17 Mayo 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Nunca, ni en la más severas crisis de las muchas que atravesó el país, la Justicia ha sido tan acorralada como lo es en estas horas por la sociedad. Hasta el punto que el presidente de la Corte Suprema, Carlos Fayt, ha debido pedir racionalidad y que se confíe en los jueces. Ya no se trata de que Omar Chabán fuese bien o mal excarcelado, sino de que haya sectores de la sociedad que no confían en el sistema judicial, y de que las voces más importantes del Poder Ejecutivo sigan insistiendo públicamente en que huele a impunidad y el Presidente, inclusive, dé órdenes al procurador general para que actúe haciendo caso omiso del régimen de separación de poderes. Fayt ha pedido también a los medios que traten el problema con racionalidad, seguramente sabedor de lo que puede sobrevenir. Entretanto se presta muy poca o casi ninguna atención a los juristas de prestigio que denuncian lo que preocupa al titular de la Corte. Antes había sido la excarcelación de María Julia Alsogaray, sobre la que el gobierno salió también a descalificar a la Justicia, más no se pidió la intervención del procurado fiscal. Ahora, el temor parece haber llegado igualmente a la Casa Rosada y no solo a los magistrados que otorgaron la excarcelación de Chabán , cuyas excusaciones plantearon para "tranquilidad espiritual", después de que una puerta del tribunal fuera incendiada.
Lavagna y los 70
La presión sobre los jueces, inclusive del gobierno, preocupa en la cartera económica, porque incide sobre la seguridad jurídica con que se está observando la realidad argentina. Por lo demás, y paradójicamente, el Poder Ejecutivo se siente molesto cuando se afirma que, al fin y al cabo, se trata de la corriente garantista que los relevos de la Corte Suprema han suscitado en el Poder Judicial. Un juicio seguramente atrevido antes que consciente de la confusa realidad que la gente observa en sus poderes públicos. El escándalo cuyo fin no se advierte, dejó sin eco mayor, más allá de la recuperación bursátil, el fallo de la corte de apelaciones de Nueva York que posibilita el canje efectivo de bonos de la deuda, pero acaso pueda disimular unas declaraciones realmente importantes de Roberto Lavagna: no habrá aumentos generalizados, ni es momento "de dar más y más rápido a todo el mundo", descalificando el "nocivo populismo"que caracterizó a la década de los 70. El ministro se despachó sin límites aprovechando la tribuna del aniversario de la DAIA, después de que, en la semana anterior, los rumores sobre su despedida del gobierno corrieron con facilidad. Ese es también el pensamiento del presidente Kirchner, según se dijo en la cartera económica, a pesar del tiempo preelectoral. (De nuestra Sucursal)
Lavagna y los 70
La presión sobre los jueces, inclusive del gobierno, preocupa en la cartera económica, porque incide sobre la seguridad jurídica con que se está observando la realidad argentina. Por lo demás, y paradójicamente, el Poder Ejecutivo se siente molesto cuando se afirma que, al fin y al cabo, se trata de la corriente garantista que los relevos de la Corte Suprema han suscitado en el Poder Judicial. Un juicio seguramente atrevido antes que consciente de la confusa realidad que la gente observa en sus poderes públicos. El escándalo cuyo fin no se advierte, dejó sin eco mayor, más allá de la recuperación bursátil, el fallo de la corte de apelaciones de Nueva York que posibilita el canje efectivo de bonos de la deuda, pero acaso pueda disimular unas declaraciones realmente importantes de Roberto Lavagna: no habrá aumentos generalizados, ni es momento "de dar más y más rápido a todo el mundo", descalificando el "nocivo populismo"que caracterizó a la década de los 70. El ministro se despachó sin límites aprovechando la tribuna del aniversario de la DAIA, después de que, en la semana anterior, los rumores sobre su despedida del gobierno corrieron con facilidad. Ese es también el pensamiento del presidente Kirchner, según se dijo en la cartera económica, a pesar del tiempo preelectoral. (De nuestra Sucursal)




