“Cada mañana los chicos identifican cómo se sienten al comenzar el día y vuelven a hacerlo al finalizar la jornada”, contó Mabel Stojanovich, directora general del Colegio Las Colinas. Entre ambos momentos los estudiantes aprenden a observar cómo cambian sus estados de ánimo y qué situaciones influyen en ellos. Así se describió en “Encuentros LA GACETA Educación 2026”. Se destacó que los colegios y las escuelas ya no pueden ser concebidos simplemente como lugares donde un docente transmite conocimientos. Esta institución desarrolló espacios especialmente diseñados para que los estudiantes aprendan a trabajar con otros, a debatir ideas, a asumir responsabilidades y a construir proyectos colectivos.
Se trata de uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo, y uno de los tres grandes asuntos debatidos en el reciente Congreso provincial de Alfabetización. Allí más de 300 padres de alumnos concurrieron, algunos con sus hijos, a la mesa panel donde distintos especialistas ofrecieron herramientas para trabajar los temas que más preocupan: la convivencia escolar, el acoso escolar, la salud mental y el cuidado de los alumnos en situaciones complejas. Los padres pidieron escuelas más receptivas a las inquietudes de los padres, un Estado presente y más espacios de diálogo entre escuela y comunidad.
La especialista Agustina Cosentini explicó los distintos tipos de conflictos que se presentan en la escuela para comprender que “no todo conflicto es bullying” y poder enseñar a los niños a gestionar sus emociones de manera efectiva. Carina Kaplán, investigadora del Conicet, definió “las violencias en la escuela como un signo o expresión de un dolor social”. Propuso hacer “un contrapeso a ese dolor social”, a veces rescatando el valor de un simple “¿cómo te sentís?”. “La escuela puede transformar esos sentires si trabaja con las emociones. Tiene que ser una institución que deje huellas y no cicatrices”, dijo, y advirtió que “la cultura digital muchas veces produce estilos afectivos de odio y de crueldad. Las plataformas no son inocuas. Mi hipótesis es que estamos muy conectados con las máquinas y menos conectados al lazo humano”. Según la investigadora, mientras las redes sociales -bajo el anonimato y el humor- naturalizan la desacreditación y la violencia, la escuela debe erigirse como el espacio de resistencia para la reconstitución del lazo social, la solidaridad y la convivencia, “porque la escuela puede ser también una forma de felicidad colectiva”.
El congreso, en el que se trabajó sobre habilidades emocionales, fortalecimiento de la enseñanza de la lectura, la escritura, la oralidad y la matemática, y además la innovación tecnológica y la cultura digital, siguió las preocupaciones actuales que marcan el abordaje educativo, tanto desde la mirada de los educadores como de los padres, así como las inquietudes de los estudiantes. La Provincia los viene planteando, tanto con la ley 9.676 sobre educación emocional como con la apertura en febrero del Programa Nacional de Habilidades Socioemocionales, realizada en febrero en el Colegio del Huerto. Lo que debería venir es la aplicación de estas estrategias para ayudar en los desafíos emocionales. Como lo está haciendo el colegio Las Colinas, cuya experiencia conviene seguir de cerca.







