En una escuela técnica de Delfín Gallo, a pocos kilómetros de San Miguel de Tucumán, un docente lleva dos décadas convencido de que enseñar va mucho más allá de transmitir contenidos. Entre motores, circuitos, proyectos tecnológicos y largas horas de trabajo fuera del aula, Víctor Daniel Zanotta ha construido una trayectoria marcada por la convicción de ayudar a que sus alumnos descubran de qué son capaces. Y ese compromiso acaba de recibir un reconocimiento nacional.
El profesor de Operación y Mantenimiento de Equipos Electromecánicos de la escuela técnica Ingeniero Antonio María Correa fue seleccionado como semifinalista de la sexta edición del premio “Docentes que Inspiran”, una iniciativa que distingue a educadores por su impacto dentro y fuera de las aulas.
De más de 2.500 postulaciones de todo el país, un comité de la Fundación Varkey eligió a 24 docentes de 12 provincias argentinas. Entre ellos aparece Zanotta, único representante tucumano en esta instancia del certamen impulsado por Zurich y Clarín.
La noticia llegó como una sorpresa, aunque quienes conocen su trabajo afirman que es el resultado de años de esfuerzo sostenido. “Fue una felicidad enorme”, reconoce. “Uno viene trabajando hace mucho tiempo con los chicos, desarrollando proyectos tecnológicos e innovadores que tuvieron reconocimiento nacional. Pero lo que más orgullo me genera es ver dónde están hoy esos alumnos”, cuenta.
Es allí donde, según él, se mide el verdadero alcance de la tarea docente. Muchos de los jóvenes que pasaron por sus proyectos continúan estudios universitarios, algunos con becas. Otros le escriben para contarle que aprobaron una materia difícil o comparten fotografías de sus primeros pasos en la facultad.
“Cuando veo que están estudiando o que avanzan en sus carreras me emociono mucho. Saber que uno tuvo algo que ver en ese camino es una enorme satisfacción”, dice.
Aprender para enseñar
En tiempos en que la tecnología transforma constantemente la manera de aprender, Zanotta considera que el principal desafío es no quedarse quieto.
“El docente tiene que capacitarse todos los días. No alcanza con tener un título. Hay que actualizarse en lo académico y también en lo pedagógico para encontrar la manera de llegar a los alumnos”, sostiene.
Para él, la clave está en adaptarse a las nuevas generaciones sin perder de vista el objetivo central: despertar interés y generar oportunidades. “Ellos nacieron rodeados de tecnología. Por eso tenemos que buscar estrategias que les resulten atractivas, que disfruten aprender y encuentren sentido en lo que hacen”, explica.
Ese enfoque se refleja en los proyectos que desarrolla junto a sus estudiantes. En los últimos años impulsaron iniciativas que recibieron reconocimiento nacional, como “Rugen” (Ruta Generadora de Energía), un sistema capaz de producir electricidad a partir del movimiento de los vehículos; Electroambiental, un dispositivo que detecta contaminación y envía alertas mediante WhatsApp; y Ecoturbina Dual, una propuesta que permite generar energía eléctrica y agua potable de manera simultánea.
Detrás de cada invento la lógica radica en identificar problemas reales y buscar soluciones concretas. “Muchas veces son los propios alumnos quienes detectan una necesidad en la comunidad. A partir de ahí investigamos juntos. Yo también aprendo durante ese proceso. Me considero un estudiante más”, reconoce.
Apuesta a la autoestima
La Escuela Técnica Ingeniero Antonio María Correa cuenta actualmente con 751 estudiantes. Está ubicada en Delfín Gallo, una comunidad cercana a la capital tucumana pero cuyos jóvenes, según describe Zanotta, muchas veces sienten que viven lejos de las oportunidades.
Por eso, además de enseñar contenidos técnicos, gran parte del trabajo consiste en fortalecer la confianza de los chicos. “Hay alumnos que creen que por ser del interior no pueden lograr grandes cosas. Nosotros tratamos de demostrarles lo contrario, de ayudarlos a descubrir que son capaces de alcanzar metas importantes”, señala.
Ese acompañamiento cotidiano es, para él, una de las responsabilidades más importantes de la docencia. Incluso considera que los aprendizajes más valiosos suelen producirse fuera de los programas y las planificaciones.
“Para generar un impacto real hace falta algo más. Hay que dedicar tiempo extra, pensar proyectos, acompañarlos. Eso nace del amor por la docencia”, afirma.
Reconocimiento
La ministra de Educación de Tucumán, Susana Montaldo, se sumó a la celebración de la distinción obtenida por Zanotta y destacó que su figura representa a muchos educadores que trabajan silenciosamente en toda la provincia.
“En la persona de él reconocemos a tantos docentes de la provincia que trabajan para que tengamos una provincia mejor y para abrir posibilidades de futuro a nuestros jóvenes”, dijo.
La funcionaria remarcó además el valor que tiene el estímulo de un maestro en la vida de los estudiantes. “Nos enorgullece que represente a Tucumán como un docente que inspira a seguir trabajando, a estudiar y que es muy creativo. Los docentes tenemos que renovar esa vocación que hemos sentido en un determinado momento y por la que elegimos esta carrera. Muchos niños y jóvenes dependen de que los estimulemos, porque el estímulo de un docente muchas veces marca el futuro de la vida de un niño o de un joven”, afirmó.
Si, como sostuvo la ministra, el estímulo de un docente puede marcar el futuro de un niño o de un joven, la trayectoria de Zanotta parece confirmar esa idea. Durante dos décadas eligió enseñar, acompañar y desafiar a sus alumnos a creer en sus propias capacidades. El reconocimiento nacional llegó ahora, pero la huella de ese trabajo comenzó a construirse mucho antes, en cada aula, en cada proyecto compartido y en los que vendrán.










