La oportunidad de honrar a Belgrano como se merece

Hace 5 Hs

Los argentinos solemos caer en la tentación de buscar ganadores y perdedores en prácticamente todos los ámbitos: ¿Lionel Messi fue mejor que Diego Maradona? ¿Las empanadas tucumanas son mejores que las salteñas? Estos pueden ser dos ejemplos de dicotomías triviales que ocupan conversaciones con frecuencia. La práctica llega también al campo de lo simbólico: hace algunos años, un programa de televisión propuso definir al argentino más importante de la historia. Ganó José de San Martín, luego de una serie de eliminatorias en las que compitieron por el voto del público Juan Manuel Fangio, Manuel Belgrano y el mismísimo Maradona, entre otros. Más allá de aquel entretenimiento televisivo, el recuerdo de los próceres es un tema sobre el que conviene discurrir. Y qué mejor que hacerlo hoy, día en el que recordamos la muerte de aquel abogado porteño que triunfó en las batallas de Tucumán y de Salta.

El caso de Manuel Belgrano es curioso. A diferencia de otros hombres prominentes de la historia argentina, no posee un día realmente propio, sino que en la fecha de su muerte lo que en realidad celebramos es la creación de la enseña nacional. Y si bien es indisoluble el vínculo entre el prócer y su creación, da la impresión de que su vasto legado queda opacado por el brillo de la bandera.

El vínculo con Tucumán es central en la vida de Belgrano. Además del triunfo militar en el Campo de las Carreras en 1812, que salvó la Revolución de Mayo, atravesó diversas vivencias intensas en estas tierras: tuvo la posibilidad de influir sobre el Congreso de 1816 que declaró la independencia, alternó con la sociedad vernácula, quedó envuelto en cuestiones asociadas a la política local, como la asonada de Abraham, González (mediante la cual Bernabé Aráoz se hizo con el gobierno de la provincia tras deponer a Feliciano de la Mota Botello y de la cual fue víctima), e inclusive tuvo una hija, Manuela Mónica del Corazón de Jesús.

Si bien existen algunos monumentos que recuerdan su paso por esta ciudad, es difícil encontrar el rastro belgraniano en San Miguel de Tucumán. Es cierto que una plaza importante de Barrio Sur lleva su nombre y luce su estatua, pero ¿cuántos tucumanos saben fehacientemente que en esa zona de la ciudad, las tropas criollas lideradas por el abogado porteño vencieron a las realistas de Pío Tristán? ¿Qué hay hoy en los lugares que frecuentó? Por ejemplo, el hogar de la familia Aráoz o el de los Helguero (los padre de Dolores, la mujer de la que se enamoró y que fue la madre de Manuela Mónica). A pocos metros de la plaza Belgrano se levanta una casa que, según la Municipalidad (se hizo en tiempos de Domingo Amaya como intendente) replica la que habitó el prócer. Pero una visita alcanza para advertir lo limitado de la experiencia que propone ¿Con quiénes se vinculaba? ¿A qué templos asistía? ¿Qué salones visitaba? ¿Qué significa el obelisco que mandó a levantar en la plaza que lleva su nombre y que aún se mantiene en su lugar? ¿Cuántas personas saben que fue una iniciativa suya?

Creemos que San Miguel de Tucumán posee todas las cualidades para convertirse en la ciudad belgraniana por excelencia. Pero da la impresión de que a pocos les interesa. Tal vez, el ejemplo de Salta con Martín Miguel de Güemes puede servir como inspiración y como un disparador de ideas.

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