Las letras -particularmente, las argentinas- están de duelo. El viernes falleció la escritora María Granata, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), donde había vivido las últimas tres décadas junto a su familia. Sus restos fueron despedidos durante la mañana de ayer en el cementerio de la Chacarita.
Tenía 105 años. Había nacido el 3 de septiembre de 1920 -no en 1923, como se consigna en algunos diccionarios de literatura, en biografías y en sitios de internet- en el barrio porteño de Balvanera.
Durante muchos años residió en la localidad bonaerense de San Vicente, antes de instalarse definitivamente en la CABA. “Se fue apagando de a poco, sin ninguna enfermedad, sin tomar ningún medicamento. Los últimos dos años estaba postrada en su cama y a los 103 dictó sus últimos poemas”, contó su hijo Rafael Prieto.
Su marido fue el político y también escritor Ramón Prieto. La sobrevive un nieto, Agustín. “A pesar de sufrir muchas omisiones y ocultamientos, siempre se sintió agradecida por el reconocimiento de su obra por parte de los lectores -agregó su hijo-. Y nunca dejó de escribir y de producir”.
Hija de un médico italiano que la acercó a la obra de Giacomo Leopardi, Granata comenzó a escribir durante su infancia. Al principio se dedicó exclusivamente a la poesía. Su primer libro, Umbral de tierra, se publicó en 1942, en Ediciones Conducta del Teatro del Pueblo. Recibió el segundo premio de la entonces Municipalidad de Buenos Aires, y también ganó el certamen de la Sociedad Argentina de Escritores, que en 1987 le concedería el Gran Premio de Honor.
Generación del 40
Junto a Olga Orozco, a Enrique Molina y a Alberto Girri fue una de las voces destacadas de la Generación del 40. Transitó del verso medido al libre; pero mantuvo siempre un lirismo elegíaco; a veces oscuro, orientado tanto a lo subjetivo como a lo social.
En 1946 publicó Muerte del adolescente; en 1952, Corazón cavado, y en 1966, Color humano, reunidos luego en una antología poética de 1978. Su producción poética abarcó décadas y resistió los vaivenes de una vida atravesada por la política, el exilio interno y los silencios forzados que la historia argentina impuso a quienes, como ella, no ocultaron sus convicciones.
El salto hacia la narrativa llegaría en 1971, con Los viernes de la eternidad, novela de “aparecidos” que se convirtió en un best seller del realismo fantástico, con más de 25.000 ejemplares vendidos. La obra mereció el Premio Nacional de Letras y el Premio Emecé. Y una década después fue llevada al cine por Héctor Olivera, con Héctor Alterio, Thelma Biral y Susana Campos en los papeles protagónicos.
El año pasado, la editorial cordobesa Eduvim la reeditó con prólogo del escritor y profesor Miguel Vitagliano. “Cuanto María Granata escribió orientado a la política y a la literatura estaba integrado a su proyecto intelectual. No fueron caminos aislados; en uno tentaba las verdades que imaginaba en el otro. Es más; su participación en el peronismo desde el principio estuvo signada por la escritura”, sostuvo Vitagliano.
A esa novela le siguieron Los tumultos -Premio Strega en la Argentina en 1974-, El jubiloso exterminio y El diluvio y la guerra, entre otras. También escribió decenas de libros para chicos y para adolescentes, un terreno que cultivó con la misma dedicación que la poesía o la narrativa para adultos. En 2006 obtuvo un reconocimiento de la Fundación Konex; y en 2007, el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía.
Compromiso político
Su trayectoria estuvo marcada también por un intenso compromiso político. Adhirió al peronismo, integró la Peña de Poetas Eva Perón y fundó el Sindicato de Escritores de la Argentina. Colaboró en el diario La Prensa y en la revista Mundo Peronista, y escribió ensayos como La mujer y la poesía, La mujer en la gesta heroica del 17 de octubre y Pueblo y peronismo.
Ese posicionamiento político restringió más tarde su circulación. “Como también pasó con Aurora Venturini, con Nira Etchenique y con Libertad Demitrópulos, por nombrar a escritoras que declararon su filiación política al peronismo”, subrayó la escritora María Teresa Andruetto.
A esos factores se sumaron otros: el hecho de haber escrito literatura infantil y el lugar que la crítica reservaba históricamente a las escritoras mujeres, catalogadas como “sentimentales” y marginadas del canon. Desde la colección Narradoras Argentinas de Eduvim, Andruetto y Vitagliano intentaron revisar ese olvido con la reedición de su obra mayor.
En 2024, el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires realizó un valioso rescate de sus textos de no ficción en tres tomos digitales: uno de entrevistas, otro de escritos políticos y otro de textos para la prensa.
Casi todos los géneros
La escritora Gabriela Borrelli Azara, que tiene previsto escribir una biografía de Granata, la definió con una imagen precisa: “Una obra que va desde la explosión poética de la década de 1940 hasta bien entrado el siglo XXI, y que pasó por casi todos los géneros: poesía, ensayo, literatura infantil, cuentos y novelas. Granata es la representación de una vida dedicada intensamente a la escritura y a la imaginación, y también a un optimismo a prueba de balas, literalmente. Una mujer que pasó por dictaduras, por invisibilidades, por escrituras clandestinas y siempre siguió escribiendo”.
Borrelli Azara cerró con una imagen que condensa muy bien el espíritu de quien soñaba, según sus propios escritos autobiográficos, con ser eterna: “Me la imagino despidiéndose sonriente”.









