Cuando la IA hace los deberes, ¿cómo se evalúa el aprendizaje?

Docentes y especialistas coinciden en que la escuela debe adaptarse a esta herramienta sin renunciar al desarrollo del pensamiento crítico y la autonomía de los estudiantes. Sugieren cambiar la forma de evaluar conocimientos.

SIEMPRE A MANO. La IA ya forma parte de la vida escolar; el desafío es enseñar a usarla con reglas claras.
SIEMPRE A MANO. La IA ya forma parte de la vida escolar; el desafío es enseñar a usarla con reglas claras.
Lucía Lozano
Por Lucía Lozano 28 Junio 2026

Resumen para apurados

  • Docentes y especialistas de Argentina plantean hoy la necesidad de cambiar los métodos de evaluación escolar ante el uso masivo de la inteligencia artificial en las tareas.
  • La IA ya está integrada en la rutina de los estudiantes, lo que impulsa a las escuelas a adaptar sus metodologías para fomentar el pensamiento crítico y reglas claras de uso.
  • El debate apunta a transformar el sistema educativo, garantizando que la tecnología sea una aliada del aprendizaje autónomo en lugar de un reemplazo del esfuerzo intelectual.
Resumen generado con IA

Escuchar nota

Tu navegador no soporta HTML5 audio

Sin un manual de instrucciones. Con más preguntas que respuestas. Así irrumpió la inteligencia artificial (IA) en las aulas y cambió totalmente la forma en que los alumnos aprenden y hacen las tareas. Herramientas como ChatGPT, Gemini y otras aplicaciones de IA generativa forman parte de la rutina de muchos estudiantes y docentes, lo que plantea un desafío ineludible para las instituciones educativas: adaptarse a una nueva forma de estudiar y de enseñar.

El debate ya no gira en torno a si la inteligencia artificial debe utilizarse o no en la escuela, sino sobre cómo usarla de manera responsable y pedagógica. Porque hoy estas tecnologías se convirtieron en recursos habituales para buscar información, resolver problemas, generar ideas o redactar textos.

Frente a este escenario, especialistas coinciden en que la clave es establecer pautas claras sobre cuándo puede servir como apoyo en el proceso de aprendizaje y cuándo es necesario que el estudiante desarrolle determinadas tareas por sus propios medios.

Acompañamiento

Para Matías Giori, docente y apoderado del colegio Kinder-Colegio del Sol, la escuela debe  acompañar a los alumnos en el uso de estas tecnologías. “La inteligencia artificial es una herramienta poderosa que todavía va a mejorar mucho. La escuela tiene que adaptarse a esa herramienta y darle la posibilidad a los chicos de utilizarla”, señaló.

Según el docente, el desafío pasa por rediseñar las actividades para que la IA funcione como una herramienta de apoyo y no como un reemplazo del aprendizaje. En ese sentido, propone que los estudiantes expliciten de qué manera utilizaron estas plataformas en sus trabajos.

“Les pido lo que llamo un contrato de honestidad intelectual. Los chicos tienen que indicar qué partes resolvieron con IA, qué le pidieron y cuál fue su análisis o la corrección que hicieron sobre la información obtenida”, explicó.

Uno de los aspectos que más preocupa a educadores y universidades es el impacto de la IA sobre los sistemas de evaluación tradicionales. Durante décadas, gran parte de las pruebas académicas estuvieron orientadas a medir la capacidad de recordar y reproducir información. Sin embargo, ese modelo comienza a mostrar sus limitaciones en un contexto donde cualquier estudiante puede acceder en segundos a respuestas complejas y bien elaboradas.

Por eso, cada vez más voces sostienen que la evaluación deberá enfocarse menos en la memorización y más en habilidades como la interpretación, el análisis crítico, la resolución de problemas y la aplicación de conocimientos en contextos concretos.

El cambio también responde a una dificultad práctica: los sistemas diseñados para detectar textos generados por inteligencia artificial todavía presentan niveles de error significativos. Esto vuelve poco efectiva una estrategia basada exclusivamente en la vigilancia o la prohibición.

La alternativa

La alternativa que gana consenso consiste en rediseñar las consignas y poner el foco en el proceso de aprendizaje. Explicar cómo se llegó a una conclusión, comparar fuentes, justificar decisiones o desarrollar reflexiones personales son algunas de las estrategias que permiten evaluar competencias que ninguna herramienta puede reemplazar por completo.

Giori considera que, además, es fundamental desarrollar en los estudiantes una mirada crítica frente a la información que reciben. “La inteligencia artificial no es una herramienta perfecta; comete muchos errores. Es importante crear en los chicos el criterio de comparar fuentes y no quedarse solamente con lo que les dice la IA”, afirmó.

En ese sentido, destacó que el verdadero aprendizaje no consiste en obtener una respuesta rápida, sino en analizarla, contrastarla y comprenderla. “Los alumnos tienen que tener el criterio para corregir la información que reciben y verificarla en otros lugares”, agregó.

Desafío

El verdadero desafío es cómo enseñar a utilizar la IA para que favorezca el aprendizaje y no se convierta en un reemplazo del pensamiento. Así lo plantea la psicopedagoga Natalia Jiménez Terán, quien considera que la irrupción de estas herramientas vuelve urgente una transformación del sistema educativo

“Es necesario adecuar la escuela al contexto actual. La IA está transformando profundamente la manera en que los niños y adolescentes estudian y realizan las tareas. Algunos cambios son positivos, pero también presentan retos muy importantes tanto para las familias como para las instituciones educativas”, sostuvo.

Entre los aspectos favorables, destaca la rapidez con la que permite acceder a información, obtener explicaciones, elaborar resúmenes o recibir apoyo en la escritura. También valora la posibilidad de resolver dudas de manera inmediata y contar con herramientas que ayuden a organizar ideas o mejorar textos.

Sin embargo, advierte que los riesgos son igualmente significativos. Desde una mirada vinculada a las neurociencias, la experta señala que el uso indiscriminado de la IA puede reducir el esfuerzo cognitivo necesario para aprender. “Si el estudiante copia directamente las respuestas sin analizarlas, disminuye el desarrollo del pensamiento crítico y de la capacidad para resolver problemas”, explica.

La especialista también observa una creciente dependencia tecnológica. Muchos alumnos recurren a la IA ante cualquier dificultad, evitando procesos fundamentales para el aprendizaje, como investigar, reflexionar o elaborar respuestas propias.

A ello se suma otro problema: la pérdida de habilidades de escritura. “Cuando la herramienta produce textos completos, se corre el riesgo de que los estudiantes dejen de ejercitar la redacción y la construcción personal de ideas”, advierte.

Dificultad inédita

La expansión de estas tecnologías plantea, además, una dificultad inédita para los educadores: distinguir qué parte de un trabajo fue realizada por el alumno y cuál por la inteligencia artificial.

“La IA puede generar textos completos, respuestas elaboradas y resúmenes en cuestión de segundos”, señala Jiménez Terán, quien insiste que el problema no se resolverá prohibiendo estas herramientas. Por el contrario, considera que deben formar parte de las propuestas pedagógicas. “El desafío es enseñarles a utilizarla para que aprendan más y mejor, sin desplazar el esfuerzo, la curiosidad y el pensamiento propio”, afirma.

En ese sentido, propone comenzar por la capacitación docente y avanzar luego hacia una integración progresiva de la IA dentro de las currículas escolares, acompañada por pautas claras de uso ético y responsable.

Otro de los puntos que más preocupa a la especialista es el sistema de evaluación. A su entender, los modelos tradicionales, centrados en la memorización y la reproducción de contenidos, ya no resultan suficientes en un contexto donde la información está disponible de manera inmediata.

Por eso cree que la escuela debería observar cada vez más cómo el estudiante explica sus ideas, cómo argumenta, cómo construye sus respuestas, cómo participa en clase y qué proceso sigue para llegar a una conclusión.

Desde esta perspectiva, el foco debería desplazarse del resultado final hacia el proceso de aprendizaje, una mirada que coincide con los aportes de las neurociencias.

Jiménez Terán insiste en que existen capacidades humanas que ninguna tecnología puede sustituir. La creatividad, la empatía, la comunicación, la reflexión, el pensamiento crítico y las habilidades socioemocionales continúan siendo competencias propias de las personas y constituyen, precisamente, los aspectos que la educación debería fortalecer.

El desafío es enseñar a usarla con pensamiento crítico

El debate actual no debe centrarse en si la Inteligencia Artificial (IA) debe estar o no en las escuelas, sino en cómo incorporarla de manera crítica y responsable dentro del sistema educativo. Así arranca  la psicopedagoga Mariana Dato, para quien la IA representa una oportunidad de aprendizaje personalizado, ajustado a las necesidades de cada estudiante.

“Puede convertirse en una herramienta valiosa para construir conocimientos y fortalecer los procesos de enseñanza y aprendizaje”, señala la especialista.  Sin embargo, advierte que la situación es más compleja cuando se la analiza dentro de un sistema educativo atravesado por profundas desigualdades. Según explica, la tecnología no siempre corrige esas brechas y, en algunos casos, puede ampliarlas.

“En un sistema educativo en crisis, la IA puede generar circuitos diferenciados de educación y reproducir sesgos que profundicen las desigualdades existentes entre los estudiantes”, sostiene.

Lejos de ser una posibilidad futura, la inteligencia artificial forma parte de la vida cotidiana de muchos adolescentes. Los estudiantes recurren a los chatbots para resolver ejercicios, resumir textos, elaborar trabajos prácticos o buscar explicaciones rápidas, detalla.

Para Dato, el problema no es el uso en sí mismo, sino el desconocimiento sobre cómo funcionan estas herramientas.

“Lo que es seguro es que ya la usan y muchas veces no saben lo que hacen. Lo veo incluso en mis propios hijos. Por eso es fundamental explicarles cómo funciona la IA, cómo se carga la información y qué son los sesgos”, afirma.

La especialista remarca que los estudiantes no deben asumir como verdades absolutas todas las respuestas que reciben de un chatbot. “La información que brinda la IA necesita ser contrastada, analizada y evaluada críticamente. No puede ser aceptada como una certeza simplemente porque aparece en una pantalla”, explica.

Cómo distinguir

Si un alumno presenta un trabajo impecable elaborado con ayuda de la IA, ¿cómo distinguir qué conocimientos le pertenecen realmente y cuáles fueron generados por un algoritmo?, le preguntamos.

Según Dato, la discusión obliga a replantear los modos tradicionales de evaluación. “No dudamos de las ventajas de la IA. El problema aparece cuando existe una delegación excesiva del pensamiento en el algoritmo. Un estudiante puede considerar que aquello que le arroja una búsqueda es una verdad indiscutible y dejar de involucrarse en la construcción del conocimiento”, advierte. Esa dependencia, sostiene, puede afectar capacidades esenciales para el aprendizaje.

“Cuando se abusa de respuestas automáticas, se debilitan procesos vinculados con la memoria, la atención y la creatividad. También se pierde la posibilidad de elaborar respuestas propias y desarrollar autonomía”, señala. Ante este escenario, la psicopedagoga considera que la escuela debe dar un paso adelante y asumir el desafío de enseñar IA de manera formal.

“Creo que la IA debería convertirse en una materia específica en el segundo ciclo de la educación primaria, cuando los alumnos ya leen, escriben y manejan tecnologías digitales. Además, debería trabajarse como un contenido transversal en todas las asignaturas de la escuela secundaria”, propone.

La especialista sostiene que no se trata de competir con la tecnología, sino de enseñar a comprenderla. “El desafío es entender cómo se construyen sus contenidos, reconocer los riesgos de los sesgos y aprender a utilizarla de manera crítica. Los estudiantes deben poder analizar, comparar, corregir y contrastar la información que reciben”, insiste.

En ese sentido, propone recuperar una mirada más cercana a los valores socráticos, donde el conocimiento no se limita a acumular información, sino que está vinculado con la reflexión, la virtud y la construcción de criterio propio.

La nueva grieta educativa: los docentes, entre la prohibición y la integración de la IA

La Inteligencia Artificial (IA) generativa no solo está transformando la forma en que estudian los alumnos: también está profundizando una nueva división dentro del mundo educativo. Así lo plantea el nuevo “Educator Guide: Redefining Formative Assessment in a Generative AI Era”, elaborado por Pearson, que analiza cómo reaccionan los docentes frente al avance de herramientas como ChatGPT dentro de las aulas.
Según Pearson, hoy conviven al menos cuatro perfiles distintos de educadores frente a la IA, en un contexto donde apenas el 54% de las escuelas y el 60% de las universidades cuentan con políticas formales sobre su uso.

El documento identifica cuatro grandes perfiles de educadores frente a la IA:

• Tradicionalistas: docentes completamente resistentes al uso de IA, que consideran que estas tecnologías representan una amenaza directa para el aprendizaje y el pensamiento crítico.

• Escépticos protectores: educadores preocupados por el impacto de la IA sobre la capacidad de razonamiento, la autonomía y el desarrollo de habilidades de los estudiantes.

• Exploradores cautelosos: docentes abiertos a experimentar con estas herramientas, aunque todavía con dudas sobre sus límites, riesgos y aplicaciones concretas.

• Innovadores proactivos: profesores que ya integran activamente IA en actividades, evaluaciones y dinámicas de clase, entendiéndola como una herramienta que puede complementar el aprendizaje y desarrollar habilidades necesarias para el futuro laboral.

“La inteligencia artificial funciona mejor en el aula cuando genera fricción y no cuando elimina el esfuerzo. Las actividades más valiosas son aquellas donde el trabajo cognitivo está en comparar, justificar, evaluar y reflexionar”, sostienen desde Pearson.

De acuerdo con el informe, el principal desafío ya no pasa por decidir si la IA debe estar presente o no en educación, sino por evitar que los estudiantes deleguen completamente el proceso de pensar. El concepto central del documento es el de “learning integrity”, una idea que apunta a garantizar que los alumnos sigan desarrollando comprensión, razonamiento y pensamiento crítico aun cuando utilicen herramientas de IA.

Temas Tucumán
Tamaño texto
Comentarios
Comentarios