Aprender a convivir: cómo las escuelas se reinventan para enseñar

Referentes de los colegios Las Colinas y Kinder-Colegio del Sol compartieron experiencias que ponen el foco en habilidades sociales y en la construcción de vínculos para afrontar los desafíos del futuro.

Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • Referentes educativos argentinos debatieron en el foro de La Gaceta cómo las escuelas se reinventan hoy para enseñar habilidades socioemocionales y afrontar retos futuros.
  • Ante la hiperconectividad, colegios como Las Colinas y Del Sol aplican educación emocional, proyectos sustentables con familias y pautas éticas para el uso de la IA.
  • Estas metodologías preparan a los alumnos ante la frustración y la tecnología, redefiniendo el rol docente hacia el fomento del pensamiento crítico y la honestidad intelectual.
Resumen generado con IA

Durante mucho tiempo se pensó que la función principal de la escuela era transmitir conocimientos. Matemática, Lengua, Ciencias. Aprender, rendir exámenes y avanzar de curso. Pero hoy además de enseñar contenidos, muchas instituciones enfrentan otro desafío: ayudar a los chicos a relacionarse, a gestionar emociones, a resolver conflictos y a encontrar su lugar dentro de una comunidad.

En un contexto atravesado por las pantallas, la hiperconectividad y los cambios en las formas de vincularse, la escuela comienza a recuperar un papel que va mucho más allá del aprendizaje académico.

Ese fue uno de los temas que atravesó el panel "Escuelas que se adaptan a una nueva realidad", de Encuentros La Gaceta Educación 2026, donde representantes de los colegios Las Colinas y Kinder-Colegio del Sol compartieron experiencias relacionadas con la convivencia dentro y fuera de las aulas.

El aula como laboratorio social

Mabel Stojanovich, directora general del Colegio Las Colinas, destacó que los colegios y las escuelas ya no pueden ser concebidas simplemente como espacios donde un docente transmite conocimientos.

La institución desarrolló espacios especialmente diseñados para que los estudiantes aprendan a trabajar con otros, a debatir ideas, a asumir responsabilidades y a construir proyectos colectivos.

Uno de ellos es una sala empresarial utilizada por alumnos de los últimos años del secundario. Allí trabajan en equipo, desarrollan emprendimientos, discuten propuestas y ensayan dinámicas similares a las que encontrarán más adelante en el mundo laboral.

Detrás de ese diseño hay una convicción más profunda: "La socialización es uno de nuestros pilares", señaló.

EMOCIONES. Mabel Stojanovich contó que la educación emocional es primordial en Las Colinas. LA GACETA/ Foto de Osvaldo Ripoll EMOCIONES. Mabel Stojanovich contó que la educación emocional es primordial en Las Colinas. LA GACETA/ Foto de Osvaldo Ripoll

Por eso también impulsan programas de anfitriones para integrar a nuevos compañeros y proyectos de mediación escolar donde los estudiantes aprenden que los conflictos no se evitan, sino que se enfrentan y se resuelven.

La formación emocional ocupa un lugar cada vez más importante dentro de las aulas. En Las Colinas implementan el método Ruler, una herramienta que ayuda a los estudiantes a reconocer y gestionar sus emociones.

“Cada mañana los chicos identifican cómo se sienten al comenzar el día y vuelven a hacerlo al finalizar la jornada”, contó Stojanovich. Entre ambos momentos aprenden a observar cómo cambian sus estados de ánimo y qué situaciones influyen en ellos.

La propuesta busca desarrollar una habilidad que muchas veces queda fuera de los programas tradicionales: comprender las propias emociones para poder relacionarse mejor con los demás.

Comunidad que empieza en el patio

En el Colegio Kinder y Colegio del Sol la apuesta pasa por otro camino, aunque persigue un objetivo similar: fortalecer el sentido de comunidad. La educación ambiental funciona allí como una herramienta para construir vínculos entre estudiantes, docentes y familias.

Desde los primeros años, los chicos participan en proyectos de reciclaje, elaboración de ecoladrillos y compostaje. Pero el aprendizaje no termina cuando salen del aula.

Las actividades continúan en sus hogares y requieren la participación activa de madres, padres y hermanos. "Nosotros consideramos que somos un equipo con las familias", detalló Matías Giori, apoderado de la institución.

ECOLOGÍA. Matías Giori contó como en el Colegio Kinder y El Sol, apuestan por una educación medioambiental. LA GACETA/ Foto de Osvaldo Ripoll ECOLOGÍA. Matías Giori contó como en el Colegio Kinder y El Sol, apuestan por una educación medioambiental. LA GACETA/ Foto de Osvaldo Ripoll

La escuela funciona incluso como punto verde para el barrio. Las familias pueden acercar materiales reciclables y participar de iniciativas ambientales que involucran a toda la comunidad educativa.

Aprender a frustrarse

Hay una competencia que ambos referentes destacaron como indispensable para el futuro del niño y del jóven: la capacidad de enfrentar la frustración.

Giori advirtió que muchos chicos crecen en una cultura de la inmediatez, donde los resultados parecen llegar de forma instantánea. “Consideramos fundamental enseñarles que el esfuerzo no siempre garantiza éxito inmediato y que equivocarse forma parte del aprendizaje”, sostuvo.

La clave, explicó, está en desarrollar la capacidad de dialogar, buscar soluciones y sostener relaciones respetuosas incluso cuando las cosas no salen como se esperaba.

Además, las transformaciones sociales también obligan a repensar el uso de la tecnología. Ambas instituciones reconocieron que los celulares y las pantallas generan desafíos crecientes para la atención y la convivencia escolar.

Por eso implementan distintas estrategias para limitar su uso durante las clases y favorecer los intercambios presenciales.

Giori también habló de la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la educación. El desafío, según dijo, ya no pasa por prohibir estas herramientas, sino por aprender a utilizarlas de manera responsable y crítica dentro del ámbito escolar.

"Creo que la inteligencia artificial es una herramienta muy poderosa que todavía va a mejorar mucho, y la escuela tiene que adaptarse a esa herramienta y darle la posibilidad a los chicos de usarla", sostiene. Desde su perspectiva, el rol de los docentes también debe evolucionar. En lugar de diseñar actividades que busquen evitar el uso de la IA, considera que las consignas deben adaptarse para que los estudiantes puedan resolverlas con el apoyo de estas tecnologías, integrándolas al proceso de aprendizaje.

Sin embargo, advierte que el uso de la inteligencia artificial debe estar acompañado por un fuerte compromiso con la honestidad académica. Por eso propone que los alumnos expliciten de qué manera utilizaron la herramienta en sus trabajos. "Lo que yo les pido es un contrato de honestidad intelectual. Los chicos tienen que indicar qué partes resolvieron con inteligencia artificial, qué fue lo que le solicitaron y cuál fue el análisis o la corrección que ellos realizaron sobre la información obtenida", explica.

Giori remarca que la IA no es infalible y que, precisamente por eso, resulta fundamental desarrollar el pensamiento crítico de los estudiantes. "La inteligencia artificial no es una herramienta perfecta, comete muchos errores. Es importante crear en los chicos el criterio de comparar fuentes", afirma. "No tienen que quedarse solamente con lo que les dice la inteligencia artificial, sino leer en otros lados y desarrollar el criterio necesario para corregir o validar la información que reciben", concluye.


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