actividades agrícolas del norte de la Republica”. Señalaba además que de 18.000 toneladas que llegaron a cosecharse en 1917-1918 “hemos llegado a la triste situación de solo 5.000 tn (1928); en Tucumán solo se cultivaba 2.000 ha sobre las 20.000 indicadas para el arroz”. “Nuestros arroces eran considerados óptimos en todo el mundo. En Salta y Tucumán se cultivaba arroz exactamente igual al Carolina, premiado en diferentes exposiciones por su perfección, y el tipo Glacé, importado de California que se llegó a obtener en Misiones era incomparable. En cuanto a Tucumán, la variedad para todos los gustos era infinita desarrollándose los tipos Honduras, Blue Rosse, Fortuna, Japonés, Señorita y otros”, indicó.
Es de destacar que Gianserra fue también pionero de la industria azucarera. Se tiene registro de un pequeño ingenio, que tuvo una sola molienda, hacia finales del siglo XIX. Pero su consolidación como industrial azucarero la tuvo como cofundador del moderno Ingenio Aguilares en 1902, en sociedad con los industriales Juan Padrós y José Retondo. Con las nuevas maquinarias, sumadas a las que tenía en aquel ingenio primigenio, la fábrica tuvo su primera zafra en 1903, en que elaboró 455 toneladas de azúcar. En 1906, la Sociedad Simón Padrós y Cia. adquirió la parte correspondiente a Gianserra y en 1911, la que correspondía a la sucesión Retondo. La producción de 1906 fue de 587 toneladas, en 1910, de 1.659 toneladas de azúcar. Don Carmen Marino mantuvo sus fincas de caña, llevando su producción al Aguilares; pero amplió sus negocios a la ganadería, importando toros y vacas para la producción lechera. También abrió almacenes comerciales en el sur provincial.
Su vida es un ejemplo de superación, trabajo arduo, inventiva y audacia. Nació el 23 de septiembre de 1870 en Trivento, provincia de Molise, Italia. Llegó a los 14 años al país, huérfano de padre, acompañado por su madre que apenas hablaba el idioma; pero en sus valijas traía sueños de realizaciones que pudo concretar en gran parte. Defendió los derechos de los productores chicos y realizó ingentes gestiones para mejorar sus condiciones de vida y la posibilidad de su desarrollo industrial. Él entendía que el crédito era la palanca de Arquímedes de toda actividad comercial. Fue uno de los gestores de la Asociación de Fomento y Progreso (“El Club Social”): “El 14 de abril de 1913 se planteó a la Comisión Directiva la formación de una comisión especial para gestionar la creación de una sucursal del Banco ya fuera provincial o de la Nación, en la villa. Se creó una junta para ello, presidida por Gianserra. Este objetivo se concretó el 27 de junio de 1921, cuando el Banco de la Nación Argentina sucursal Aguilares abrió sus puertas”. Hombre de pocas palabras y mucha acción, realizó innumerables obras de caridad de las que sólo tuvieron conocimiento los favorecidos y se preocupó por el bienestar de sus trabajadores, en tiempos en los que no estaban legislados derechos laborales que los protegieran. Un humanista, con verdadero sentido cristiano de ver la vida, quien dejó gratos recuerdos entre los que lo trataron. Fomentó toda actividad productiva en su zona de influencia, y tendió su mano generosa a los más necesitados.
Contrajo matrimonio con doña Sofía Dohrmann; nacida en Málaga en 1880, de padre alemán y madre holandesa. Tuvieron cinco hijos, entre los que se destaca Marino (casado con Bernarda Cóppola), quien fue diputado nacional por Tucumán por la UCR del Pueblo. Con su hermano Carlos (casado con Nélida Fernández Dermit), tuvieron usinas eléctricas y continuaron con la industria arrocera. Su empresa producía arroz Carolina, lo fraccionaban con la marca “Zizi”, en honor a la memoria de su padre, a quien apodaban así. Su otro hijo, Dante (casado con Carmen Silva), fue un reconocido odontólogo, quien estuvo entre los fundadores de la Facultad de Odontología. Sus dos hijas, María Victoria Delia, (casada con Julio Barbaglia) y Generosa, quien contrajo matrimonio con Antonio Delacroix, fueron troncos de conocidas familias tucumanas que llegan a nuestros días.
Don Carmen Marino Gianserra falleció el 23 de noviembre de 1925. Aguilares debería reconocerlo entre sus hijos más destacados, con lo cual se haría justicia con su memoria. Tan sólo un pasaje cercano a la exarrocera aún lo recuerda.
Bibliografía: Oscar Américo Pavetti (2017), “Historia del Municipio de Aguilares, Provincia de Tucumán” Edit: CFI, Tucumán. Agradecemos los datos proporcionados por el investigador Sergio García y por la señora Sofía Gianserra de Zalazar Romero, quien conserva la memoria histórica de su familia. Emilio Schleh (1945), “Noticias Históricas sobre el Azúcar en la Argentina”, Centro Azucarero Argentino.







