12 Julio 2002 Seguir en 
"Estados Unidos es una potencia hegemónica en decadencia. Este enunciado -que vengo repitiendo por lo menos desde 1980- pretende ser analítico y no prescriptivo. He constatado que, a pesar de todo, provoca no sólo incredulidad, sino también enojo, y que semejante reacción se produce en todos los flancos del espectro político global.
La derecha considera que el postulado es falso, o bien lo admite como verdadero en la medida en que la superpotencia todavía no ha afirmado suficientemente su fuerza. Más aun, esta gente parece asumir que al expresar dicho análisis estoy manteniendo una posición derrotista que termina por autocumplirse. Estas personas presentan un extraño grado de confianza en el poder de la palabra, o al menos en la mía.
Personas de izquierda se muestran a menudo incrédulas y me dicen que es obvio que EE.UU. domina la escena mundial y que se impone en todo el mundo de un modo nefasto. Por lo tanto, ¿cómo puedo hablar de la decadencia del país? ¿No estoy entonces despistando a la gente que busca poner en marcha acciones significativas?
Finalmente, personas del centro parecen ofenderse ante la idea de que las iniciativas adecuadas e inteligentes de los gobernantes no remediarán -no podrían hacerlo- las limitaciones de los virtuosos actos de Estados Unidos.
¿Qué significa ser una potencia hegemónica? Significa que generalmente uno define las reglas del juego geopolítico y se sale con la suya casi siempre, simplemente mediante la presión política, sin tener que recurrir al uso de la fuerza activa. La historia de cómo uno llega a convertirse en una potencia hegemónica y por qué esa hegemonía nunca es duradera no es el tema que deseo estudiar aquí. El punto es más bien qué evidencia tengo de que la hegemonía de EE.UU. se desmorona.Obviamente, no voy a negar que EE.UU. constituye hoy en día la máxima potencia militar del mundo; sin duda seguirá siéndolo por lo menos en los próximos veinticinco años. Pero ya no es cierto que EE.UU. defina unilateralmente las reglas del juego geopolítico, ni que todo el tiempo se salga con la suya únicamente gracias a la presión política. La presente lucha contra Bin Laden no es el primer ejemplo de esta nueva realidad, sino sólo el más reciente...(...)...
En medio de la anarquía y el derrumbe que marcan la transición de nuestro sistema-mundo moderno hacia algo diferente, el modo en que EE.UU. -su gobierno, sus ciudadanos, sus grandes empresas- se comporte nos concierne a todos. A todos, en cualquier lugar, nos interesa obtener una respuesta inteligente, creativa y esperanzadora de EE.UU. a la crisis mundial en la que nos hallamos hoy en día. Pues EE.UU. sigue siendo, con todo, la potencia más fuerte, y aún conserva tradiciones y aspiraciones que valora y que según mucha gente -no sólo los estadounidenses- han aportado algo positivo a nuestro mundo.
La pelota está ahora del lado de EE.UU. Es muy fácil para los estadounidenses enfurecerse por la terrible destrucción de vidas humanas en las Torres Gemelas y sus consecuencias. Ya existe demasiada furia irracional en el mundo, aunque mucha de esta furia, para todos los bandos, tenga motivos justificados. No existen garantías algunas de que el mundo pueda navegar los próximos veinticinco o cincuenta años con un mínimo de violencia. Pero no debemos dejar de pensar en aquello que podría sacarnos del profundo pozo en el que nos encontramos actualmente".
La derecha considera que el postulado es falso, o bien lo admite como verdadero en la medida en que la superpotencia todavía no ha afirmado suficientemente su fuerza. Más aun, esta gente parece asumir que al expresar dicho análisis estoy manteniendo una posición derrotista que termina por autocumplirse. Estas personas presentan un extraño grado de confianza en el poder de la palabra, o al menos en la mía.
Personas de izquierda se muestran a menudo incrédulas y me dicen que es obvio que EE.UU. domina la escena mundial y que se impone en todo el mundo de un modo nefasto. Por lo tanto, ¿cómo puedo hablar de la decadencia del país? ¿No estoy entonces despistando a la gente que busca poner en marcha acciones significativas?
Finalmente, personas del centro parecen ofenderse ante la idea de que las iniciativas adecuadas e inteligentes de los gobernantes no remediarán -no podrían hacerlo- las limitaciones de los virtuosos actos de Estados Unidos.
¿Qué significa ser una potencia hegemónica? Significa que generalmente uno define las reglas del juego geopolítico y se sale con la suya casi siempre, simplemente mediante la presión política, sin tener que recurrir al uso de la fuerza activa. La historia de cómo uno llega a convertirse en una potencia hegemónica y por qué esa hegemonía nunca es duradera no es el tema que deseo estudiar aquí. El punto es más bien qué evidencia tengo de que la hegemonía de EE.UU. se desmorona.Obviamente, no voy a negar que EE.UU. constituye hoy en día la máxima potencia militar del mundo; sin duda seguirá siéndolo por lo menos en los próximos veinticinco años. Pero ya no es cierto que EE.UU. defina unilateralmente las reglas del juego geopolítico, ni que todo el tiempo se salga con la suya únicamente gracias a la presión política. La presente lucha contra Bin Laden no es el primer ejemplo de esta nueva realidad, sino sólo el más reciente...(...)...
En medio de la anarquía y el derrumbe que marcan la transición de nuestro sistema-mundo moderno hacia algo diferente, el modo en que EE.UU. -su gobierno, sus ciudadanos, sus grandes empresas- se comporte nos concierne a todos. A todos, en cualquier lugar, nos interesa obtener una respuesta inteligente, creativa y esperanzadora de EE.UU. a la crisis mundial en la que nos hallamos hoy en día. Pues EE.UU. sigue siendo, con todo, la potencia más fuerte, y aún conserva tradiciones y aspiraciones que valora y que según mucha gente -no sólo los estadounidenses- han aportado algo positivo a nuestro mundo.
La pelota está ahora del lado de EE.UU. Es muy fácil para los estadounidenses enfurecerse por la terrible destrucción de vidas humanas en las Torres Gemelas y sus consecuencias. Ya existe demasiada furia irracional en el mundo, aunque mucha de esta furia, para todos los bandos, tenga motivos justificados. No existen garantías algunas de que el mundo pueda navegar los próximos veinticinco o cincuenta años con un mínimo de violencia. Pero no debemos dejar de pensar en aquello que podría sacarnos del profundo pozo en el que nos encontramos actualmente".







